12 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Señores de la Corte Suprema y Consejo de Estado: ¡Por favor, salven este país!

4 de abril de 2014
4 de abril de 2014

En la década de los años 60’s fue elegido a la Cámara de Representantes el doctor Alfonso Vásquez Jiménez, por la circunscripción de Caldas. Con motivo de esa elección un lamberico conocido de él le manifestó: ¡Doctor, lo felicito por ese gran honor!, a lo que Vásquez le respondió, no mijo, el honor más grande que me ha deparado la vida fue el día que me designaron Juez de la República. ¡O tempora! ¡O mores! ¡Qué tiempos! ¡Qué costumbres! Exclamación con que Cicerón se lamenta de la perversidad de sus contemporáneos (sic) (diccionario Larousse).

En épocas pretéritas  se sentía plena tranquilidad y seguridad hacia los operadores judiciales, situación que hoy en día no se da, y en ciertas ocasiones nos invade la desconfianza y recordamos con nostalgia que “todo tiempo pasado fue mejor”; cómo no recordar esas épocas en las que se administraba una justicia cristalina, imparcial y con equidad desde el pináculo del tribunal supremo hasta el más humilde juzgado promiscuo municipal, cuando se proferían Jurisprudencias en puro Derecho y Sentencias impecables sustanciadas por un Reyes Echandía, un Medellín Forero, un Gaona Cruz, un Gnecco Correa o de Fanny González Franco, y de otros tantos más que fueron inmolados entre el 6 y 7 de Noviembre de 1985, en la incursión al Palacio de Justicia por el M-19-, y en la retoma del mismo por parte de las Fuerzas Armadas.

La estabilidad institucional, así como también, la convivencia pacífica y armónica de una sociedad descansan en una diáfana, segura y pronta administración de justicia, jamás en una justicia endeble, politizada, polarizada y selectiva como la que venimos constatando y padeciendo desde hace unos diez años hasta el día de hoy, por los desafueros, la desidia y unas decisiones non sanctas por parte de una mayoría calificada de los miembros de las altas cortes,  lo que indefectiblemente conduce a la impunidad siendo un excelente caldo de cultivo de  la asfixiante corrupción que nos azota, cobrando así  gran vigencia el viejo refrán que reza: “la justicia es para los de ruana” .

Es ostensible, hoy en día, la mengua o pérdida de los valores morales, éticos y jurídicos en una mayoría considerable de los miembros de las altas cortes, afirmación que se corrobora, inequívocamente, habida cuenta  de sus constantes tumbos en los que han  incurrido, tales como: la dificultad para elegirse entre ellos mismos; los tropiezos en la elección de funcionarios y candidatos; la aquiescencia y/o silencio en ciertas prerrogativas en proyecto de la fallida reforma constitucional de la justicia;  jurisprudencia, si así se le puede llamar, que da trato preferencial a parlamentarios al momento de tasar la sanción punitiva en delitos comunes (violatorio del Derecho a la Igualdad); cambio intempestivo de jurisprudencia que permitía la captura antes de la indagatoria para los delitos de lavado de activos y paramilitarismo; el inexplicable cambio de jurisprudencia respecto de la extradición de ‘paracos; carrusel de las pensiones; el innecesario y vergonzoso turismo internacional,…y es mejor no seguir.

Tenemos el mejor Congreso que el dinero pueda comprar, con una mayoría de parlamentarios proclives a la corrupción en todas sus manifestaciones y, lo aberrante, muchos siguen siendo un apoyo incondicional a la prolongación del paramilitarismo a través de las ‘bacrim’, y este malabarismo  clientelista y delictivo es notorio y conocido no solo por la comunidad, sino por el Consejo de Estado en lo que toca con la pérdida de investidura y, respecto, a lo penal por la Corte Suprema quienes se hacen los de la ‘oreja mocha’ y la ‘vista gorda’ y callan e imparten una oprobiosa justicia selectiva a cuenta de retribuciones y favores burocráticos (tú me eliges, yo te elijo, tú me investigas, yo te investigo).  

Se ha sostenido hasta la saciedad que la justicia debe de ser “pronta”, ya que “tiempo que pasa es la verdad que huye”, o sea, que si no se llega pronto a establecer la responsabilidad del hecho jamás se conocerá la verdad, y esto es simple y llanamente una impunidad. Es por ello, que causa incertidumbre, inseguridad y desasosiego el actuar desidioso, irresponsable y, casi, de encubrimiento de algunos magistrados de la Corte y del Consejo de Estado con relación a investigaciones que adelantan contra varios Congresistas por diversos delitos, inhabilidades e incompatibilidades y que son objeto de unas dilaciones inexplicables y sin ninguna justificación, además, a sabiendas de que el foco o nido de corrupción más grande del país se encuentra en el flamante Capitolio nacional y cuyo olor nidoroso es inconfundible.

En estos procesos, la responsabilidad de los actores es notoria y probada a todas luces, siendo bien reconocida su proclividad a toda clase de tráfico de influencias y a un variopinto de delitos abominables y macabros (paramilitarismo) hasta unos de poca monta o  menos graves (ratería), y que estos altos operadores judiciales con pleno conocimiento y convencimiento de la participación dolosa de cada uno de ellos, acorde con las reglas de la sana crítica y las pruebas, procuran por todos los medios un favorecimiento selectivo llevando los expedientes (procesos) a los anaqueles para su sueño profundo, lo que ha causado un malestar general habida cuenta de que estos “crisoles” son los encargados de expedir las leyes.

Deja mucho que desear la lentitud con la que se manejan estas investigaciones y sus decisiones, lo que da pie para que estos personajes busquen su reelección y se atornillen en esa sinecura.

¿Qué pasó con la investigación de los conciliadores de la fallida reforma a la Justica, donde no solo hay un conflicto de intereses sino una falsedad garrafal? Ellos son, y siguen orondos esperando otra oportunidad para delinquir: Jesús Ignacio García, Eduardo Enríquez Maya, Juan Carlos Restrepo, Juan Manuel Corzo, Luis Fernando Duque y Martín Emilio Morales y  Alejandro Carlos Chacón Camargo, Germán Varón Cotrino, Carlos Edward Osorio, Gustavo Puentes Díaz, Orlando Velandia Sepúlveda y Roosvelt Rodríguez Rengifo.

Se expoliaron la Dirección Nacional de Estupefacientes, y nada ha pasado: Álvaro Asthon, Miriam Paredes, Eduardo Enríquez Maya, Hernán Andrade, Óscar Fernando Brazo.

¿Y qué tal el tráfico de influencias de Roy Barreras en el sector salud, y el de Hernán Andrade para que se robaran a Cajanal?

Què ha pasado con los incursos en la parapolítica: Musa Besaile Fayad, Lidio García, Oscar Mauricio Lizcano Arango “Lizcanito, como le dice su amigo Narco Pate Muro (éste es el más perverso y peligroso de todos, está enredado con paras y con Narcos), Jaime Alonso Zuluaga Aristizábal, Hernán Penagos Giraldo (este proceso tiene Auto Inhibitorio- radicado 36164 C.S.de J., está pendiente de la suerte del proceso 314 – Concierto para Delinquir- Fiscalía 25 Unidad Antiterrorismo contra dos ex Alcaldes).

Y los que tienen nexos comprometedores: Yamina del Carmen Pestana Rojas, José Alfredo Gnecco, Roosvelt Rodriguez, Andrés Felipe García Zuccardi, Olga Suarez Mira, Sammy Merheg, Nadya Blel, Dayra Galvis, Rosmery Martinez, Ciro Alejandro Ramirez, Juan Felipe Lemos, Mauricio Aguilar, Antonio José Correa, Doris Clemencia Vega.

¡Y qué tal esto! María del Socorro Bustamante, se hizo un tratamiento de pigmentación y despertó con credencial de Senadora.

Si la Corte Suprema y el Consejo de Estado no se apersonan de este problema y salvan este país, es seguro de que vuelvan los paracos a colgar sus nidos en la Casa donde duerme la democracia.

Apostilla:
Consideré que lo ideal y armónico era, sin intermediarios, un acercamiento con el Presidente de la Cámara, a fin de aclarar algunas situaciones graves, pero resultó fallida. ¿A qué le temerá este crisol de hombre público? En un próximo artículo me referiré a las situaciones graves a tratar, así, como también, al stand by del proceso 36164 Corte Suprema  y a su “brillante” y publicitado curriculum, con especial énfasis en sus asesorías.

Manizales, marzo 28 de 2014.