7 de octubre de 2022
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Los 85 años de Gabriel García Márquez

18 de abril de 2014
18 de abril de 2014

El novelista nacido en Aracataca llega a esta edad en medio del reconocimiento nacional. Todo porque hasta ahora es el único colombiano universal, el único Premio Nobel que ha tenido Colombia, el único escritor que ha podido disfrutar la gloria en vida, el único colombiano inmortal. Todo esto por haber escrito la segunda novela más importante de la lengua española después de El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra.

El cumpleaños 85 de Gabriel García Márquez es una oportunidad para hablar sobre su obra literaria. Sobre todo porque este año se celebran cuatro fechas importantes  en la vida del creador de Macondo: 85 años de su nacimiento, 65 de la publicación de su primer cuento, 45 de la aparición de “Cien años de soledad” y 30 de haber recibido el Premio Nobel de literatura. García Márquez nació el 6 de marzo de 1927, publicó su primer cuento en El Espectador en 1947, su novela cumbre vio la luz pública el 30 de mayo de 1967 y el Rey Carlos Gustavo de Suecia le entregó el galardón universal de las letras el 10 de diciembre de 1982. Son, pues, cuatro celebraciones importantes en la vida del hijo del telegrafista de Aracataca.

El pálpito de escribir “Cien años de soledad” le llegó a Gabriel García Márquez la tarde del domingo 19 de febrero de 1950 cuando acompañaba a su madre, Luisa Santiaga Márquez Iguarán, en un viaje a Aracataca para vender la casa de los abuelos. Pero la epifanía lo asaltó una tarde del mes de junio de 1965 cuando, con su familia, se desplazaba en su pequeño vehículo marca Opel por la carretera que de Ciudad de México conduce al balneario de Acapulco. Inmediatamente se devolvió para encerrarse durante 18 meses en su casa con el fin de darle forma a ese mundo maravilloso que llenaba su mente. Mercedes Barcha, su esposa, tomó las riendas del hogar mientras el escritor le daba forma a su obra monumental.

¿De dónde salió el nombre de Macondo? Gabriel García Márquez dice que lo vio escrito en una tablilla a la entrada de una hacienda que antes había sido de la compañía bananera. Lo descubrió desde la ventanilla del tren cuando se dirigía a Aracataca acompañando a su madre ese 19 de febrero de 1950. Fue cuando se le vino a la mente ponerle ese nombre al espacio geográfico de esa novela que desde entonces empezó a darle vueltas en la cabeza. El escritor no sabía que era el nombre de un árbol de tronco redondo que alcanzaba hasta cuarenta metros de altura, descubierto por Humboldt en 1801 en los alrededores de Turbaco. Tampoco sabía que era el nombre que le daban a una tribu milenaria en Tanganika.

¿Por qué razón la historia del coronel Aureliano Buendía conquistó el mundo? Las explicaciones pueden ser varias. Van desde la magia que adorna la narración hecha por García Márquez sobre un hombre que participó en 32 enfrentamientos armados y los perdió todos, hasta la limpidez de un estilo literario que muestra a un escritor respetuoso del idioma. Pero, sobre todo, porque “Cien años de soledad” condensa en una prosa maravillosa parte de la historia de Colombia, narrada en un lenguaje exquisito. No es lo mismo leer lo que pasó durante la Guerra de los Mil Días en un aburrido texto de historia que en una novela estructuralmente bien lograda como la que escribió a los cuarenta años de edad Gabriel García Márquez. La magia de la narración cautiva al lector.

Pocos escritores han logrado las cifras de ventas que ha alcanzado Gabriel García Márquez. “Cien años de soledad”, su novela cumbre, ha sido traducida a más de 30 idiomas. Además, el número de ejemplares vendidos superó ya los 40 millones. Sobre ella se han escrito cientos de ensayos interpretativos. Y la bibliografía sobre su autor crece cada día. Ni siquiera sus maestros, esos escritores que le enseñaron a narrar, como William Faulkner, Virginia Wolf y Franz Kafka, han alcanzado las cifras monumentales del colombiano. De las tres novelas más importantes que ha producido la literatura colombiana, “Cien años de soledad” es la única con ventas millonarias. “María”, de Jorge Isaacs y “La Vorágine”, de José Eustasio Rivera, no alcanzaron su trascendencia.