20 de mayo de 2022
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Hasta el cementerio nada más

28 de abril de 2014

Es lo que le va a suceder a la candidata conservadora a la presidencia, Marta Lucía Ramírez, que llegará hasta la portada del campo santo, para peor, con un lánguido desfile de acompañantes.

Los datos de la más reciente encuesta de Datexco la muestran, no solo en el último lugar, sino con cifras cada vez peores.  Acomodando a su situación una afortunada frase pronunciada alguna vez por Rodrigo Marín Bernal, la candidata azul “está perdiendo desprestigio”.

Se le conocía a la Ramírez como ”la inamovible del 10%”, pero Datexco en su último muestreo apenas le pone un precario 7.2% de intención de voto.

Irrisoria cifra que desinfló por completo a quienes no quieren ver a Santos reelegido, pero por el contrario envalentonó y les dio mayores argumentos a aquellos copartidarios de la Ramírez que están cómodos y felices en la llamada Unidad Nacional.

¿ CÓMO SE HACEN ?

Estas encuestas que aparecen cada cierto tiempo para darles gusto a aquellos que a pie juntillas creen en ellas y se solazan haciendo sumas y restas para poner a ganar su candidato preferido, tienen sus más y sus menos.

En los últimos tiempos ninguna de ellas ha acertado a cabalidad y sobre todas se tejen suposiciones y dudas, y se trae a la memoria la frase de Alvaro Gómez Hurtado en el sentido de que como la morcilla, una encuesta puede ser buena pero nadie sabe cómo se hace.

Algunos sostienen la teoría de que ellas siempre favorecen a quien las encarga, aunque justo es decir que en Colombia hay firmas de firmas, y algunas tienen más credibilidad y respetabilidad que otras.

Sea lo que sea, las definitivas serán el 25 de mayo y el 15 de junio, porque solo una cosa es segura: nadie ganará en la primea vuelta.

Esto de las encuestas requiere con urgencia una reglamentación que las haga valederas y creíbles y no como ahora que pueden ser instrumento manipulable y sesgado, manejadas inclusive desde las propias sedes de algunos movimientos partidistas.

SUMAS Y RESTAS

Hay quienes escogen el camino más simplista y se limitan a hacer sumas y restas, más de las primeras que de estas últimas, para hacer ganar a su preferido, más con el deseo que con la realidad.

No se trata apenas de sumar, por ejemplo, los votos que obtengan el 25 de mayo el CD, Peñalosa, el Polo y el partido conservador, meterlos en un solo bloque y enfrentar el resultado con el que logre el presidente candidato.

Además de la dificultad de poner de acuerdo a cuatro organizaciones partidistas con tan disímiles posiciones sobre asuntos de trascendencia, hay que contar con la voluntad suprema del elector, que el 25 de mayo  puede sufragar por alguien y hacerlo por otro en la segunda vuelta el 15 de junio.

Además está de por medio un tema que es fundamental en el actual debate electoral: La guerra o la paz, el cual seguramente va a mover a muchos a tomar partido a favor o en contra de quienes preconizan una de las dos alternativas.

Nadie se imagina, por ejemplo, a los partidarios del Polo Democrático —  para poner un ejemplo — respaldando en la segunda vuelta las tesis guerreristas del ahora senador Uribe y su candidato Zuluaga.

O a los conservadores derrotados con su buque insignia “Ramirez”, dándole apoyo a Zuluaga o a Peñalosa, con quienes en lugar del almíbar de la rica  mermelada, lo único que podrán encontrar será acíbar.

MÁS PROBLEMAS

No paran las dificultades para la familia Villegas Moreno y su firma constructora Lérida CDO responsables de la tragedia ocurrida el pasado 12 de octubre con el desplome de la torre seis del edificio Space y las siguientes evacuaciones de otros dos edificios levantados por ellos: El Continental Towers y el Asensi.

Ahora las autoridades de Medellín han ordenado la evacuación de ”Calasania”, otra unidad residencial construida por Lérida CDO, tras advertir “el deficiente estado en que se encuentra su estructura, y que está al límite de su capacidad de soporte”.

Son otras 370 personas que engrosarán la ya larga lista de damnificados del Space, el Continental y el Asensi, quienes alguna vez pusieron sus esperanzas de tener vivienda propia y digna en manos de los Villegas Moreno, y hoy están como el ternero del cuento.