5 de octubre de 2022
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Breve biografía de Jesús para Semana Santa (1)

13 de abril de 2014

Quién fue Jesús de Nazaret?

¿Sí es de veras el Hijo de Dios?

Por Jorge Emilio Sierra Montoya

Vivimos en un mundo sin Dios. En tales circunstancias, ¿cómo creer que Dios, cuya existencia se suele descartar o al menos no inquieta en lo más mínimo, haya tenido un hijo, como si fuera un ser humano o como cualquier padre de familia? ¿No estamos ahí en el terreno de la mitología, de la ficción según Borges, de la loca fantasía, de la vana ilusión que llamaba Freud o del mal uso del lenguaje en opinión de Wittgenstein?

De hecho, a la luz del racionalismo y el materialismo reinantes, la simple posibilidad de un hijo de Dios resulta absurda, inaceptable, con mayor razón cuando millones de cristianos proclaman aquí y allá, a lo largo y ancho del planeta, que ese hijo  (Jesucristo, por más señas) se encarnó en una virgen, situación que la ciencia moderna rechaza de antemano al igual que los presuntos milagros que hizo y, sobre todo, su resurrección tras sufrir la muerte en una cruz, hace dos mil años.

¿Cómo pudo Jesús -se preguntan muchos, alarmados- sanar enfermos sólo con mirarlos y tocarlos aunque fuera con el roce de su manto? ¿Dar la vista a los ciegos, hacer que los sordos oyeran y los paralíticos se levantaran y caminaran, sin necesidad de ninguna intervención quirúrgica, cuando la ciencia moderna no había aún aparecido? ¿Y cómo hizo para resucitar a los muertos, a su amigo Lázaro y a cierta niña, quienes regresaron a la vida por su simple deseo? ¿Y quién se traga el cuento de que tan singular personaje, mitad Dios y mitad hombre, no sólo resucitó sino que sigue vivo, con un par de milenios encima?
jesus de nazaret
¡Pamplinas!, es lo que sostienen, al unísono, cientos de escépticos, seguros de tener la razón que callan por lo general para no ofender a los creyentes, dada la libertad religiosa en boga, o por si acaso resulta ser cierto lo del juicio final, ¡no sea que mañana vayan condenados al infierno y padezcan penosas torturas, como las que describió Dante en su Divina Comedia, por toda la eternidad!

Con los ojos del alma

Pero, nada de lo que acabamos de exponer, por fantástico que parezca, carece de sentido si miramos con los ojos del alma, del espíritu.

En efecto, no estamos acá en el mundo material sino en el fascinante mundo espiritual, como seres espirituales que también somos; es por esta vía, con los profundos valores espirituales a cuestas, que logramos elevarnos hasta Dios, Creador del universo; y es con fe en el corazón, más allá de la fría razón que tanto nos limita para trascender hacia la verdadera realidad, como aceptamos las revelaciones que Dios hace en su libro santo, en las Sagradas Escrituras, que usted encuentra en cualquier librería, sea física o virtual, a través de Internet.

Es por el camino espiritual que seguimos recorriendo, donde hallamos a este Dios omnipotente, todopoderoso, que creó al mundo de la nada, según nos lo cuenta en el Génesis. Él pudo, entonces, enviar a su hijo al mundo, hacer que su espíritu se encarnara desde el vientre de una virgen, y que también él fuera Dios, idéntico al Padre, no mortal sino eterno, o sea, inmortal  

¿Cómo no creer, entonces, en los milagros, en aquellos fenómenos cuyas causas son sobrenaturales, lejos de someterse a las leyes físicas pues se rigen por las leyes de Dios, por la suprema voluntad divina, de la cual se derivan esas mismas leyes –como sostenía Descartes, pionero de la ciencia moderna- desde la creación del universo?

Más aún: la creación, la vida misma y nuestra propia existencia son milagros sorprendentes, maravillosos, en el plano espiritual, desde nuestro más hondo mundo interior. “Todo es sagrado”, decía Teilhard de Chardin.

Y claro, nosotros, los seres humanos, somos hijos de Dios, hechos a imagen y semejanza suya, condición por la cual vemos en el Creador a nuestro padre, el padre eterno, que nos convierte así a todos los hombres, sus amados hijos, en hermanos del alma. Todos somos hermanos por tener al mismo padre espiritual, que es Dios.

Jesús, Hijo de Dios

No obstante, el único hijo de Dios en sentido estricto, con idéntica naturaleza a la del Padre, es Jesucristo, quien posee la omnipotencia divina, realiza los milagros o hechos sobrenaturales que no sólo narran los Evangelios sino que continúan presentándose a diario, y cumplió a cabalidad lo anunciado por los profetas sobre el Mesías, sobre el Salvador del mundo, desde su nacimiento hasta su muerte y posterior resurrección, cuando fue sellada la nueva alianza entre Dios y los hombres.

(Mañana: Las antiguas profecías)