13 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Marmato, un polvorin anunciado

18 de marzo de 2014
18 de marzo de 2014

Su ópera prima ¨Marmato¨ ha obtenido altas calificaciones por parte de los espectadores que las ratifican con los nutridos aplausos que recibe en sus presentaciones a las que invita a los protagonistas de los guacheros a dirigirse al público,  lo que redunda en un calculado efectismo, que desde luego, no es criticable. Los guacheros son los trabajadores de las minas de Marmato que realizan su labor en forma artesanal. Marmato es un municipio del Departamento de Caldas que desde tiempos inmemoriales es considerado como uno de los yacimientos de oro más grandes del mundo  y que hoy está en la mira de las mas potentes trasnacionales mineras que ofertan para su concesión. De hecho en la actualidad sus laderas y socavones han sido compradas en su gran mayoría por la empresa canadiense Grancolombia Gold que aspira a realizar su explotación a cielo abierto, lo que ha ocasionado  consecuencias de carácter cultural, sociológico, político y de diversa índole, que han producido una marcada división entre sus moradores y los dueños de las minas. De este conflicto es de lo que se trata la película  de Mark,quien oficia también como fotógrafo. Durante cinco años siguió el desarrollo del conflicto y lo testimonió con su cámara, hasta obtener hoy en Cartagena el reconocimiento del público y posiblemente de los jurados calificadores.

Tengo que confesar que antes de ingresar a la sala del Palacio de la Inquisición, me asaltaron pensamientos de inquisidor. Creí que se trataba de una muestra de cine pancarta, que iba a aprovechar un palpable conflicto como el de Marmato, para lanzar diatribas y consejas contra el imperialismo yanqui y sus explotadores en latinoamérica. Y pues nó. A medida que la cinta fué corriendo nos encontramos que una espléndida fotografía ambientaba la historia comprendida entre el 2.010 y el 2.013, años en los que religiosamente  Mark Griwco convivió con los marmateños. Y que al final deja la clara enseñanza de que una buena calidad cinematográfica de denuncia se obtiene con  talento, dedicación, pasión por lo que se hace y una infinita paciencia.

Alguien en la película, tal vez un  alto ejcutivo de la firma canadiense, planteó lo que hoy en día ni el gobierno ni los mineros de Marmato saben a ciencia cierta. Si la industria extractiva, moderna, tecnificada es la más conveniente para el país o hay que mantener la explotación artesanal de su riqueza aurífera. Que es lo queda flotando en el ambiente, auncuando desde el punto de vista del espectador es fácil tomar partido. Es tan bien llevado el tema, tan equilibrado aparentemente el tratamiento pero a la vez tan insinuantes las imágenes, las intervenciones de los mineros artesanales  y sus argumentos, que se termina alabando y creyendo en su causa y en sus pretensiones

Con la acertada exposición  del problema por parte del guionista y del director, se concluye que el cine aséptico, equilibrado, sin panfleto, puede conducir a que se visibilicen los requerimientos de las comunidades. Marmato, municipio que como lo reconoció explicitamente el Director, es un oasis de paz, ajeno por  completo a la influencia paraca o guerrillera puede ser un polvorín si no se reconoce, como lo enseña la película, la disensión entre sus habitantes. Gran favor se le prestaría a las autoridades muicipales y departamentales, a las encargadas de los asuntos mineros en la nación, a las universidades, ONGS y defensoría del pueblo si se les exhibiera este documental. La minería artesanal  no se pude borrar de la faz de Marmato. Hay que entenderla y protegerla. Legalizarla y encauzarla. No es la fórmula, como lo insinúa un empleado de la empresa que tarde o temprano sean expulsados por las fuerzas estatales los trabajadores artesanales. Ni que se les niegue el suministro de la dinamita y los obliguen a acudir a la de fabricación casera para la explosión de la montaña ni mucho menos que se señalen a sus líderes como terroristas o subversivos.

Pero también hay que pensar que la naturaleza cobra sus abusos. El derrumbe de la montaña no se puede descartar. Las pérdidas de vidas humanas hay que precaverlas y evitarlas.Conflictos como el de Marmato, latente, vivo, hay que enfrentarlo consensualmente con la comunidad. Socializarlo, como se dice ahora. Y para ello , nada mejor que llevar a  los actores de todos los bandos a la reflexión.  Base para ella puede ser esta   producción  cinematográfica  que nos ha enseñado magistralmente el Director, fotógrafo y Director, el norteamericano Mark Grieco que además, desde el punto de vista estético, del cine, es impecable. Su diagnóstico no se puede pasar por alto. Hay que crear conciencia entre las gentes, en especial las de Caldas, para que acudan a una solución para Marmato pronta y eficaz , para que Marmato no termine siendo el polvorín apocalíptico que se vaticina.

Marmato, Caldas, la cinematografía social han ganado exposición  y  luz con este documental.