4 de octubre de 2022
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Dos puntos, aspirar, súper, apacentar

19 de marzo de 2014
19 de marzo de 2014

Es posible que en épocas remotas los redactores escribiesen la primera palabra de una cita textual, después de los dos puntos, con minúscula inicial, pero, lo recuerdo bien, desde mi infancia me enseñaron que debe escribirse con mayúscula. Y así se practicaba. Por ejemplo,  en un editorial de LA PATRIA del sábado 21 de diciembre de 1935 su autor redactó así: “Cuando se discutía en la Cámara el contrato con la Gulf*, una enfurecida demagogia obrera, amaestrada por los dirigentes liberales, vociferaba entre terribles amenazas: “¡Viva la entrega del Catatumbo!”. Unos diez años antes, don Marco Fidel Suárez escribió: “¡Oh influjo misterioso de arriba, que inclina a los sucesos de la tierra y que hizo decir al Tácito de España: “¡Todo lo de acá se desbarata conforme al movimiento de los cielos!” (Otro Sueño). La norma rige todavía, pero cada día son más los que la violan, para ajamiento de nuestro lenguaje escrito y contrariedad de los lectores. ¿Ejemplos? ¡Miles! Pondré solamente dos, de un periódico de Bogotá, el primero; de Manizales, el segundo: “Ahora son compradas  en cuerpo y alma por “contratistas” que cargan al Estado en el bolsillo y tienen a los vigilantes en su nómina: “es mejor negocio la política que el narcotráfico”, dijo, sereno, el exsenador Martínez Sinisterra” (El Tiempo, 28/2/2014). “Mena tendrá al Once Caldas como rival: “sé que es mi equipo, no me gusta marcarle goles…” (LA PATRIA, Osvaldo Hernández, 1/3/2014). El comentarista deportivo manizaleño es el campeón en esta desafortunada especialidad. Nota: “El Tácito de España” y también “el Tito Livio español” es el padre Juan de Mariana” (Nota 79 del Sueño citado), humanista e historiador español (1535-1624). *¡A propósito!, don Rafael Arango Villegas escribió sobre este asunto el artículo titulado “Yo tomo el Catatumbo a treinta mil anuales…”. Hay que leerlo, no sólo para disfrutarlo sino también para refrescar la memoria. ***

Una cosa, don Pablo, es ‘aspirar  la fragancia de un perfume’ y otra, muy distinta, ‘aspirar a la presidencia de la República’. En el primer ejemplo, con la acepción de “atraer el aire exterior  a los pulmones”, los sinónimos de ‘aspirar’ son ‘atraer, inhalar, absorber’; en el segundo, con la de “pretender o desear  algún empleo, dignidad u otra cosa”, ‘ambicionar, anhelar, apetecer, desear’. Olvidó estas nociones el columnista Pablo Mejía Arango en las siguientes oraciones: “En cambio, las nuevas generaciones aspiran ingresar a la universidad en otra ciudad…”; “Pertenezco tal vez a la última generación que nació, vivió y aspira morir en su terruño” (LA PATRIA, 1/3/2014). Evidentemente, en las dos hace falta la preposición ‘a’, indispensable en ellas, porque en ambas el señor Mejía Arango expresa un anhelo de las nuevas generaciones y un deseo suyo. Además, ni la muerte ni un ingreso se pueden aspirar. ¡Seguro! ***

La preposición, como parte de la oración, es un término que siempre se escribe separado de la palabra que le sigue inmediatamente; el prefijo, como su nombre lo indica, va siempre pegado a la palabra  cuyo significado de alguna manera afecta. Por esta razón, me parece, si no completamente equivocada, sí superflua la definición que la Academia de la Lengua da de algunos prefijos como “preposición inseparable”. O es preposición o es prefijo. Sin más volteos. En este grupo está ‘super-‘, que es exclusivamente prefijo, y que, por lo tanto, debe escribirse antepuesto y unido a la palabra correspondiente, por ejemplo, ‘superhombre’ (“hombre de facultades extraordinarias”). Actualmente, se abusa de este prefijo, eliminando de paso el grado superlativo de los adjetivos: Hoy en día, a una mujer muy hermosa o hermosísima se le dice ‘superhermosa’, y a un espectáculo cualquiera, ‘superchévere’. Pero casi nunca lo hacen de manera correcta, como en las siguientes muestras: “Vemos una alianza súper poderosa entre el clúster de las empresas de software y este centro de desarrollo tecnológico” (LA PATRIA, María Isabel Mejía, viceministra de Tecnologías y Sistemas de Información, al hablar de BIOS, He dicho, 3/372014). “Cuando capturan al Chapo lo reemplazan chepe, chipi o chupo, porque el negocio es super rentable” (LA PATRIA, Oasis, 5/3/2014). En el primer ejemplo, debe escribirse ‘superpoderosa’, aunque es mejor ‘muy poderosa’ o ‘poderosísima’; en el segundo, ‘superrentable’, pero es preferible ‘muy rentable’. Evidentemente. ***

El redactor de los editoriales de El Tiempo sigue trastornando la semántica. En la oración siguiente echa mano de ‘apacentar’ por ‘soportar’, supongo: “Al subrayar sus vínculos con este hombre que murió a los 58 años tras apacentar largamente un cáncer” (5/3/2014). ‘Apacentar’, del latín ‘pascere’ (‘llevar al pasto’), significa “Dar pasto a los ganados. // 2. Dar pasto espiritual, instruir, enseñar. // 3. Cebar los deseos, sentidos o pasiones”. ‘Alimentar’, en una sola palabra, que no fue lo que hizo el teniente coronel con su cáncer durante esos dos años. Todo lo contrario: no sólo lo tuvo que soportar sino que trató por todos los medios a su alcance de eliminarlo. Llegó incluso a ofrecerle a Cristo, postrado de rodillas, que él llevaría su cruz si lo salvaba de tan grave enfermedad. Mal, entonces, puede decirse que “apacentó largamente un cáncer”. ¡Qué barbaridad! ***