4 de octubre de 2022
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Destartalado, concordancia, urgente-inminente, susceptible

27 de marzo de 2014
27 de marzo de 2014

De tarde en tarde encontramos en algún escrito adjetivos que les quedan grandes al nombre que califican. Es el caso de ‘destartalado’ en la siguiente frase del señor Pablo Mejía Arango, columnista sabatino del periódico caldense: “…aprovecha su destartalado paraguas para prestarle un mejor servicio a los clientes al momento de bajarse del carro” (8/3/2014). Ello es que dicho adjetivo califica solamente edificios, casas, habitaciones, etc. De él dice Corominas: “Destartalado. 1817, se refiere a edificios y habitaciones, con los sentidos de ‘desproporcionado’, ‘excesivamente grande’, ‘desmantelado, medio derruido’, ‘abandonado’. De origen incierto, probablemente hermano del portugués ‘estatelado’, ‘extendido a lo largo y sin movimiento’, y procedente del árabe ’istatal, ‘alargarse’, ‘extenderse’”. Un paraguas puede calificarse, cuando lo está, de ‘estropeado, roto, inservible’, como los que vienen del lejanísimo oriente, que venden a cinco mil pesos y que no aguantan uno solo de esos aguaceros a que nos tiene acostumbrados san Pedro en esta montañosa y fría ciudad. Los diccionarios especializados le dan a ‘destartalado’ los siguientes sinónimos: ‘desordenado, descompuesto, desconcertado, desproporcionado, desvencijado, ruinoso’. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que estos adjetivos son sus sinónimos sólo cuando califican nombres merecedores del calificativo de ‘destartalados’. Así, el paraguas del relato se puede calificar de ‘descompuesto’, con su sinónimo de ‘estropeado’, pero no de ‘destartalado’, por  acabado, roto e inútil que estuviere. ***

Los artículos, determinados o indeterminados, concuerdan en género y número con los nombres ‘centenar, millar, mil, millón, veintena, docena’, etc., no con el complemento de éstos, por ejemplo, “un centenar de hombres, una veintena de mujeres; las docenas de niños, los miles de niñas”. Es un error frecuente, no por ello aceptable, hacer concordar el artículo con el complemento, por ejemplo, en la sección Bogotá de El Tiempo leímos: “Ayer, el presidente de la Corte, Luis Ernesto Vargas, dijo que las centenares de tutelas  entabladas contra la destitución…” (8/3/2014). El complemento ‘de tutelas’ nada tiene que ver con el artículo, cuyos género y número dependen del nombre que acompañan. Debe redactarse, entonces, así: “Los centenares de tutelas…”. Elemental. ***

Los términos ‘urgencia’ e ‘inminencia’ expresan ideas diferentes. ‘Urgencia’, en la circunstancia que ocupa esta nota, es “la necesidad o falta apremiante de algo para lograr  determinado fin”, por ejemplo, la que tienen algunas poblaciones de agua potable. Sus sinónimos son ‘apremio, acuciamiento, perentoriedad, exigencia, necesidad’. ‘Inminencia’, del latín ‘imminentia’ (‘amenaza, acecho’) es todo aquello que amenaza o está a punto de suceder, verbigracia, “las nubes oscuras y el firmamento cerrado anuncian la inminencia de un aguacero”. Sus sinónimos son ‘inmediatez, cercanía, proximidad’. Según estas nociones, en la siguiente afirmación de un editorial de El Tiempo está mal empleado el adjetivo ‘inminente’, “Ya no es “urgente” –sino “inminente”, “terminante”– la palabra para la inmediata intervención del Estado en el puerto…” (El Tiempo, editorial, 8/3/2014). ¡Qué bueno sería que la solución a los problemas de inseguridad que en este momento acosan a Buenaventura estuviera a punto de ser una realidad! Los vocablos que deben reemplazar a ‘urgente’, en ese caso y muchos otros, serían ‘obligatoria, imperativa, inaplazable, improrrogable’. Además, el adjetivo ‘inminente’ implica siempre la idea de que algo peligroso ocurrirá de un momento a otro. ¿Y ‘terminante’?  Tampoco, me parece, porque este adjetivo, que no es sinónimo de ‘inminenete’, se refiere especialmente a ‘decisiones, resoluciones, prevenciones, declaraciones’ “que hacen imposible cualquier insistencia o discusión sobre la cosa de que se trata”, por ejemplo, “las decisiones tomadas por el Gobierno para la solución del problema son ‘terminantes’”. Y no olvidemos que hay ‘urgencias’ que nunca son satisfechas. ***

El adjetivo ‘susceptible’, del latino ‘susceptibilis’ (‘que puede recibir’), “capaz de recibir modificación o impresión”, rige siempre la preposición ‘de’, verbigracia, “la política colombiana no es susceptible de mejora alguna”. No obstante, su empleo con la preposición ‘a’ es más frecuente de lo tolerable. Natalia Springer, columnista de El Tiempo, redactó así: “…y la gente del común, aunque susceptible a los brotes de entusiasmo patriótico…” (Putin en Ucrania, 10/3/2014). “…susceptible de los brotes”, señora. Para no caer en este error, lo único que hay que hacer es cambiar ‘susceptible’ por ‘capaz’, pues nadie,  creo yo, va a decir o escribir ‘capaz a’, sino ‘capaz de’. ¿O habrá alguien ‘capaz de’ semejante disparate? ***

Hace poco leí que en Japón, China o la Cochinchina –no recuerdo dónde- vivía la persona más vieja del mundo, alguien de 116 años. Información equivocada, pues aquí en nuestro terruño vive don Luis Gonzaga Pérez, más viejo todavía, si nos atenemos a la siguiente nota de una estudiante: “Él ya está jubilado y dedicado a este deporte (los bolos) hace más de doce décadas” (LA PATRIA, Invitado de la semana, Angie Paola Duque Arias, 11/3/2014). Según esto, y suponiendo que empezó a practicar ese deporte a finales de su segunda década, el señor Pérez andaría en estos momentos por los 140 años. ¡Toda una marca! La jovencita, tal vez, confundió ‘década’ (período de diez años) con ‘lustro’ (período de cinco años). Con doce lustros de su vida dedicados a su deporte favorito, el señor Pérez sería hoy un ‘joven’ octogenario. Así sí le creemos. ***