16 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Periodismo carroñero

24 de enero de 2014

Hace unos meses Álvaro Villegas Moreno, un octogenario de la más ríspida sociedad antioqueña, dueño de un prestigio sinigual, presidente del directorio nacional conservador, gobernador de Antioquia, alcalde de Medellín, presidente vitalicio del sociedad de ingenieros de Antioquia y dueño de una credibilidad y respetabilidad asombrosa, vio como se le caía como un castillo de naipes toda una vida decente y productiva. Sus edificios Space en Medellín deberán ser demolidos y otras dos torres de edificios contiguos también construidos por su firma CDO, al suelo según el dictamen de los investigadores de la universidad de los Andes avalado por las autoridades de la capital de la montaña.

Nadie en esta mierda está exento a la fatalidad. Todos los días golpea a la puerta. Existen ciertos personajes que se creen inmaculados y protegidos de todo mal y peligro, fundamentalistas del oficio del que he hecho parte por muchos y de verdad por muchos años. Esta mañana como de costumbre para flagelarme, porque no hay de  otra, abrí en mi pequeña tablet el periódico La Carroña de Armenia. Como siempre su contenido de desecho pero me impresionó particularmente una foto del señor David Barros Vélez cuando se disponía a sentarse en una mesa a almorzar. Según la narración del erudito escritor en rigor a la indecencia de la morbosidad consultaron al juez de ejecución de penas sobre el tema y bla bla bla…Conclusión la foto era para joderse en Barros y caerle al árbol que reposa en el suelo.

El exalcalde tenía un permiso de 9 de la mañana a 3 de la tarde para exámenes de los facultativos siquiátricos en Pereira. Y entre uno y otro peritazgo médico hay unas franjas de tiempo y de espera. No es natural que un ser humano entre esas horas tenga derecho a tomar los alimentos. ¿Y dónde putas almuerza un señor o una señora?, pues en un puto restaurante, dónde más. No jodan carajo. Bueno es culantro pero no tanto. Odios viscerales estúpidos.

Ahí ese señor Barros estaba custodiado por el Inpec o que más quiere el benemérito director, que aguante hambre como seguramente él está acostumbrado.

La gata una peligrosa criminal condenada a 36 años por homicidio tiene derecho a un hospital, cocinero, televisor y no se sabe qué más vainas. Por supuesto que muchas son detestables canonjías, pero de allí satanizar la elementalidad de un almuerzo para un condenado hay  una verdadera sevicia demencial.

Barros Vélez cometió un delito y el juez en su ocasión lo condenó. Está pagando su indelicadeza de no haber respetado a la sociedad que lo encumbró a las máximas distinciones. Severa, muy severa la determinación del juez que todos debemos respetar, incluso el exalcalde ha perdido su patrimonio y su salud. Pero Basta. El periodismo carroñero  de la Carroña, manejado sin indulgencia por el dolor ajeno tuvo necesidad imperiosa de echar mano de la alcantarilla para aplastar una vez más a quien está pagando con creces, como debe ser además, sus delitos.

Pero era menester que el odio campeara. Hay periodismo vehemente, visceral inclusive, pero cuando se llega al extremo de reivindicar para sí el dolor ajeno se cae en las tormentosas aguas de la malparidez.

Este periódico tiene una tradición de selectividad en el manejo de las informaciones. Mantiene un sesgo pernicioso, incluye los odios y excluye las vanidades de sus conmilitones. Es un altoparlante de las malquerencias de su director y una sordina frente a las ‘curiosidades’ de sus amigos.

Y no importa quién sea el veleidoso que maneje la dirección. Ocultaron sin misericordia la información sobre la captura y extradición de Beto Marín, los asaltos sexuales a menores de Luis Felipe Restrepo, el asesinato reciente de un ciudadano en la vía a la Tebaida por parte de un heliotropo ligado a las castas económicas de la región y amigo íntimo de la suculencia empresarial. Para muestra tres botones, no hay necesidad de más.

Hay que joder al indefenso con el imperio de ser únicos y cabalgar solos en el lomo de la arrogancia  y las vanidades de un director mediocre y veleidoso.

Recuerdo que no estamos exentos de las desgracias, ninguno. Los rabos de paja algún día se encienden con la  pobre cerilla abandonada en descuido en cualquier pastizal de la comarca.