19 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Ghettos del terremoto

25 de enero de 2014

El gobierno prestó atención a la tragedia, como debía, pero a la vez creó un monstruo paternalista que generó otros males entre la comunidad damnificada: pereza, chantaje a los organismos del Estado y a los políticos, extorsiones, drogadicción, prostitución y delincuencia en general. Y gran parte de estos males se trasladaron a los llamados nuevos barrios de la reconstrucción, donde la recuperación del tejido social ha sido muy difícil.

Al principio hubo quejas de casi todos los barrios: el área de Génesis, Bosques de Gibraltar, La Mariela, Las Colinas, en fin. Muchas organizaciones sociales trabajaron para recuperar ese tejido perdido, para evitar que poco a poco esos barrios se fueran convirtiendo en ghettos a donde nadie entraba.

En Génesis, por ejemplo, se contó con la inteligencia, con la audacia y la bondad de un sacerdote, el padre Darío Ospina, que logró con ayuda de la propia comunidad, los docentes del Instituto Técnico, el gobierno y otros sectores que se le quitara el estigma, que se rebajaran los muertos, los robos y los consumos de drogas alucinógenas. Infortunadamente lo bueno no dura, y el padre Ospina se vio obligado a dejar el sacerdocio, aunque jamás ha abandonado su labor social.

Lo mismo ha sucedido en otros sectores como La Mariela, donde la misma gente fue vigilando su entorno, con ayuda de la Policía, y hoy el ambiente social en la zona es muy bueno.

Los problemas persisten en lugares como Bosques de Gibraltar, pero muy especialmente en el barrio Las Colinas. Este último es un verdadero ghetto, un lugar donde se ha enconchado la delincuencia, incluso infantil y juvenil, a donde los buses urbanos no quieren llegar y los taxistas se niegan a subir más allá de la ‘cola’ de la urbanización La Adiela.

La cantidad de hechos violentos, asaltos a vehículos, encuentros armados entre pandillas, ha hecho que muchas familias salgan de sus viviendas, otorgadas por el sistema de subsidio del Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero, Forec. Gran cantidad de ellos las han vendido, arrendado o simplemente abandonado. Y, claro, la ciudad se niega a expandirse por este sector sur-occidental, porque los accesos implicarían pasar por Las Colinas.

Hace poco una maestra expresó las dificultades del ejercicio de enseñar en la institución educativa del sector, mirando el horror de las violaciones, los asesinatos, la drogadicción y el desamparo de niños y adolescentes, que fácilmente caen en las redes de microtraficantes de drogas, en los círculos de consumidores o traficantes de seres humanos para convertirlos a la prostitución.

Recientemente se sintió una militarización del barrio. Tuvo el gobierno que acceder a que hombres de la Octava Brigada ejercieran vigilancia, porque la Policía no tuvo la suficiente fuerza de tarea para hacerlo. Esta es una demostración palpable de cómo los males de los cambuchos que surgieron después del terremoto, se trasladaron a las zonas de la reconstrucción de vivienda.

Estamos seguros, como lo están las autoridades, que más del 90%, la inmensa mayoría de los habitantes de Las Colinas son familias buenas, pobres pero honradas, trabajadoras, que han tenido que soportar los avatares del destino, pues ahí los puso el terremoto del 25 de enero de 1999, que hoy cumple 15 años.

Recuperar la zona va a tardar mucho tiempo, especialmente por la paquidérmica acción estatal. Y mucho más tiempo y dinero le va a valer a la ciudad rehabilitar los lotes colindantes para que siga el avance urbanístico. Hoy, será tiempo perdido pensar en esas tierras para nuevos proyectos. Por eso, es urgente la intervención del gobierno nacional, como lo hizo en las comunas nororientales de Medellín, en acciones conjuntas con alcaldía y gobernación, para terminar con un ghetto a donde a todo el mundo le da miedo ir.

Crónica del Quindío