19 de mayo de 2022
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El tempestuoso enero

23 de enero de 2014
23 de enero de 2014

Pastrana y Alvaro Gómez siempre fueron rivales anarquizando la conducción unificada del partido. Después, Gómez renunció al hermoso símbolo de la  bandera azul para inventarse un pegote de rombos de color rojo y un desteñido azul celeste. Por último, Andrés Pastrana nos sorprendió con su Nueva Fuerza Democrática,un  furúnculo más en el  enfermo organismo del maltratado Partido Conservador.  Subsistimos de puro milagro.

Ahora mismo cohabitan tres tendencias definidas frente a la elección presidencial. Una de ellas, comandada por Omar Yepes, en mi opinión minoritaria, propone una candidatura de partido. Aunque esa debiera ser la tesis  con unánime respaldo, la verdad es que encuentra escaso eco en una colectividad caracterizada por su insaciable apetito burocrático. Con un item. Ningún importante dirigente nuestro, tiene ansias de  poder. Nicanor Restrepo, por ejemplo, sería un candidato ideal. ¿Pero quién lo saca de su modorra indolente? A Juan Camilo Restrepo no lo operan dos veces.

Entonces, quién? Han surgido dos loquitos, brillantes talvez, pero de poco cacumen para  el gobierno: Alvaro Leyva y Pablo Victoria. El primero mantiene en órbita su nombre a base de vitrinazos. El segundo es volátil con un país quimérico en la cabeza. Resta  Marta Lucía Ramírez. Ella debió dar su pelea en la convención uribista. Siempre estuvo en juego su nombre en la baraja del Centro Democrático y si imaginariamente resultara victoriosa llevaría al conservatismo  de rodillas ante el autócrata antioqueño.

Tres son las opciones sobre las cuales debe resolver la convención que habrá de reunirse en este mes de enero. ¿Candidato propio? ¿Alianza con el uribismo? ¿Apoyo a la reelección de Santos?

Descartado el panorama de una candidatura conservadora, quedan dos opciones. ¿Uribe? ¿Santos?  Oscar Iván Zuluaga es un candidato excepcionalmente bueno, pero no despegó.Es lamentable su poco repunte en las encuestas. Mucho conservador que pudo ilusionarse con el carisma del señor Uribe, ahora  para en seco ante la desventura del pensilvaneño.  

Solo queda la reelección de Santos. Como presidente lo ha hecho bien en lo posible, manejando con  pericia circunstancias hostiles, aglutinando en torno suyo la diáspora  de unos partidos de difícil rienda. Puede no ser un ejecutivo asombroso, pero hay que reconocer que es un excelente administrador. En  cuanto al conservatismo, le entregó totalmente la responsabilidad social  en el ámbito agrario. Siempre nos dio el Ministerio de Agricultura y los Institutos Descentralizados que tienen que ver con esta área, más el manejo de la Hacienda Nacional. Debemos ponderar la importancia de esta política,  ahora que  al mundo campesino le van a asignar más de seis billones  de pesos.

En síntesis, en el conservatismo hay clientela ardorosa para las tres opciones. El forcejeo interno será de guerra tempestuosa, en el que los santistas esperamos recibir una corona de laurel.

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