26 de julio de 2021
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La estrella de la paz

13 de diciembre de 2013
13 de diciembre de 2013

gustavo paez

La gente se apresta a efectuar sus compras navideñas. En todo el país, el agua cae a torrentes. Hay bloqueos en las vías y desgracias en varios lugares del país por causa de los derrumbes. En Bogotá y en las grandes ciudades se aproxima la época de mayor afluencia en los almacenes, la época más intensa de los atracos callejeros, de los paseos millonarios, de la inseguridad y el caos. Es que estamos en diciembre.  

Para quienes vivimos en la capital del país, los trancones, el destrozo de las vías, la indolencia de las autoridades, la dureza de la vida cotidiana no son impedimentos para que la ciudadanía sienta regocijo con la llegada de la Navidad. Si uno se sube a un taxi, el conductor nos contará la serie de tropiezos y de horrores que tiene que sortear por estas calles de Dios.

Pero parece que esto no le importa al taxista, pues se ve de buen genio, aunque despotrica de los políticos corruptos que se robaron a Bogotá, y de los políticos en turno de reelección que volverán con las mismas mañas de siempre. El ciudadano del montón rechaza estas prácticas abominables, pero cuando llega la hora de la verdad en las urnas, vuelve a votar por los mismos. Hoy eso no importa: estamos en diciembre, mes de la alegría y la concordia.

La estrella de Belén comienza a verse en numerosos sitios. Se aproxima la Navidad. Mejor: la Navidad ya llegó. El país está de fiesta. Todo lo diluye el mes de las compras fuera de la capacidad del bolsillo, de los regalos imposibles, de las angustias sin cuento. Desde la ventana de mi apartamento miro al ciudadano que corre, que se agita, que se tropieza a cada rato, que huye de los charcos y los huecos. Y maldice.

Desde mi ventana vislumbro la estrella lejana, la del árbol navideño, la que llevan los colombianos en lo más hondo de sus corazones. La misma que espera alcanzar el presidente Santos. Y me pregunto si en medio de tanta desesperanza, de tanto conflicto, de tanta calamidad como la vivida por los colombianos durante medio siglo de violencia, será posible que llegue al fin la estrella de la paz. Nos la merecemos.

* * *

Regalos con mala ortografía. Carta a Industrias Cannon de Colombia: Compré en el Éxito de Unicentro tres juegos de toallas que están marcadas con la palabras ella y el, según el destinatario sea una mujer o un hombre. Me permito anotar que la palabra él debe escribirse con tilde. Es lo que se llama la tilde diacrítica en monosílabos, establecida en este caso para diferenciar el artículo el –que no lleva tilde– del pronombre él –que sí la lleva–. Muy bonita la elaboración de las toallas con estas inscripciones, pero faltó el corrector en la empresa que hubiera señalado la falla ortográfica.  

Quiero sugerirles que en razón del prestigio de Cannon, y desde luego para acatar la regla ortográfica, en nuevas confecciones de este producto se marque la tilde a la palabra comentada. Disculpen mi intromisión en este asunto, pero considero que de esta manera contribuyo a la correcta presentación del producto, el cual llega a mucha gente culta. Con mi cordial saludo navideño, GPE

Bogotá,06-XII-2013.

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