26 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Propongo una comisión de regeneración nacional

11 de noviembre de 2013

arturo yepesLa inmoralidad en el poder judicial alcanzó niveles insostenibles.

Reiteradamente vemos escándalos que involucran a integrantes de la rama judicial: Carruseles de pensiones millonarias en altas cortes, cartel de jueces que negocian fallos, luchas a muerte para no jubilarse, clientelismo judicial y cruce de favores, son el pan de cada día.

Henry Villarraga avergüenza a la justicia, a su partido y a quienes promovieron su elección, pero no puede ser la punta de la lanza para la pretensión de seguir concentrando poder en el ejecutivo, para debilitar aún más al legislativo y para servir a los intereses de quienes quieren una justicia desbalanceada a su amaño.

Mi mamá, con sabiduría prestada de las sagradas escrituras, decía: «Mijo el que esté libre de pecado que tire la primera piedra». «Toda Colombia esta permeada por la corrupción»: Al palacio de los presidentes han entrado por la puerta de atrás, oscuros criminales para conspirar con los asesores del gobierno; el sector financiero ha defraudado a sus inversionistas y ahorradores; muchos empresarios se han aprovechado de los subsidios del Estado para enriquecerse aún más; muchos promotores de la salud se convirtieron en negociantes de la muerte para llenar sus arcas; pastores y sacerdotes han abusado sexualmente de los menores y, lo más grave, el periodismo se ha visto deformado por los múltiples intereses privados económicos que manipulan la noticia para producir efectos distintos al de los interés públicos, para mencionar solo algunos sucesos indignantes por todos conocidos.

En este estado de cosas, suprimir el Consejo Superior de la Judicatura seria cambiarlo todo para que todo siga igual, equivaldría a destruir el lecho para eliminar la infidelidad.

El mal no está en las sabanas, ni en la arquitectura de las instituciones. Eso pretende hacernos creer quienes quieren seguir dominando al país con su dinero y su falta de escrúpulos.

Nuestro país requiere un acto de contrición y un propósito de enmienda que empiece por la promoción y práctica de los valores correctos: honestidad, eficiencia, solidaridad. Ese es el verdadero camino.

Cualquier órgano nuevo, por original y bueno que parezca, caerá en el mismo abismo si la cultura mafiosa que se apoderó de los colombianos continúa rigiendo nuestras instrucciones.

Por el contrario, las estructuras actuales operaran bien si en la mente de los hombres que las habitan, vuelven a reinar la limpieza, la rectitud y el bien común. Y esta última circunstancia, no se logra con reformar, SINO CON LA INTERVENCIÒN DE FONDO contra el verdadero mal que nos acosa: el ánimo desenfrenado de lucro, el hedonismo irresponsable y la legitimación social de los capitales conseguidos de manera fraudulenta.

Invito al Congreso, al ejecutivo, a los medios, a todos los actores de poder en nuestro país a integrar una comisión de alto nivel que reflexione, sin prisa pero sin pausa, sobre las medidas de fondo que debemos tomar para enderezar nuestra maltrecha sociedad. Una especie de Comisión de Regeneración Nacional que propicie el diálogo sincero, sin tapujos y que a partir del reconocimiento de nuestros males presentes, estudie, proponga y comprometa a todos los poderes públicos y privados en la ejecución de las soluciones.

Solo así habrá un futuro mejor para los colombianos y no solo las reformas efectistas, distractoras y demagógicas para una crisis que es de profundo calado, que no depende de la forma, sino de la manera presente de pensar y de actuar de la mayoría de los colombianos, inmersos en una cultura mafiosa y holgazana que debemos cambiar lo más rápido posible.