27 de febrero de 2021
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«Es más importante crear intereses que afectos».

18 de noviembre de 2013
18 de noviembre de 2013

catellanos jorge «Mundo es este de toma y daca, lonja de contratación, casa de cambio, y antes de pedir ha de ofrecerse… Para salir adelante con todo, mejor que crear afectos es crear intereses». Sobre esta base ideológica y sobre la pauta de la «Commedia dellarte», construye Benavente su mas excelsa obra que lleva este atractivo e inolvidable título.

En breve resumen de críticos muy avezados se dice que esta obra es una comedia de títeres en dos actos, tres cuadros y un prólogo, que se representó por primera vez en 1907.  Con ella el autor quiso revivir el viejo teatro, la farsa que reunía a todas las jerarquías sociales, igualándolas con el mismo rasero. Al igual que la comedia del arte italiano, hace pensar y reír, deleita y estremece de ira, y debe tanto a la improvisación como al estudio.

Parece, inverosimilmente, una farza orientada a todos los públicos, pues reúne los pensamientos y sentimientos que exhiben sus personajes; es una farsa que se acerca más a lo real, pues reúne más elementos fantásticos, odios, engaños, pasiones, venganzas concebidas con la idea maquiavélica de alcanzar posiciones elevadas, pues “es más importante crear intereses que afectos”.
Maravillosamente, la historia que se cuenta es la de dos truhanes: Leandro y Crispín, quienes se presentan ante la hostería principal de una ciudad imaginaria del siglo XVII, muy bien disfrazados, uno de amo rico y el otro de criado. Intencionalmente se proponen hacer uso del ingenio y de la desvergüenza, pues “sin ellos nada vale el ingenio”; con esto pretenden aliviar su carencia de dinero y vivir a costa de los tontos de la sociedad.
Es más, cerca a la puerta del mesón gritan, tratan con arrogancia al hostelero, y obtienen de él cuanto desean: alojamiento y alimentación; utilizando un lenguaje confuso y ambiguo, le hacen pensar que ellos pertenecen a la más distinguida nobleza y brindan su ayuda a un poeta y a un capitán. Con los modos más impositivos y misteriosos consiguen que Leandro enamore a la hija del opulento señor Polichinela, a quien conoce en una fiesta nocturna.

Ahora bien, los dos pícaros llegan a formar en torno suyo una red tan fuerte de “intereses creados” que, a pesar de que todos los que los conocen saben de su insolvencia, nadie se atreve a negarles la ayuda necesaria; por el contrario, los mismos acreedores se unen para conseguir a Leandro la mano y dote de Silvia. Lleno de escrúpulos, Leandro amenaza con destruir el tinglado que armó el astuto Crispín; pero Silvia se interpone y los salva de aquel enredo.

Desde luego que a la tesis materialista de los intereses creados se opone la ejemplar y esperanzadora de la obra la Ciudad alegre y confiada, que complementa la primera. El colofon no puede ser más acertado: los intereses son materia y, como tal, son efímeros y deleznables.
El que se enruta por este camino termina fracasando; quedan solamente las ideas no movidas por el interés: los afectos. Crispín, artífice de la farsa, caerá víctima de su propia ambición con el tablado que él mismo animó: “Conviene que el pueblo crea que hace justicia; con la ilusión de que sus males han terminado se levantará su abatido espíritu.

«Dejadle creer que con Crispín y Polichinela los Crispines y Polichinelas terminaron”, precisamente, sobre el universo creado de esta obra se arma la avidez de eternidad representada en el amor de Leandro y Silvia. Vale anotar además que en 1967 Dámaso Alonso indicó el hallazgo de una fuente clara e inegable, algo que muchos habían intentado buscar sin éxito. Esta fuente es El caballero de Illescas de Lope de Vega. En esa obra el protagonista Juan Tomás, de vida disoluta, se hace pasar en Nápoles por Gran Señor y enamora a la hija de un noble con la que cual pone pies en polvorosa. Tras varias peripecias la joven le reafirma su amor y el padre acaba por acceder al casamiento. El parecido entre ambas tramas es evidente pero Jacinto Benavente reelabora los elementos de la obra. Uno de los cambios más evidentes es el desdoblamiento de Juan Tomás en Leandro y Crispín.

Obras de gran magnitud universal que debemos estudiar para conocer como se mueven los hilos de nuestro mundo contemporáneo. Por estas y otras razones, seguramente, el eximio Senador Victor Renan Barco López, las recomendaba a los muy suyos.

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