6 de marzo de 2021
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Más proceso de paz

23 de noviembre de 2013

hernando salazarSí, más proceso que paz, porque el gobierno no es la sociedad colombiana que padece y ha padecido la violencia, ni el grupo de ex universitarios que constituyen la cúpula de las FARC, tiene mucho en común con los campesinos de sus territorios fuera de compartirlo por emplazamiento forzado y quizá menos con los guerrilleros menores de treinta años, que desde los diez o doce años lo único que han aprendido es a disparar a matar.

Mientras en la mesa de diálogos no estén presentes o representados éstos  últimos y los auténticos representantes de una nación diversa (negros, indios, mujeres, obreros, campesinos, etc.) y no apenas unas cuantas expresiones personales de la oligarquía, se tiene que tener derecho (hoy prohibición so pena de ser «guerrerista) al escepticismo.

(Por ejemplo, nunca entendí qué hacía allí y qué podía aportar el gordito paisano tuyo y amigo mío, Luis Carlos Villegas, mientras dejaba caer  la Andi a su más bajo nivel. Lo premiaron por la inanidad de su papel en la comisión y su incompetencia gremial, con la embajada, con el único objeto de que cumpla treinta años de no saber qué es almorzar en la casa o comprar mercado. Antes (de Olaya Herrera y después) esa embajada era paso previo a la presidencia.

Estoy de acuerdo con los diálogos (no tanto con los temas que tratan de lo muy poco que nos han permitido saber) y tengo el deseo de que se apaguen pronto los fusiles, eso sería ya un comienzo para evitar los «falsos positivos» de las fuerzas armadas oficiales y de las revolucionarias, porque ambas los han producido, con el mismo pretexto maquiavélico.

En fin, mientras las conversaciones no hayan partido de las tres premisas ético filosóficas fundamentales:
Una: el concepto de VIDA HUMANA.
Dos: el concepto de LIBERTAD (de hacer y de pensar…).
Tres: ¿Todo aquel que PIENSE DISTINTO distinto a uno (o a lo que se «debe» pensar) tiene que ser «dado de baja» u «objetIvo militar»? (absolver esta pregunta) Todas las demás conquistas me parecen adjetivas.

Todo ello implica tener al OTRO, como un YO MISMO, igual y sagrado.

Me temo que el surgimiento de las «farcrim», ahí sí motivadas para enfrentarse a las «bacrim», para llegar a las ciudades y camuflarse de «hinchas» en la barra de cualquier equipo y para trazar en las zonas marginales, en las comunas y en todos los barrios estigmatizados, «fronteras invisibles» y circunscripciones vedadas, se dará en el «postconflicto», no lo quiera nadie, mientras «Iván Márquez» y compañeros se convierten en colegas de Roy Barreras, Corzo y congéneres, con sueldos de congresistas y «primas» santistas, para colmar la aspiración a la igualdad de todos los colombianos (que fue un principio de lucha fariana) y reducir el índice de Gini.

Es el diálogo de dos ESTABLECIMIENTOS (El «establecimiento» fariano no tiene negros, tampoco indios, en su máxima dirección y al «negro Acacio» le encargaron manejar aquella tareíta enriquecedora y cruenta, tan baja pero tan productiva, que niegan siempre realizar). Y se van a repartir el país. Las clases medias otra vez de «sanduches».  Recuerde que el modelo económico neoliberal no está en discusión (que es el causante de la inequidad y del cada vez  mayor enriquecimiento de los ya ricos) y nada o casi nada de los principios esenciales por los que se inició el levantamiento revolucionario hace cincuenta años en Colombia y en otros países, se hará realidad política.

Cada uno va a ceder algo a cambio de su respectivo plato de lentejas (el de la reelección es uno), de receta muy original, con el aderezo que disimulará en los primeros mordiscos las partes vinagres o contaminadas: Mermelada en la cantidad que haga falta.

P.D  Banal, como la mayor parte de las discusiones que se plantean en el país, fue la de la fotografía en el yate, en el que los dialogantes guerrilleros soportan la resolana del mar caribeño con un fino wiski o de ron cubano de la más alta calidad (no se ha verificado aun), en un merecido descanso de sus intensas jornadas de reflexión, tan distintas a las de las montañas y a las de las selvas, o de las de las orillas playeras de algunos ríos. Imágenes semejantes llevan años viéndolas los comunicadores de las Farc en las revistas del jet-set y en las páginas finales y sociales de casi todas las publicaciones, y muchas de ellas debieron provenir de las celebraciones al interior del club El Nogal. La diferencia radica solo en las reacciones de rechazo. En el sarampión revolucionario de los veinte años, nos enseñaron a odiar esos solaces que eran privilegio de los oligarcas y de los burgueses arribistas. Pero esas rabias, como esa edad, son pasado. Qué tal que no.