7 de marzo de 2021
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Abatido líder guerrillero que fungía como enlace narcotraficante con los urabeños

22 de noviembre de 2013
22 de noviembre de 2013

 

Identificada la alianza criminal establecida entre el Frente 36 de las Farc y Los Urabeños, se procedió a elaborar un plan operativo que permitiera dar con el paradero de alias “Leo”, teniendo en cuenta su nivel de incidencia en el control de la producción y tráfico de estupefacientes.

Luego de acciones de inteligencia y policía judicial se logró determinar que el subversivo se movía por sectores rurales del municipio de Anorí (Antioquia), posibilitando de esta forma la materialización de una acción helicoportada por parte de unidades especiales de la Policía, quienes ubicaron a alias “Leo” en el cañón de San Pablo, mientras verificaba la producción de uno de los laboratorios del frente 36 de las Farc.

En la operación se logró la destrucción del laboratorio que revisaba el subversivo, el cual tenía la capacidad de producir 400 kilos de cocaína semanales.

La alianza criminal incluía el uso de una nueva ruta para el narcotráfico. Iniciaba en el sector del Cañón de San Pablo (Antioquia), utilizando la vía del municipio de Guadalupe, hasta salir a la troncal de la Costa, tomando rápidamente la vía hacia el departamento de Córdoba, para luego acopiar los estupefacientes en la zona costera de Moñitos en ese departamento y Turbo en el Urabá Antioqueño, luego los estupefacientes pasaban a control total y custodia de un sujeto que inicialmente se identificó como alias “El Loco”, cabecilla de finanzas de los Urabeños, quien disponía que esta droga fuera sacada del país en lanchas rápidas, pasando por Panamá, Costa Rica y México, para luego ser ingresadas a los Estados Unidos.

El frente 36 de las farc despliega acciones terroristas en los municipios de Anorí, Valdivia, Tarazá, Briceño, Toledo, Sabanalarga, San Andrés de Cuerquia, Yarumal, Angostura, Guadalupe, Campamento e Ituango. Además es reconocida como una estructura que prefiere el uso de explosivos frente a otro tipo de armas, de hecho, uno de los riesgos más altos que corrieron los uniformados de la Policía que abatieron a  Posada Montoya estuvo cifrado en la cantidad de minas antipersonales que los subversivos habían “sembrado” en la zona.