28 de febrero de 2021
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Si se cae el alcalde Petro, será por dar tanta papaya

30 de octubre de 2013

Dice  doña Ane Quilmes –espontánea corresponsal de El Campanario–  que si se produce la anunciada  destitución por parte de un Procurador medio oscurantista que tiene Colombia, Gustavo Petro  como  alcalde sería el responsable mayor, simplemente por dar papaya, fruta que tanto muestra con sus palabras, decretos  y resoluciones que a la gente en Bogotá  ya le quedaría muy difícil aceptar que produjo  un acierto si es que lo ha  intentado. Tanto el uno como el otro tienen el hábito de hacer  cosas que molesten a los demás, o que no debieran hacer.

Dar papaya, según entiendo, es dejarse ver haciendo o diciendo cosas que le pueden perjudicar en su imagen, en su  personalidad, tal vez oculta, y que pueden hacer daño  a los demás.

El sueño del hijo de San Antero

Petro es  persona que  sueña con la presidencia de la república, pero sus desaciertos son tantos y tan visibles que nadie conseguiría entender que si no hizo una buena tarea en la alcaldía pueda esperar ser ungido con ese cargo. Es posible, pues,  que después de tantos extravíos, el cordobés   solo resulte quedándose con el  título de “Rey de la Papaya”.

A Petro le cayó la alcaldía del cielo como un baloto y nunca ha sabido qué hacer con ella en el campo de las realizaciones que puedan ser perdurables   y de buen servicio para la comunidad. Y para dárselas de importante,  Ordoñez, desagradecido que olvida los votos que puso Petro para su errática primera elección, podría destituirlo, sin ninguna consideración siendo él  un hombre que funge de piadoso, porque así son las cosas de la sucia política que impera en Colombia.

Y eso puede suceder porque a Petro se le ocurrió meterse en el tema de las basuras capitalinas, asunto  que estaba bien atendido por unas empresas calificadas para ello y a las cuales si el alcalde quería llamar a atención  y obligarlas a funcionar como mayor eficacia, habría bastado con anunciarles una renegociación de los contratos, pero nunca volviéndolo un problema  desacreditador.

Y en vez de ganar, perdió, y perdió la ciudad con la sospechosa adquisición de unos vehículos de segunda y muy deteriorados y por el desorden que imperó en condiciones sanitarias durante muchos días en calles y avenidas.

Un político malcriado

Lo anterior demuestra nada  más  y nada menos que Petro es  un político malcriado como tal, que llegó al Palacio de Liévano sin ningún programa de gobierno, sin haber tenido nunca el plan de  hacer obras grandiosas e importantes para una  Bogotá que  vendada lo eligió como su alcalde.. Una o dos obras  habrían sido suficientes, o muchas consideradas como  posibles y viables. Que haga cosas que le gusten a todo mundo.

Y quién lo creyera, aunque  no pudiera  ser perdurable porque se desgastan muy pronto por la corrupción de los contratistas, el emprendimiento de  tapar los huecos de la ciudad sería algo inolvidable para unos pobladores que ya parecieran estar resignados a vivir y a convivir con las calles y avenidas de una urbe  que da la impresión de ser la   hija de muchas miserias.  Las entradas y salidas de los barrios están rotas, son peligrosas,  y estos dejaron de ser apreciados como joyas por sus propietarios, quienes  podrían presentarlas  como   expresiones de una  guerra destructora. Las negligencias  Petro son insospechables.

La oportunidad de hacer el Metro

El costeño nacido en Antero, Córdoba,  siendo hombre de desmedidas pretensiones,  podría haberse atrevido, haciendo el papel de estadista que piensa en futuros, a buscar, aquí o allá en el extranjero, la financiación de un metro elevado desde el extremo sur hasta la calle 170, superior al de Medellín, o por lo menos debiera haber dejado listas las extensiones hacia el occidente, para frenar el crecimiento de la ciudad hacía Chía y Cajicá, de vías tan importantes para una mejor movilidad como son las calles 53, 63 y calle 24, más conocida como la Avenida Luis Carlos Galán.

Lo que  nos dejaría

Nada perdurable quedaría de la alcaldía Petro. Ni siquiera la siembra de parte de los ocho millones de árboles que hacen falta en Bogotá, para que sea más ciudad, mas linda, con menos enfermedades respiratorias.

Y en los dos años que le quedan de mandato, Petro podría   hacer algo que de verdad trascendental, obra  perdurable. Cumplir con la promesa hecha al cerrar la plaza de masacres de toros Santamaría.

Unir en   su alrededor todas las entidades vinculadas a la cultura en Bogotá  en Una Sola Gran Casa de la Cultura para propiciar actividades –teatro, música, danza, pintura–  que puedan facilitar el correspondiente desarrollo y alejar  a muchos jóvenes de los 3  sexos de actividades  relacionadas con la droga y el crimen.

Con una pequeña inversión, Bogotá sería ejemplo para el mundo y Petro  tendría permiso para seguir  soñando con la Presidencia, con posibilidades ciertas. (Ane Quilmes).

TOLON TILIN

El alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, maldice permanentemente  el día en el que tomó la decisión de votar favorablemente, como senador,  la elección del procurador Alejandro Ordóñez, quien ahora pretende sumarlo a la larga lista de funcionarios que ha pasado por su temible guillotina.

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