18 de agosto de 2022
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Ñapa, DON BASTANTE

11 de octubre de 2013
11 de octubre de 2013

william calderon

El niño que vendría a engrosar la lista de neiranos ilustres al lado del maestro David Manzur, los periodistas Hernando Giraldo –cuya pluma seguimos extrañando- y el finado Darío Hoyos, se goza la vida con el nombre de Willliam Calderón Zuluaga.

Tan pronto nació, el Cotudo William se echó el primer editorial: una llorada de protesta porque estaba mejor en el hotel-matriz de mamá Adelita, una maestra que le dedicó 55 años a la educación. Doña Adelita dejó para la posteridad esta “jurisprudencia” educativa: la letra con hambre no entra. Y les embutía a sus alumnos proletarios tremendas mediamañanas y algos, junto con las vocales y consonantes.

Como su paisano caldense Víctor Renán Barco, de quien fue escudero, William ha sido manzanillo en provincia y estadista en Bogotá. Le ha ayudado su labia privilegiada de abogado que nunca vivió entre incisos. No saca un perro al parque.  

Es dueño de una lengua triperina que hace las delicias de la parroquia caldense a través de la radio,  en colaboraciones en La Patria y, desde unos años, en El Nuevo Siglo, eterno bastión de lo que queda del viejo lauro-alvarismo.

El  siempre risueño “Cabezón» Calderón ha hecho del humor y de la caricatura su modus vivendi y comiendi. Eso sí,  sería una calumnia del tamaño de la Catedral de Manizales decir que William ha dicho una sola mentira en su vida: solo ha sido hiperbólico, exagerado, para estar a tono con su voluminosa anatomía donde sobran kilos por todas partes, a pesar de que ha intentado todas las dietas. La que sigue actualmente es la que más disfruta y consiste … en comer de todo.

Imita personajes con tanta fidelidad que a veces se despierta y no sabe si es López Michelsen, Pastrana, Víctor Renán, Turbay Ayala, el hijo de doña Adelita, o su jefe actual en “La hora de la verdad”, de Radio Super, el exministro Fernando Londoño Hoyos, a quien William ya ve como futuro presidente de Locombia hasta el punto de que no le importa que lo regañe al aire. Se siente regañado por un  futuro presidente, una vez prescriba la prohibición legal que pesa sobre él.

En el pasado, Calderón se la jugó con personajes como su viejo amigo el exministro Rodrigo “El Ronco” Marín de quien fue su fiel Sancho Panza, y Noemí Sanín. Ninguno de los llegó a buenas. O sea, que candidato que apoya William, candidato que se quema. Sobre la campaña de Noemí, el de Neira escribe un libro del que solo se conocen el undécimo capítulo.

El Cabezón dio muestras de su “excelente” olfato político en las pasadas elecciones cuando se dejó tentar por  Noemí y le dejó tirada la candidatura a Uribe Vélez en Manizales, Neira e intermedias.

Calderón y sus kilos se sumaron entonces  a las huestes de la actual embajadora en Londres, donde Calderón y Clarita, su esposa y mártir, estarían de cónsules si el Cabezón  no hubiera barajado mal.

Pese a que lo dejó tirado en la cochina carretera, el presidente Uribe no olvidó a William y el día de su cumpleaños número 50, lo llamó a su celular para felicitarlo. De ñapa,  lo invitó a Palacio a tomar café, lo único que gasta Uribe, aunque hay que llevar el azúcar y el café. Él pone la crema de tubo o agua que llaman.

A propósito de su matrimonio con doña Clarita, William patentó un invento para vivir siempre feliz al lado de su costilla. El invento se expresa así: “En esta casa se hace lo que yo obedezco”, una de las frases de batalla del neirano. También es de los que afirma, con el puro alvarismo, que uno se casa para tener con quién hablar.

Los caldenses han  sonreído de la mano de William escuchando “La caricatura”, un programa que se transmite en Radio Manizales, de Todelar,  cuya paternidad responsable la atribuye en el tiempo a su gurú periodístico  Orlando Cadavid Correa, el único manizaleño nacido en Bello, Antioquia. Cadavid lo metió a la radio en 1984.

En “La caricatura”, William premia cada año un personaje distinto. Para ella nombra excelentes jurados que se enteran del fallo… por el mismo Calderón. O sea, primero adjudica los premios y luego nombra jurados. Así se evita disidencias.

Don Bastante se ríe luego existe. Felicitaciones al nuevo cincuentón, un gozador eterno.