2 de marzo de 2021
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¿Qué hacer después del éxtasis?

15 de octubre de 2013

rodrigo parejaLa constante colombiana a lo largo de los años ha sido la de vivir a golpes de inmediatez, de relámpagos que enceguecen y de fugaces actos heróicos , que tan pronto como llegan al escenario desaparecen sin ton ni son entre bastidores sin dejar huella o lección digna de ser tenida en cuenta.

Lo hecho por los futbolistas al mando de un técnico pragmático, serio y sin aspavientos ni aires de superdotado, como otros nacionales inflados a punta de periódico, merece una página especial en los anales futboleros del mundo, en los cuales, posiblemente, no haya antecedentes de esa magnitud: remontar un 3-0 en menos de 21 minutos, si se tiene en cuenta que el primer descuento llegó apenas a los 24 del segundo tiempo.

Hasta el momento en que Teo descontó  por primera vez,  había en un connotado sector de la prensa  un sentimiento casi que de alegría por el “fracaso” que esa derrota supondría para quienes hace rato no comulgan con el improductivo y adormecedor” bolillo-maturanismo”.

Cuando minutos después Falcao  hizo el segundo descuento y ya se advertía en el ambiente la increíble hombrada,  los apátridas adoradores de la rosca paisa  guardaron en silencio y casi a escondidas los estiletes que tenían preparados para destrozar a Pekerman y sus muchachos.

Fueron los mismos hipócritas que después se deshicieron en ditirambos ilimitados y se montaron alegres en el carro de la victoria, al cual le atravesaron hasta más no poder palos en la rueda con tal de defender a tantos fracasados.

Volver a la pregunta inicial es pertinente para no creer, que por el sólo hecho de estar entre el grupo de los 32, ya se cumplió la tarea y que de ahora en adelante todo no es mas es festejo, bullicio  e irresponsabilidad.

Lo primero que tendrían que hacer el periodismo serio y no comprometido con hombres del pasado, dirigentes , jugadores, aficionados y el mismo gobierno, sería tratar de sacar los mejores dividendos y canalizar este inconmensurable éxito hacia, por ejemplo, el desarme de los espíritus agresivos que están inmersos en el fútbol.

Nada sería más pernicioso para Colombia que llegar a Brasil en julio del próximo año, con el estigma de ser  la nación más violenta e intolerante en lo que a este deporte se refiere, con una pesada carga de víctimas debidas a la intolerancia y la violencia que no cesan, muchas veces estimuladas desde los propios micrófonos  por voces irresponsables.

Otra tarea podría estar orientada a la verdadera rehabilitación del futbolista colombiano, sometido y explotado desde hace tiempos por unos dirigentes ávidos de negocios multimillonarios,  pero con alma de negrero cuando se trata de respetar y conceder los más mínimos derechos a quienes los hacen ricos.

Y otro objetivo, este más específico en el campo deportivo, comenzar desde ahora la necesaria renovación o reingeniería que llaman ahora, dentro del seleccionado colombiano donde algunos, así a más de uno le fastidie, hay elementos que ya no están para jugar en un campeonato mundial.

No vale la pena mencionar nombres para no herir de pronto susceptibilidades, pero no puede ser que futbolistas con 33,34 35 o más años vaya a enfrentar a jóvenes y veloces atletas de otras latitudes, formados y forjados bajo los mejores parámetros para hacer un papel digno en la justa orbital.

Como en otros campos de la existencia humana, hay que dejar que quienes ya cumplieron su tarea reciban el agradecimiento de las gentes, pero en un acto de humildad y decencia, abran el paso a las nuevas generaciones que seguramente los van a reemplazar con lujo y competencia.