27 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Disparan…

20 de octubre de 2013

esteban jaramilloLas discrepancias llegaban al maltrato extremo, con toda clase de inmundicias en las frases. Disparaban: “traicioneros a la patria”, “ratas”, “idiotas”, “pequeños burgueses del balón” “troncos”, “incapaces”, “inútiles”, “hpes” “héroes de pacotilla” y muchos epítetos más. Las autopistas interactivas, especialmente, se llenaban de agravios con desesperante vulgaridad.

Cuando los márgenes de maniobra para la selección cambiaron y los goles llegaron hasta el empate, el vínculo afectivo se restableció con alocada pasión y los calificativos variaron: “gladiadores inmortales”, “héroes de nuestro tiempo”, “ídolos sublimes”, “campeones inolvidables”, “artistas del cuero”   y una variedad de adjetivos que ensalzaban  “la hazaña”.

Cuanto amor, cuantos entusiastas elogios, cuanta basura critica, al calor de un saldo numérico.

El futbol es una fiesta de caretas y disfraces, de pasión enfermiza, de absurda calificación. Hay tantos conjuntos erráticos que no saben ni entienden a que juegan, elevados a los olimpos porque ganan, con alocados métodos  propagandísticos de comentaristas vacíos, sin sustancia en los conceptos. Ellos, los “analistas “, “los expertos”, manipulan las impresiones del  aficionado, hasta llevarlos a la explosión insensata, desatinada, al calor de un resultado. Otros ganan con sobredosis de méritos y son víctimas de dardos envenenados.

Demuestra todo lo anterior, la fragilidad del vínculo entre tantos hinchas y su equipo. Hoy los futbolistas y el técnico son dioses. Mañana serán piezas de  olvido y descartes.

El hincha lo que da con amor desenfrenado, lo quita incómodo y rabioso con los mismos bríos.

Colombia está en una nube y hay que disfrutarlo. Algún día caerá de ella, como ha ocurrido siempre y el extremo destructivo, tan común entre nosotros, nos llevara a despreciar a estos artistas venerados. Ya la voz de Pekerman no será la melodía del maestro, sino la alocución carrasposa del fracaso.

El futbol debe verse y jugarse con ardor, con arrebatos y  delirio, propios del espectáculo. Pero también analizarse con reflexión y cordura, para evitar los despropósitos. La historia enseña. Recordemos los mundiales pasados, cuando el futbol puso nuestro mundo al revés, nos enloqueció con desbordes e ilusiones. Luego, las ambiciones rotas, los sueños destrozados, y el abismo.

Pd: Dios prohíbe tanto con su credo, pero perdona todo… el hincha permite mucho pero no perdona ni olvida.