5 de marzo de 2021
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Abstente-abstinente, frases de cajón, salvado-salvo

29 de octubre de 2013
29 de octubre de 2013


‘Abstener, abstenerse’. Es un verbo irregular que rige la preposición ‘de’, por ejemplo, “el columnista se abstuvo de mencionar que es imposible negociar con quien no quiere negociar”. Pero eso lo sabemos todos, como también que se conjuga como ‘tener’. Ignoraba, sí, la peculiaridad de su historia. Resulta que hasta principios del siglo XX era, según el diccionario de la Academia de la Lengua de 1914, un verbo exclusivamente pronominal. Sin embargo, en diccionarios posteriores está asentado como transitivo (“contener o refrenar, apartar”), pero ‘desusado’, lo que significa que antes sí lo empleaban con complemento directo. Entonces, ¿por qué no está como tal en la edición de 1914? En el Diccionario Ideológico de Julio Casares de 1959 aparece sólo como pronominal. Y en el de María Moliner de 1999 tiene, en su primera acepción, el carácter de transitivo, con esta definición: “Hacer que alguien se contenga de hacer cierta cosa: ‘El temor de irritarle más me abstuvo de intervenir’ ”. Y concluye: “Como transitivo no se usa con sujeto de persona”. Analizado el ejemplo, el sujeto (‘el temor de irritarle más’) no es de persona; y el verbo es transitivo (‘abstuvo’), pues tiene su complemento directo (‘me’). En cambio, si digo “yo me abstuve de votar”, el sujeto ‘yo’ es de persona, y el pronombre ‘me’ es reflexivo. Tres puntos, pues, a favor de M. Moliner. Hice este recorrido únicamente para llegar a esta frase del señor Pedro Felipe Hoyos Körbel: “Nuestro abstente elector delega su voz y voto en un mando fuerte, uno que tenga, aparentemente, poder de decisión” (LA PATRIA, 9/10/2013). ‘Abstente’, don Pedro Felipe, no es un adjetivo, sino el imperativo de segunda persona singular del verbo ‘abstenerse’, verbigracia, “abstente de echar mano de palabras a topa tolondro”. En realidad, ese imperativo es ‘abstén’, pero, como en este caso tiene que ser pronominal, debe agregársele el enclítico ’te’. Y no es más el cuento. Pasé  por alto, del mismo escrito, el participio irregular de ‘reelegir’, ‘reelecto’ (que sólo se usa como adjetivo) en las siguientes frases: “…a que un concejal será reelecto…”. “…con tanto acierto que ayer fue reelecto…”. En estas muestras debe usarse el regular, ‘reelegido’. Y lo pasé por alto, porque insistir en ello es ‘machacar en hierro frío’. ***

‘En este orden de ideas’. ‘El país sabe que no le he mentido”. ‘Eso es persecución política’. ‘Las fuerzas vivas de la ciudad’. ‘Les caerá todo el peso de la ley’. ‘Mi gobierno será transparente’. ‘Sentido de pertenencia’. ‘Hacer patria’. Éstas y muchas otras se llaman ‘frases de cajón’, o, aunque menos frecuente, ‘frase cajonera’. ‘De cajón’ (“obvio, evidente; regular, corriente”)  es la locución original, que se puede aplicar a muchas cosas (las felicitaciones en los cumpleaños, por ejemplo, son de cajón). De las ‘frases de cajón’ dice José María Iribarren: “A mi juicio, ‘la frase de cajón’, es la frase hecha, la expresión manida. En una Preceptiva Literaria leí que hace alusión a las imprentas y a esas frases estereotipadas de las que tanto usan gacetilleros y periodistas” (“El porqué de los dichos”). Y todo el mundo, añado: presidentes, políticos, líderes, ministros, predicadores, culebreros, contertulios, profesores… Lo peculiar de estas frases es que muchos de los que las usan lo hacen porque les suena bien, y las ‘tienen’ que emplear, aunque no cuadren en el contexto y no sepan qué diablos significan. Evitar dichas frases obliga al escritor culto a buscar otras maneras de expresar lo mismo, y a mejorar su redacción. Cierro con ésta del señor fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre: “El más interesado en que se abra el debate y que se llegue hasta las últimas consecuencias soy yo” (El Tiempo, 12/10/2013). Sincera o no, la frase no deja de ser ‘de cajón’. O ‘cajonera’. ***

Sociedad, secta, congregación o religión, una Comunidad Israelita, fundada por el ‘profeta’ peruano, Ezequiel Ataucusi, es el tema de un artículo de José Alberto Mojica Patiño en el que cita, sin entrecomillar, lo siguiente: “Pero ellos esperan ser salvos, como lo fue Israel, el pueblo escogido de Dios…” (El Tiempo, 14/10/2013). Hago esta salvedad, porque aparentemente esa es la forma como los miembros de esa comunidad se refieren a su salvación. Y, ¡claro!, están equivocados, no en su creencia, pues yo no soy quien para afirmarlo, sino en la forma de expresarla, es decir, en el empleo del adjetivo ‘salvo’, ya que éste significa “ileso, librado de un peligro”, y se usa casi exclusivamente en la expresión ‘sano y salvo’. Además, el verbo ‘salvar’ actualmente no tiene participio irregular (y si lo tuviese, sería disparatado decir “tu fe te ha salvo”), únicamente el regular, ‘salvado’, que no hay que confundir con ‘el salvado’ (“cascara del grano de los cereales desmenuzados por la molienda”), con el que los campesinos, además de la aguamasa, alimentaban, en tiempos ya idos, el marrano de Navidad… y los otros. La frase correcta es, entonces, ésta: “Pero ellos esperan ser salvados”, a saber, “recibir la gloria y bienaventuranza eterna”, ser ‘escogidos’, lograr la salvación. Amén. ***

La VEINTITRÉS: La mayoría de los manizaleños desea una solución salomónica para sus problemas. Pero, parece, en este pueblo no hay ningún Salomón.