26 de junio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Guía cultural de Pereira, centro del Eje Cafetero

1 de septiembre de 2013
1 de septiembre de 2013

Ese día, la ciudad estaba cubierta de banderas, las banderas de franjas rojas y amarillas que la identifican; toda ella estaba vestida para la ocasión, especialmente con las bellas flores de la región que adornaban sus centros comerciales, y por doquier había espectáculos artísticos, danzas, música, más y más gente recorriendo las calles, con sus caras sonrientes y el corazón agitado, palpitante.
pereira
Los vendedores, como es obvio, hacían su agosto; los ancianos desempolvaban los recuerdos a través de viejas fotografías que mostraban la pequeña y tranquila aldea de las décadas pasadas; sonaban las marchas de bandas militares, siempre acompasadas; las escuelas y colegios rendían honores a la patria chica, coreando su himno; las autoridades oficiales presidían solemnes ceremonias, felices por estar haciendo historia, y una cápsula del tiempo permanecía sellada hasta nueva orden, en la futura celebración del bicentenario, medio siglo después.

“Pereira cumplió 150 años, pero parece muchacha de quince”, comentó un parroquiano que se paseaba por la Plaza de Bolívar, llena hasta las banderas.

Historia fascinante

Aquí, por cierto, empezó la historia. Sí, hace 150 años, pero también desde mucho antes, cuando los indios quimbayas recorrían sus tierras, libres, salvajes, hasta el mal llamado descubrimiento de América hecho por los europeos.

Fue en este mismo sitio, hacia 1540, cuando el conquistador español Jorge Robledo, en busca de El Dorado, se lanzó a dominar la zona forrada en oro y fundó a Cartago, la primera Cartago, donde hoy es Pereira.

Una historia fascinante, en verdad. Porque esa primera ciudad debió ser abandonada, al parecer por razones económicas –según Wikipedia- o por seguridad para protegerse –cuenta la leyenda- ante los feroces ataques de los indios pijaos, para ser trasladada a un sitio cercano, la Cartago actual, en 1691, que se convirtió en uno de los más importantes centros urbanos de la Colonia.
celebracion 150 anos pereira
Después, mucho después, vino la colonización antioqueña del vasto territorio que se extendería desde el Viejo Caldas (con sus tres departamentos: Caldas, Quindío y Risaralda) hasta el norte del Tolima y el Valle del Cauca, una movilización popular sin precedentes en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX.

La nueva ciudad nació así el 30 de agosto de 1863, en plena colonización paisa; fue obra de personajes que con el tiempo se transformaron en figuras épicas, míticas (Jesús María Hormaza, Francisco Pereira, Remigio Antonio Cañarte…), y retomó el nombre de Cartago, pero Cartago Viejo, levantado “a golpes de tiple y hacha” que arrasaban los bosques espesos, selváticos, del paradisíaco valle enmarcado por los ríos Otún y Consota (Consotá, el poderoso cacique quimbaya).
Sólo seis años después de la fundación, en 1869, recibió el nombre actual y definitivo de Pereira, en honor a don Francisco Pereira, uno de sus fundadores.

¡Cuánta agua ha pasado bajo el puente!

Una plaza de postal

plaza de pereira
Volvamos a la Plaza de Bolívar. Aquí resurgió Pereira, como el Ave Fénix, sobre las cenizas del primer Cartago y sobre los restos de un antiguo cementerio descubierto en los cimientos de la Catedral de la Pobreza, el cual será dentro de poco “el primer museo in situ de la América hispana”.

“Catedral de la Pobreza”, repiten sus gentes, devotas de la Virgen milagrosa cuya imagen es realmente una réplica de la original que se fue en 1691 para Cartago, todo por iniciativa de Jesús María Ormaza, “católico ferviente” según reza una placa al interior del templo, en cuya cripta, en el mausoleo de los fundadores, descansan también los restos del padre Cañarte.

Sorpréndase, además, al ver que son dos catedrales en una. O mejor, es la misma pero con la estructura inicial, en madera, descubierta en gran parte de la enorme construcción que tiene sobre su altar mayor la imagen sagrada del Pantocrátor, digno igualmente de veneración como la de Nuestra Señora.

Y al frente, llegando a la otra calle, se levanta el soberbio Bolívar Desnudo, símbolo por excelencia de la ciudad, que hace precisamente cincuenta años, en la celebración del centenario de la fundación, se apareció acá en tamaño gigante, con su brazo derecho en alto empuñando la llama de la libertad mientras con el izquierdo se aferra al animal en galope, agitado, sudoroso, que salta y queda suspendido en el aire.

Ahora está restaurado, como nuevo, como recién nacido. Tiene medio siglo de vida, pero tampoco se le nota. “El Libertador” se volvió intemporal, eterno, viviendo en la gloria. Su inseparable caballo de tantas batallas lo acompaña en este viaje interminable, sin regreso.

A su alrededor, las palmas que nunca faltan, los palos de mango que nadie logró tumbar (sólo uno cayó por obra del alcalde “manguicida), una vieja casona paisa que a duras penas sobrevive, y varios empinados edificios, propios de la ciudad moderna, pujante, lanzada a la conquista del futuro.

Pereira tiene 150 años, ¡pero está en la flor de su juventud!

Paseo por el centro
tecnocentro
El centro de la ciudad es una meseta. Se extiende desde la Plaza de Bolívar, con sus brazos abiertos, hacia dos hermosos parques: el de La Libertad y “El Lago”, tan emblemático como su Bolívar Desnudo, con un encanto particular que nunca se olvida y con el ambiente más popular y festivo, de profundo contenido democrático.

La democracia, con sentido social, se aprecia sobre todo en la intensa actividad comercial a lo largo de las carreras séptima y octava, a las que se sumó la carrera sexta en los últimos años. Y en los vendedores que acosan por todos lados, a los gritos, como sólo se ve en China o en Medellín.

Lo popular, además, se refleja en las caras humildes y amables, de todas las razas, que se pasean sin complejos ni ínfulas de ninguna clase, aceptando que unos y otros son iguales, como hermanos según las sabias enseñanzas cristianas. He ahí la movilidad social propia de sociedades abiertas, al decir de los expertos.

Pero, sigamos el recorrido. Vaya usted a Ciudad Victoria, con centro comercial a bordo y el imponente Centro Cultural Lucy Tejada en honor a la gran artista pereirana, uno de cuyos más célebres murales está precisamente en el Parque de La Libertad, el de la Iglesia de La Valvanera, compitiendo acaso con otro mural, el único del maestro Rodrigo Arenas Betancur, a la entrada de la clínica del Seguro Social.

Dé un vistazo a la casa del poeta Luis Carlos González, el autor de “La Ruana”, que en su honor es la sede del Concejo municipal; pase al Museo de Arte Moderno, con exposiciones tan espectaculares como la de Fernando Botero; entre al Teatro Santiago Londoño, con la sala Carlos Drews para muestras de arte; y compre algo, porque tiene que hacerlo, en los cientos de almacenes de ropa, artículos deportivos, calzado, bolsos y correas, objetos de decoración y muebles para el hogar, siempre a la última moda.

No deje de saborear un helado en “El Lago”, dé varias vueltas a su alrededor para que se sienta definitivamente en casa, y agradezca al cielo la maravilla de presenciar la espectacular danza del agua, con su música de ensueño, que sólo usted encuentra en las mejores ciudades del mundo.
Y baje hasta el extenso Parque Olaya Herrera, con su edificio de la Gobernación y la Estación del Ferrocarril, adonde desemboca la Calle de la Fundación que comienza en la Plaza de Bolívar.
“¡Pereira es única!”, dirá usted al final del recorrido.

Belleza sin par
bellas
Elegantes centros comerciales, con las mejores marcas, y exclusivas zonas residenciales, que por momentos lo hacen a uno sentirse en Miami, más aún por el sol permanente, esplendoroso, con la luz, la intensa luz, las flores y los árboles, en un despliegue de belleza sin par, ante el cual ni siquiera sus propios habitantes dejan de sorprenderse.

Aeropuerto internacional, un hermoso zoológico, modernas avenidas, escenarios deportivos, centro de convenciones, restaurantes y hoteles para todos los gustos y presupuestos, servicio rápido de transporte masivo y, en general, una excelente infraestructura que se abre con el viaducto César Gaviria Trujillo y el puente helicoidal hacia Santa Rosa de Cabal (báñese en sus aguas termales y saboree sus famosos chorizos), luego de cruzar por Dosquebradas, municipio industrial que más parece un barrio de la flamante capital de Risaralda.

A pocos minutos, en las afueras, parques naturales, con la mayor biodiversidad del planeta, incluyendo el Parque Natural de Los Nevados; paisajes maravillosos –por Cerritos, hacia Cartago, en la vía al Valle, o por la salida hacia Armenia-, que con razón fueron declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco; y sobre todo, hacia donde usted vaya, gente linda y amable, mujeres bellas, muy bellas, verde y más verde, más y más árboles, más y más flores.
De veras que al cumplir sus 150 años, Pereira -según dijo un desprevenido parroquiano en la Plaza de Bolívar- está más joven que nunca. “¡Parece de quince!”.

(*) Miembro de El Parnaso Cultural del Eje Cafetero

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