9 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Entre copa y copa

22 de septiembre de 2013
22 de septiembre de 2013

Esta singular unidad investigativa de domicilio desconocido se ha tomado el trabajo de marcar todas y cada una de las etapas de una borrachera  monumental en la que sólo hemos incurrido yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos.

El enervante ciclo tiene invariablemente el siguiente desarrollo: Copeo leve o lenta empinada de codo con maní.  Copeo fuerte, rapidito, sin maní.  Exaltación de la amistad y el parentesco que incluye en el menú mutuas gracias y virtudes; el consabido “yo te quiero como a un hermano” o el “antes me caías mal, pero ahora te quiero más que  a un hijo bobo”.

Tras los cantos alegóricos y los bailes regionales, viene la auto-presentación con desconocidos o sea prendida con el simpático subido o en todo su furor que responde  con amplias  sonrisas cuando se le dice que es toda una cajita de música.

Al regreso del baño,  llamadas telefónicas reveladoras a las ex esposas o ex novias o ex amantes, sin que falte el trillado y mentiroso: »No puedo dejar de pensar en ti».

En la etapa   posterior aparece lo que estos genios llaman “La Revelación de la verdadera personalidad” que incluye  en riguroso orden a los siguientes especímenes que rinden culto al dios Baco: El depresivo; el adulador; el simpatías y el cuenta-chistes con un repertorio tan flojo y trillado que parece tomado del paisa de “La Luciérnaga”.

También vienen en caravana  los superdotados que se saben de memoria las capitales de todos los países del mundo; los políglotas capaces de dar los buenos días en 35 idiomas y los trotamundos  que han viajado por los cinco continentes  

Otros efectos de los consabidos lamparazos: Degradación del idioma. Insultos  al Santa Madre Iglesia. Alabanzas al Papa Francisco. Aplausos para José Peckerman.  Denuestos para “Sachi” Escobar, el DT del Once Caldas. Madrazos a granel para la clase política.   Autosuficiencia moral y económica con las infaltables frases de cajón: “Entiendo todo perfectamente”, “Tranquilos que yo pago”, “Frescos que yo manejo”. “Estoy bien,…más fresco que una lechuga”.

De ñapa:  Transmisión de la culpabilidad con las cacareadas disculpas, según las cuales, “algo le echaron al jugo ese… o “es el hielo, algo le pusieron”.   Repentina pérdida del equilibrio que  incluye, desde luego, caída libre o resbalones.  Caída del sistema que comprende enlagunada del tamaño de una piscina olímpica. Devolución del maní. O sea el equivalente  a la vomitada  de rigor que incluye  el abrazo al ídolo de porcelana (o sea la taza del inodoro). Taquicardia y delirio de persecución. Amnesia, pérdida de valor moral y juramentos posteriores, además de las aterradas preguntas para el guayabo:

¿Que me  le declaré a quién?, ¿Que besé a quién?  ¿Que me acosté con quién? ¿Que se la dediqué a quién?… no me acuerdo de nada. Y la promesa imposible del día guayabo catedralicio: ¡No vuelvo a beber!

La apostilla: En ritmo de porro, lo estampó en el pentagrama nacional  el maestro Don Lucho Bermúdez y lo cantó en su bella voz Doña Matilde Díaz:”Borrachera, borrachera, borrachera,  tú eres muy fea… borrachera, borrachera, borrachera, tú eres la causa de mi pelea”…