15 de agosto de 2022
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Álvaro Mutis, días que motivaron el canto

24 de septiembre de 2013
24 de septiembre de 2013

 

alvaro mutis

El poeta había acompañado a su amigo a Estocolmo a recibir el premio Nobel, y para nadie era un secreto su amistad. Pero en 1982 Mutis mismo seguía siendo un poco secreto, a pesar de su recorrido como poeta: un recorrido en el que dejaba deslumbrados a cuantos tocaba pero que no había acabado de cimentar su figura pública de escritor.

Su debut literario fue en 1948 con «La balanza», un libro que contiene seis poemas de Mutis y unas cuantas prosas escritas en colaboración con Carlos Patiño. «El tono es insólito y absolutamente desacostumbrado», diría años después Juan Gustavo Cobo Borda. «Firme, seguro.[…] Ya a los 25 años hablaba con la certeza de un viejo maestro.»

Un libro más, «Los elementos del desastre», precede a su huida a México. El libro fue publicado por Editorial Losada y contiene  «El húsar», poema dedicado a su mentor Casimiro Eiger:

Y no cabe la verdad en esto que se relata. No queda en las palabras todo el ebrio tumbo de su vida, el paso sonoro de sus mejores días que motivaron el canto, su figura ejemplar, sus pecados como valiosas monedas, sus armas eficaces y hermosas.

Algo de lo vivido durante los meses de cárcel que vinieron después se narra en el «Diario de Lecumberri». Fueron meses de creación intensa: también «La mansión de Araucaíma» fue escrita en la cárcel.

En México sigue trabajando en el área de relaciones públicas en la que ya se había iniciado en Colombia, pero su ritmo de creación se ralentiza notablemente: «No sé si en otro lugar he hablado del tren del que fui conductor»; cuenta en «El viaje» (texto publicado también en 1948): «El tren en cuestión salía del páramo el 20 de febrero de cada año y llegaba al lugar de su destino, una pequeña estación de veraneo situada en tierra caliente, entre el 8 y el 12 de noviembre. El recorrido total del tren era de 122 kilómetros:»

Este cuento, que algunos clasifican como poema, es calificado por R.H. Moreno Durán como un precursor del realismo mágico. Es, en todo caso, una pieza única en una obra extraña, definitivamente singular, como quiso serlo siempre su creador: nacido en Bélgica, de antepasados gaditanos, y criado en Coello, Mutis se declaró monárquico cada vez que tuvo ocasión de hacerlo. (Valga aquí la aclaración de Juan Cruz, quien afirmó con razón que Mutis «declaró esa forma de mando más desde la estética de los salones que desde la ética de las plazas»). Poeta excepcional, debe su reputación tardía a la saga de Maqroll el Gaviero, compuesta de seis novelas breves que publicó entre 1986 (La nieve del almirante) y 1993 (Tríptico de mar y de tierra). También en 1993 se publicó en la revista Gradiva el poema Pienso a veces:

Pienso a veces que ha llegado la hora de callar,

pero el silencio sería entonces

un premio desmedido,

una gracia inefable

que no creo haber ganado todavía.

El Príncipe de Asturias y el Reina Sofía, en 1997, y el Cervantes, en 2002, no logran romper el silencio literario que prevalece hasta su muerte, recién cumplidos los 90 años. Las palabras de Juan Gustavo Cobo Borda (escritas en 1973) definen con precisión su escritura: «No hay ninguna obra como la de Álvaro Mutis que me comunique con mayor intensidad, con más triste y amarga desazón, aquello que solo es posible calificar como las penurias del trabajo literario en Colombia.» Señal Colombia.