28 de julio de 2021
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Alfonsina Storni

6 de septiembre de 2013
6 de septiembre de 2013

gustavo paezEsta regla se cumplió en la vida de Alfonsina Storni. Sus primeros años fueron sacudidos por las limitaciones económicas, que la llevaron a ganarse la vida a los trece años de edad, cuando murió su padre: primero fue fabricante de sombreros, más tarde empleada de una farmacia y luego actriz en una compañía de teatro que viajaba de pueblo en pueblo.

Cuando regresó de esta actividad, supo que su madre había vuelto a casarse y se había marchado de la ciudad. Tiempo después, Alfonsina ejerció el oficio de maestra en Rosario y Buenos Aires, y al mismo tiempo colaboraba en los principales periódicos y revistas del país. En sus artículos se mostraba decidida defensora de las causas femeninas. Y al paso de los días se reveló como una de las poetisas más destacadas de América.

En sus libros iniciales, La inquietud del rosal y Languidez, se descubre su exquisita sensibilidad erótica y tierna melancolía, y en ellos comienza a aparecer su rebeldía ante un mundo injusto. En Ocre, su obra maestra, asoma un sentimiento de desengaño amoroso, tal vez proveniente de su condición de madre soltera a los 20 años. Se había enamorado de un hombre casado que le enturbió la juventud con la amarga experiencia de un hijo bastardo. Por eso le cogió aversión al matrimonio.

El país la consideraba su mejor poetisa romántica. «Me he pasado la vida cantando al hombre», decía, y luego agregaba: «Quiero un amor feroz de garra y diente, que me asalte a traición a pleno día». El no ser amiga del matrimonio no era obstáculo para tener continuas aventuras amorosas. Juana de Ibarbourou recuerda la siguiente escena en el puerto de Montevideo, mientras su amiga se alejaba hacia Buenos Aires: un enamorado se despedía de ella desde el muelle, encendiendo luces en forma de corazón.

Y llega su larga relación con el cuentista uruguayo Horacio Quiroga, hombre casado. A los 28 años, Alfonsina ingresó al grupo literario que él dirigía con el nombre de Anaconda (el título de uno de sus libros). Fue un romance tormentoso, que le causó profundas heridas. Quiroga fue su gran frustración.

Diagnosticado un cáncer de mama en 1935, fue sometida a una mastectomía radical. Tres años después reapareció el mal, como fiera voraz, que le produjo terrible abatimiento. Días antes de su muerte escribió el poema Voy a dormir, que sirvió de fondo para la canción póstuma compuesta en su honor: Alfonsina y el mar. En el final del poema, dedicado sin duda a Horacio Quiroga, la amante decepcionada exclama: «Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono, le dices que no insista, que he salido».

En octubre de 1938 fue descubierto su cadáver flotando en el mar. Quedaría fácil atribuir el motivo del suicidio a la enfermedad incurable. Pero a dicha circunstancia se une otro elemento de peso, que siembra la duda: fuera del desengaño con Quiroga estaba su mente desajustada por las toxinas de la vida, que le creó un peligroso estado depresivo.

Bogotá, 30-VIII-2013.

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