8 de mayo de 2021
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Descarrilar, disfrazarse, lenguaje incluyente, quien

27 de agosto de 2013
27 de agosto de 2013

osorio efraim

 

Cuando monté en bus por primera vez, ya lo había hecho innumerables en tren, de Santa Rosa de Cabal a la estación de La Capilla, en la vereda del  mismo nombre. Ida y vuelta. Y desde entonces decíamos, sin peguntarnos por qué, ‘descarrilar’ (con naturaleza de transitivo) y ‘descarrilarse’ (con sentido pronominal). Para la Academia de la Lengua, sin embargo, este verbo es sólo intransitivo, nada más. Por esta razón, la siguiente frase, para mí equivocada, es castiza para esa institución: “El maquinista del tren que descarriló el pasado 24 de julio en Santiago de Compostela…” (LA  PATRIA, Efe, Mundo, 1/8/2013). “¿Descarriló qué?”, me pregunto. En esta ‘curva’, creo yo, la Academia de la Lengua ‘se descarriló’. Porque, de acuerdo con su doctrina, que establece que el verbo ‘encarrilar’ es ‘transitivo’ y que puede usarse como ‘pronominal’, podemos decir en sentido figurado que “así como el ser humano puede encarrilar su conducta, puede también descarrilarla”; y “así como puede encarrilarse, puede asimismo descarrilarse”. En efecto, los dos verbos, ‘encarrilar’ (“Encaminar, dirigir y enderezar un carro, un coche, etc., para que siga el camino o riel debido”) y ‘descarrilar’ (“Dicho de un tren, de un tranvía, etc.: Salir fuera del carril”), tienen el mismo elemento principal, ‘carril’, a través de ‘carro’; y se diferencian únicamente por el respectivo prefijo, que los hace opuestos. No veo, pues, por qué no pueda decirse que “el maquinista del tren que se descarriló…”; y que “la imprudencia de ese maquinista fue lo que lo descarriló”. Y cerca, muy cerca de estos dos verbos, está ‘descarriar’ (“Apartar a alguien del carril, echarlo fuera de él”), transitivo también, también pronominal. ***

Uno se ‘disfraza’ para que no lo reconozcan, porque, según El Diccionario, ‘disfrazar’ es “desfigurar la forma natural de alguien para que no sea conocido”. En cambio, uno se viste a la usanza de alguna época para, por un motivo determinado, ‘mostrarse’. En la sección Supimos Que, de LA PATRIA, se lee: “En la velada de los años 40 la mayoría de bailarines llegó disfrazada con trajes de la época” (11/8/2013). Es clarísimo ahí el disparate, porque todos los que se presentaron a la velada llegaron ‘vestidos a la usanza de los años 40’ para participar en ella y para que los vieran y para que los fotografiaran y para que los elogiaran, sin ninguna pretensión de ocultar su identidad, pues tampoco usaron antifaces (caretas o máscaras). Vocablos precisos, comprensión cabal de lo leído. ***

Nicolás Maduro, ¿presidente de Venezuela?, dijo, ignoro si soplado por el pajarito aquel, “los millones y millonas” (¿de seguidores?). Semejante atrocidad no tendría, por su procedencia, importancia alguna, si no fuera por su connotación, a saber, el perjuicio inmenso que a nuestro idioma le ha infligido el detestable lenguaje ‘incluyente’, que es ‘farragoso, nocivo, inútil y traicionero’. Este último calificativo está patente en uno de los artículos de su iniciadora y en hora nefasta propagadora, la columnista de El Tiempo Florence Thomas. A ella, valga la verdad, casi nunca la ‘traiciona’, pero en el citado (“Ya es tarde”, 311/7/2013) cae, como dice el pueblo, ‘redondita’, varias veces. Contémoslas: “Cuántas veces, con mis viejos amigos y amigas, hablamos de vivir todos juntos cuando estuviéramos viejos” (según ‘su lenguaje’, debió redactar así: “…con mis viejos amigos y viejas amigas, hablamos de vivir todos juntos y todas juntas cuando estuviéramos viejos y viejas”); “Hoy todos tenemos entre 65 y 75 años” (y en ésta, así; “Hoy todos y todas tenemos entre 65 y 75 años”); “Cuando nos volvemos a encontrar todos…” (en esta última, de este modo: “Cuando nos volvemos a encontrar todos y todas…”). ¿Se da cuenta, madame, de lo farragoso, nocivo, inútil y TRAICIONERO que es su estomagante lenguaje incluyente? ***

En la época de Cervantes, el pronombre relativo ‘quien’ era invariable: Lope de Vega, en el primer acto de Fuenteovejuna, escribió: “Mirad los condes de Urueña, / de quien venís, que mostrando / os están desde la tumba / los laureles que ganaron”. Y Cervantes, en el capítulo I  del libro IV de Persiles y Sigismunda, dice: “…lo que no hacían por saber quién fuesen las tres damas francesas…”. En ambas muestras, y con las directrices vigentes, el relativo debe ir en plural. En Cervantes abundan los ejemplos en los que este relativo reemplaza un nombre de cosa: “Efectos vemos en la Naturaleza de quien ignoramos las causas” (Ibídem, II, V). “…de los cuales ignoramos…”, decimos hoy, cuando la norma enseña que el pronombre relativo ‘quien’ es variable en número y se refiere sólo a personas. El señor Sebastián Trujillo violó ambas en la siguiente oración: “Los jaliscienses saben que quien innova son las empresas…” (LA PATRIA, 27/7/2013). “…saben que las que innovan son las empresas”. En el mismo artículo escribió: “Hoy, en Jalisco están ubicados ocho de las cien compañías más importantes del mundo de la electrónica.”. “Están ubicadas”, señor, por la concordancia del adjetivo (‘ubicadas’) con el sustantivo (‘compañías’). Y su título: “¿Porque Jalisco?”, así: “¿Por qué Jalisco? Elemental. ***

La VEINTITRÉS: Cuando las medidas para su recuperación se toman tarde, ya es tarde para su ejecución.

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