29 de junio de 2022
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El ahijado de Gaitán

6 de julio de 2013
6 de julio de 2013

En efecto, el doctor Gaitán era padrino (ignoramos si de bautizo, de  confirmación o de matrimonio) del militar que segó a balazos la vida del director del periódico  “La Voz de Caldas”, en su oficina del centro de Manizales, el 12 de octubre de 1938.

El registro del parentesco lo encontramos medio agazapado en la página 15 del libro “A sangre y fuego”, escrito por el desaparecido periodista huilense Ramón Manrique, cuya segunda edición acaba de entrar en circulación. El autor -–que pasó por las redacciones de los principales diarios del país– mantuvo una estrecha amistad con el caudillo liberal inmolado pocas horas después de salir airoso de la que iba a ser su última defensa ante el jurado.

Manrique describió así esos momentos: “Esta mañanita lacrimosa del 9 de abril encontró a Jorge Eliécer Gaitán muy cansado. Había dormido poco. Hasta bien entrada la madrugada libró una batalla oral con fiscales, jueces de conciencia, testigos, parte civil y acusadores. Fue un torneo de esguinces  y golpes jurídicos en el que la Ley se estiraba o se encogía como una tira de caucho, al capricho del intérprete, en el entrevero de las hermenéuticas”.

“En estrados (prosiguió Manrique) el silencio recogido del acusado y de la audiencia. En la galería, un público mitad selecto y mitad popular, en el que primaban las blusas militares, porque era un militar –el Teniente Coronel Cortés, el ahijado de Gaitán… Cortés había matado, pero la magia oratoria del famoso penalista lo había librado, por fin, de pasar  media vida entre rejas”.

El veredicto –que suscitó enorme decepción en el diarismo nacional— fue proferido diez años después del aleve ataque contra el maestro Galarza Ossa, primera víctima del periodismo colombiano.

En el capítulo titulado “Las viñas de la ira”, don Ramón entraba en detalles sobre el manejo que el exitoso penalista y líder político le daba a la llamada “melaza congratulatoria”:

“Cuando el jurado de conciencia se pronunció con el sacramental “no es responsable”, (favorable a Cortés)  un trueno de aplausos repercutió en los oídos del gladiador togado. Luego, los abrazos, los apretones  y todas esas congratulaciones, mitad sincera, mitad de compromiso”.

Y concluía: “Gaitán, una sonrisa acá, un cumplido allá, un breve comentario más allá, se libraba como podía del cerco almibarado. Esto lo hastiaba, lo fatigaba, pero debía resistir, aparentar, ser político”.

En su único reportaje, concedido años después al periodista Jorge Consuegra, el oficial homicida dijo que no se arrepentía de su malvado proceder, que taladró el alma del periodismo caldense y que lo volvería a repetir. ¡Qué horror!    

La apostilla. Aquel catastrófico viernes 9 de abril de 1948, al despuntar la fría tarde bogotana, el padrino Gaitán se disponía a ingresar a la galería de los mártires de la política nacional, mientras su ahijado Cortés se alistaba para recuperar su libertad diez años después de haber asesinado, en estado de indefensión, a Galarza, cuya única arma fue siempre su muy querida máquina  de escribir para decir la verdad y nada más que la verdad.