17 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Una pieza procesal de innegable valor histórico

1 de junio de 2013

El 25 de agosto de 1.962, es decir, hace 51 años, apareció un cadáver sobre la carretera que de Mateguadua conduce a Rio Loro (Valle del Cauca). El diligente inspector de Policía, avisado del hecho, apresuradamente juramentó y posesionó a dos peritos y en compañía de su secretario emprendió la penosa labor de hacer el levantamiento del occiso.

Se inicia el relato

Así comenzó lo que podría llamarse la aventura idiomática-forense-judicial más singular de que se tenga conocimiento por estos lados. No solo por la intensidad de la escena de sangre que se describe, sino también por la riqueza descriptiva, el uso libérrimo del lenguaje y la precisión deductiva de los investigadores.

Todo esto quedó plasmado en las actas cuyas imágenes presiden este post, prueba gráfica indiscutible de que nuestro medio judicial ha evolucionado. Levemente, pero ha evolucionado. Así que nos hemos dado a la tarea de extraer y destacar algunos apartes de este intrigante caso policíaco.

La ortografía, copiada fielmente, es parte del encanto

Objeto de la diligencia:

“… diligencia de levantamiento de un cadáver que fue hallado muerto allí y que fue visto por unos campesinos que pasaban y al verlo que no se movía y que estaba encharcado de sangre lo reconocieron como muerto y avisaron al suscrito inspector…”

Descripción general, estado civil y profesión del occiso:

“…se encuentra sobre una charca de sangre el cadáver de un individuo de sexo masculino de unos 48 años de edad aproximadamente, al parecer casado porque tiene una argolla de matrimonio en el dedo anular de la mano izquierda, de profesión mecánico porque la ropa la tiene untada de grasa quemada, de piel morena tirando a negra, flaco, carepalo y medio canoso, y de unos 1,60 metros de altor, desconociéndose mas datos sobre la personalidad del muerto por tratarse de un hombre forastero y sin amistades en la región…”

La crónica policiaca continúa

Peculiaridades del cadáver:

“El cadáver del difunto se encuentra bocarriba, con la boca abierta y los ojos cerrados, con la cabeza medio ladeada como mirando un guanábano en completa producción, con el brazo derecho estirado hacia un lado y como saludando a alguna persona y el brazo izquierdo en estado de reposo, los pies semicruzados como haciendo el numero 4 (cuatro) y en aptitud totalmente rígida…”.

La descripción de las heridas

“… presenta un machetazo en la cabeza que arrancó desde la raíz de la oreja hasta parar levemente en la altura del cráneo, otro en la quijada inferior con estracion dental de dos molares y un raigon, otro en el pecueso que le alcanzó a afectar un escapulario de trapo completamente borroso, otro en la paleta izquierda que alcanzó a llegar hasta cerca del espinazo, otro en la región del nalgatorio que le interesó mayormente la nalga derecha y parte del güesito de la alegría, otro en el cuadril derecho y dos en la canilla derecha…”

Otras peculiares anotaciones

“Se ve claramente que los autores del asesinato no le pegaron mas machetazos al cadáver porque seguramente vieron que el muerto había dejado de existir…”

Esta antológica pieza forense demuestra que desde hace mucho tiempo la rama judicial en Colombia ha estado y continua estando…..“como mirando un guanábano en plena producción”.  O no?

Anécdota sobre la extensión de El Quijote

(Por David Sánchez Juliao, q.e.p.d.)

¡Qué largo es el Quijote!

No fue fácil para el cantante y compositor panameño  Rubén Blades, abogado de una prestigiosa universidad norteamericana, incursionar e imponerse en aquel mundillo de la música salsa de Nueva York. Y mucho menos fácil le resultó cambiar el rumbo y en ocasiones el sentido y el espíritu de letras y melodías relacionadas con el género.

En uno de aquellos almuerzos en el restaurantico cubano de Nueva York– el de la ropa-vieja, los moros y cristianos y las tajaditas de plátano–, le comenté que la grabación de El Pachanga, El Flecha y Abraham al Humor, esas obras que tanto le gustan y que se sabe casi de memoria, fue posible gracias a que el Secretario General de “Sonolux” en Medellín en  1975 era un Caribe de Sahagún:  Eugenio Quintero Regino.  No hubo mucho para explicarle a Eugenio, siendo de Sahagún pero, en su caso, le pregunté:

–Laopé—como nos llamamos: “pelao” en alrevesino–:¿Cuál fue el más grande escollo que encontraste cuando presentaste “Plástico” y “Pedro Navaja” a consideración de la casa disquera?

–Que eran muy largas—respondió a quemarropa.

–¿Y cómo reaccionaste?

–Con algo que pienso, los convenció.  Les dije:  Coño, ustedes están perdíos, pelaos. ¡Qué tal que cuando Cervantes presentó El Quijote a los editores le hubieran dicho:  No coño, Miguel, chico, esa vaina está muy larga, luego es mala, no pega, man, no pega, por largo y extenso, viejo-man-.  Las vainas así largotototas no pegan, convéncete.  Escríbete una vaina más cortica pa’que se venda, coño, Miguel escribe corto… que más o menos tienes talento, brother.

Los tres, Rubén, David-hijo y yo soltamos la carcajada.

–¿Seguro, Rubén, que eso los convenció?

Y él:

–Digo yo acá, comiendo ropa vieja en Nueva York y mamando gallo!