4 de marzo de 2021
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Una ley necesaria

15 de junio de 2013

Los senadores han admitido a debate el texto consensuado en una comisión bipartidista, que deberá aún someterse a enmiendas y a una nueva votación en menos de un mes. Pero la buena acogida del proyecto —84 votos a favor, 30 de ellos republicanos, frente a 15 adversos— auguran su aprobación.

Lo ocurrido en el Senado, sin embargo, es un “empezar a hablar”. La Cámara de Representantes, con mayoría republicana, se muestra más refractaria a la reforma. El presidente espera que el Congreso apruebe la ley antes del otoño, y es posible que tenga más suerte que su antecesor, George W. Bush, en su intento de regularizar a los indocumentados en 2007.

La reforma es más necesaria que nunca. El sistema actual, con más de 11 millones de trabajadores sin papeles, es disfuncional. Dejando de lado otras consideraciones, legalizar la situación de estos inmigrantes, como indican varios informes que maneja el Congreso, aumentará los ingresos en las arcas públicas y estimulará el consumo y el crecimiento.

El contexto es también propicio, al no haber ahora presión migratoria. Los cruces fronterizos ilegales se han reducido al mínimo en décadas, debido a la crisis en EE UU y al despegue latinoamericano. Es más, ha habido ya movimientos de retorno. Y la reforma propuesta por Obama invalida el argumento de que se trata de una amnistía para quienes violaron la ley: los inmigrantes tendrán que pagar una multa y los impuestos atrasados, y saber inglés. Su ciudadanía se tramitará después de la de los solicitantes que ingresaron legalmente. El proyecto va acompañado, además, de un reforzamiento sin precedentes de la seguridad fronteriza.

Los propios líderes republicanos son conscientes de la importancia de esta reforma. El problema es que el debate fue secuestrado en su momento por los sectores más radicales, encabezados por el Tea Party, lo que contribuyó a distorsionarlo. Más allá del “sentido común” al que apela Obama, está la pura necesidad política: el voto latino se ha vuelto decisivo para llegar a la Casa Blanca. Y en juego están, de momento, las elecciones legislativas de 2014.

El País, Madrid