5 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Gonzalo Rivera Ospina, un gran servidor de Dios

10 de junio de 2013
10 de junio de 2013

Han transcurrido exactamente 60 años y 173 días; desde aquel 17 de diciembre de 1952, cuando Su Santidad Eugenio María Giuseppe Giovanni Pacelli, Papa Pío XII, creó este distrito eclesiástico; y tan solo un sacerdote, de los 52 con que se inicialmente conformó esta institución, permanece con vida.

Se trata del padre Gonzalo Rivera Ospina, un caldense de 86 años de vida que a pesar de no ejercer un cargo particular en ninguna de las iglesias de la región, puesto que se encuentra en uso de buen retiro, se siente muy orgulloso y feliz de haber sido uno de los fundadores de esta Diócesis y aún se mantiene con plenas condiciones físicas.

‘’Mientras Dios me conserve con vida y me sienta con la suficiente lucidez mental para ejercer el sacerdocio, lo haré. Uno nunca termina su tarea en esto del apostolado. Yo por ejemplo aún tengo las fuerzas suficientes que me permiten asistir a cualquiera de las distintas parroquias de la ciudad a predicar la palabra del Señor y a confesar y todavía atiendo a uno que otro enfermo’’, manifestó agradecido el sacerdote.

El Diario del Otún, con motivo de esta importante celebración en la región, dialogó con el presbítero para rendirle una especia de consideración por ser el único clérigo que se mantiene con vida desde la creación de la Diócesis.


¿Qué ha sido lo más satisfactorio de su sacerdocio?

El servicio que se presta a la gente en la evangelización ofrece muchas facetas y siempre uno como sacerdote se siente orgulloso del trabajo con los niños y jóvenes en las escuelas y colegios. Igualmente de la labor que se hace con los enfermos, los campesinos y los obreros. Nosotros los sacerdotes siempre vamos a estar satisfechos de servirle a la humanidad.


¿Qué destaca de la Diócesis de Pereira?

Creo que ha hecho una tarea de evangelización maravillosa y ha propiciado el progreso de la región en todos los campos. Fuera del trabajo espiritual, sus sacerdotes se han preocupado por ir mucho más allá, realizando importantes obras sociales en sus respectivas comunidades.
Pienso que Pereira le debe mucho a la Diócesis, puesto que desde su creación, siempre ha estado presente en todas y cada una de las actividades que está capital y el departamento han emprendido por su desarrollo.


¿Qué añora de la Pereira de hace medio siglo atrás?

Yo conocí una ciudad bastante pequeña en donde había más cercanía entre las personas y las familias, ahora con el crecimiento y el progreso de la ciudad se ha generado una problemática bastante marcada, como lo es la pobreza en algunos sectores y se ha perdido un poco la solidaridad entre sus habitantes.

Ahora se ven muchas zonas marginadas, mucha población desempleada, mucha miseria, no hay la suficiente atención en los campos de la salud y la educación. Pero es allí donde cobra importancia la labor de la iglesia católica, para tratar de hacer más llevadera la vida de las familias no solo pereiranas, sino las colombianas y las del mundo entero.

¿Cómo ha sido la transformación de la ciudad en el campo religioso?
Ahora último he notado una asistencia maravillosa no solo en las celebraciones de las eucaristías, sino también en las diferentes actividades programadas por la Diócesis. Hay un importante trabajo con los jóvenes en el campo del apostolado y aunque todavía hay mucha gente alejada e indiferente, la iglesia sigue incansable en su misión evangelizadora.


¿Cómo hacer para acabar con la indiferencia de las personas?

La tarea es grande para el clero, porque tenemos que salir a buscar a la gente, ir a las casas, visitar los hogares y brindar una catequesis permanente, casi que diaria en cada parroquia y en cada comunidad. Esa es una necesidad urgente porque hay mucha ignorancia religiosa, hay que enseñarle a la gente a amar y leer la palabra. La familia está en una crisis enorme porque se ha convertido en una especie de comedor, dormitorio o rincón para el internet y la tv; pero el diálogo, la comunicación y el interés de los padres por educar verdaderamente a sus hijos se ha quedado un poco en el olvido.


…Y entonces?

Hay que recordarle a los padres que no basta con enviar a los hijos al colegio y a la universidad. La educación y la formación le corresponde es a los padres, ellos son los directos responsables de esto. La iglesia y el gobierno ayudan pero los auténticos educadores y formadores, son ellos. Entonces hay que prepararlos y educarlos para que sepan como hacer correctamente y como Dios manda, esa tarea.


¿Cómo ve la desbandada de algunos católicos hacia otras iglesias?

Pienso que es un reto no solo para la iglesia como tal, sino de todos los católicos, porque debemos comprometernos; no basta hacer la señal de la cruz sino que ese mismo signo debe ir acompañado de buenos sentimientos, de gestos de solidaridad, de justicia, de nobleza, de humildad, de buen trato a los demás, etc. Un buen católico no debe quedarse solo en la palabra sino que tiene y debe que ir mucho más allá y ponerla en práctica.

¿Se siente satisfecho con su trabajo evangelizador?
Hay que esperar al Señor a ver que dice, él es el juez supremo y padre misericordioso. Seguramente que uno como ser humano ha tenido sus debilidades, pero hay que trabajar hasta la último momento de nuestras vidas en honor a él.


El Dato

Desde su fundación, la Diócesis de Pereira ha tenido cinco Obispos: Monseñor Baltazar Álvarez Restrepo (1953–1976), Monseñor Darío Castrillón Hoyos (1976-992), Monseñor Fabio Suescún Mutis (1994-2001), Monseñor Tulio Duque Gutiérrez (2001-2011), y el de la actualidad, Monseñor Rigoberto Corredor Bermúdez.


El padre Gonzalo trabajó como cooperador en la parroquia de Aguadas, Caldas, donde se inició en el ministerio. Estando en la Santísima Trinidad, fue nombrado coordinador de acción social cuando los padre jesuitas dirigían la comisión de acción social que comprendían la asesoría a los sindicatos y la formación de los líderes católicos.