6 de marzo de 2021
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Golpe a las “ollas”

7 de junio de 2013

Y son insuficientes, porque el problema del microtráfico se ha extendido tanto a lo largo como a lo ancho del país, y no será fácil erradicarlo con una sola intervención y, menos, sin el compromiso en bloque de toda la ciudadanía, sus instituciones y el sistema de justicia y penitenciario.

Los resultados, tal como lo dijera el propio Comandante de la Policía Nacional, general José Roberto León Riaño, son apenas el comienzo de una batalla que debe durar tanto tiempo como sea necesario para combatir el problema del microtráfico, combustible de la violencia en las grandes ciudades y motor de financiación de las bandas criminales.

Se ha dado el primer paso y, como siempre, el definitivo para enderezar el camino y atacar este cáncer social que viene haciendo metástasis hacia otros ámbitos de nuestra vida cotidiana.

No basta con capturar a los cabecillas y grandes dueños de las ollas del vicio, sino que es urgente quitarles la materia prima de su lucrativo negocio.

Los adictos por un lado, que deberán ser atendidos de forma integral, con proyectos de salud contra su dependencia y proyectos de reinserción social a su vida laboral.

Las rentas criminales, por el otro, como quiera que el fenómeno del «reciclaje» del delito está en buena parte en lo lucrativo de la actividad ilícita, esa que permite que por cada capturado resulten tantos otros interesados en asumir el control del negocio y del territorio donde funciona.

Es ahí cuando al trabajo de la Policía y de sus organismos de inteligencia hay que sumarles la cooperación ciudadana, la capacidad institucional de los alcaldes y gobernadores y la eficacia y eficiencia del aparato de justicia, en el que la Fiscalía juega un factor determinante.

No son de poca monta los retos que le trae al país en su conjunto esta ofensiva contra el microtráfico. La trashumancia del delito es una realidad y por eso es vital la ayuda ciudadana para denunciar a los delincuentes, así como el trabajo interinstitucional para combatir otros fenómenos delictivos asociados al tráfico de drogas, como son la venta de armas, la trata de personas, el lavado de activos y, por supuesto, los altos índices de homicidios en las grandes ciudades.

Los primeros resultados de los 60 días son satisfactorios: 314 allanamientos, 780.067 dosis de droga incautadas, 38 estructuras criminales en proceso de judicialización, 1.641 capturados, entre ellos 42 cabecillas del microtráfico, así como 98 solicitudes de extinción de dominio de inmuebles convertidos en plazas de vicio.

El Gobierno, actor fundamental en este proceso, pero no el único, ha determinado extender este programa por 60 días más, con otras 25 «ollas de vicio» identificadas en varias ciudades del país.

La incorporación de 15 mil nuevos policías en los próximos 12 meses, sumados a los 20 mil creados entre 2012 y lo que va de 2013, son fundamentales para copar más territorios en manos de los delincuentes y recuperar la confianza ciudadana.

Todo este esfuerzo inicial debe estar sustentado en la continuidad y la revisión permanente de la estrategia, pues conocidas son las «mañas» de los delincuentes para adaptarse a las nuevas circunstancias. Hay que golpearlos en todos los frentes, pero sobre todo en la parte que más les duele: la de sus rentas criminales.

El Colombiano/Editorial