27 de febrero de 2021
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Glosario de Vergüenzas y de otras verdades.

7 de junio de 2013
7 de junio de 2013

maro aurelio uribeY puede tener algo de razón, pero para lograr ese fin es necesario conocer, sin hipocresías ni eufemismos, toda la génesis que causó y está causando este desasosiego, porque no todo proviene por el dolor de las víctimas causadas por los crímenes de la guerrilla, también por la conducta de otros agentes y por algunos  intereses mezquinos y ajenos a lo anterior o, al menos, esto es lo que se percibe o se escucha de los ataques al proceso de paz que se adelanta.

No hay una Nación en el planeta que haya tenido un variopinto de hechos o acontecimientos más azarosos, más escalofriantes, y que superan la ficción, como los que se han presenciado y vivido en Colombia a través de escenarios disimiles como los de la cruda violencia, terrorismo extremo, inseguridad urbana y rural, corrupción oficial y privada, impunidad en todos sus ordenes e infiltración de grupos al margen de la ley en las tres ramas del poder público, y, lo más grave, los desafueros de magistrados y congresistas para gozar de prebendas personales con tinte de ilegalidad, habida cuenta de que son los que administran justicia y los que hacen las leyes, todo esto ha ocasionado un deterioro o resquebrajamiento en la institucionalidad con un alto costo económico, moral y ético inconmensurable.

Estas situaciones vergonzosas para todos, y que en su mayoría, en una u otra forma, tuvieron, y siguen teniendo hoy en menor escala, la connivencia y la protección de las autoridades civiles, militares y de policía, como también han tenido a su favor el silencio cómplice y cobarde de la ciudadanía y, de manera muy especial, de algunos medios de comunicación que callan por temor o por otros intereses, lo que ha facilitado de manera expedita su consumación, garantizando una plena impunidad.

Todos los colombianos desde la década de los 40  hasta bien entrada la década de los 60, tuvimos que soportar con estoicismo la más sangrienta y feroz violencia política, protagonizada demencialmente por conservadores y liberales, y que no buscaban ganar ni territorio ni prebendas lucrativas, sino imponer unas mayorías con ideas sectarias y arbitrarias que los actores materiales ni las comprendían, pero que eran azuzadas por unos pocos intelectuales de uno u otro bando. En 1948, cobró la vida del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán Ayala, y que sirvió para encender la llama de la violencia política. Esta cruenta etapa se conoció como el ‘bandolerismo’.

En los 60, se empezaron a formar grupos subversivos con influencia, ayuda y asesoría   extranjera, tanto en doctrinas filosóficas como bélicas, y fue así como nacieron las FARC, con marcada tendencia comunista de la línea marxista-leninista, y se acantonaron en las montañas del Departamento del Tolima, conocida como la República de Marquetalia, municipio de Planadas, bajo el mando de Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, ambos fallecidos por dolencias de vejez. Con este grupo guerrillero se adelanta hoy en la Habana, Cuba, el proceso de paz, o sea, llevamos 53 años en este paseo amenizado con plomo ‘ventiao’.

En la década de los 70, tuvimos el auge de la ‘marimba’ o marihuana, cuyos grandes ‘capos’ estaban concentrados en la costa atlántica, esta época desató gran violencia ocasionada por vendettas muy personales en torno al propio negocio, se desconoce el número de víctimas; antes de finalizar esta década empezó la de ‘Troya’ con la entrada al mercado de la ‘nieve’ o cocaína, mucho más rentable que la anterior, y se empezaron a formar los grandes carteles de la droga, verdaderos emporios económicos -Medellín, Calí y Norte del Valle- . En todo los 80 y comienzos de los 90, Colombia vivió el terrorismo explosivo más desaforado, jamás vivido por país alguno. Es difícil calcular cualquier cantidad de víctimas.

Como retaliación a la persecución y en contra de la extradición, los carteles de la droga inician los más cruentos ataques: en 1984, ordenan el asesinato del ministro de justicia, Rodrigo Lara Bonilla; en 1989, asesinan en Soacha al candidato presidencial Luis Carlos Galán; ese mismo año hacen explotar un avión de Avianca en pleno vuelo, ll0 víctimas; empiezan los atentados explosivos contra edificios públicos (Das), vías públicas urbanas y a los locales de Drogas La Rebaja; en 1988, ordenan asesinar a Carlos Mauro Hoyos, Procurador General de la Nación; en 1990, ordenan el asesinato del candidato presidencial, Carlos Pizarro Leóngomez, en pleno vuelo de avión, y en 1991 ajustician al ex ministro de justicia, Enrique Low Murtra;  En 1989 y 1993, fueron dados de baja Gonzalo Rodríguez Gacha y Pablo Escobar Gaviria, respectivamente, sin embargo, estas muertes no hicieron la más mínima mella en el lucrativo negocio.

Simultaneo a los hechos anteriores, se crearon los primeros grupos de justicia privada como el MAS- muerte a secuestrados, financiados por el cartel de la droga; posteriormente, nace en el Magdalena Medio, Acedegan, grupo armado ligado al gremio ganadero: asimismo, nacen las autodefensas en Urabá y Córdoba, bajo el mando de los hermanos Castaño, y se irriga como peste por toda la geografía nacional; en 1985, nace el partido político de la izquierda, la Unión Patriótica, y éste es exterminado sistemáticamente, siendo asesinados dos candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal (1987) y Bernardo Jaramillo Ossa (1990), ocho parlamentarios, trece diputados, once alcaldes y miles de líderes y militantes por grupos paramilitares de todos los pelambres, realizando matanzas selectivas y múltiples como la de Segovia, Cimitarra, Puerto Boyacá, La Rochela, el Aro y Bojayá.
El 6 de noviembre de 1985, un comando del grupo guerrillero M-19 se tomó por asalto el Palacio de Justicia, Plaza de Bolívar de Bogotá, y mantuvieron cerca de 350 rehenes entre magistrados, consejeros de Estado, empleados judiciales y visitantes. La toma y retoma por parte del ejército y policía, dejó un saldo de casi 100 víctimas, entre ellos 11 magistrados y el edificio totalmente destruido. Se asegura que este asalto fue financiado con dineros del narcotráfico.

A comienzos del siglo XXI, se empezaron a oír las primeras denuncias sobre los desafueros criminales de las Auto Defensas o paramilitares, y sólo en el 2005 comenzaron con mucha desidia las correspondientes investigaciones, descubriéndose el macabro contubernio entre los miembros de esta organización criminal y una parte considerable, se estima un 40%, de la clase política dominante de este país; igualmente, se detectó la metástasis hacia las tres ramas del poder público, contagiando a la mayoría de Altos dignatarios y haciendo su agosto en las administraciones regionales y municipales. Cualquier parecido con un centro de acopio de albañales, no es coincidencia.

En el 2002, gana la Presidencia de la República, Álvaro Uribe Vélez, enfermo megalómano, prepotente y altanero, con tendencia inequívoca de sátrapa, muchos sostienen que su triunfo se le debe a la coerción de los paramilitares sobre parte del electorado, lo cierto es de que un 40% del Congreso fue impuesto por estos dispensadores de ‘favores humanitarios’. Algunos parlamentarios fueron condenados, otros están lentamente investigados y, unos más, protegidos por Autos Inhibitorios. La impoluta Corte mató el tigre y le cogió pavor al cuero. Inexplicablemente perdió el impulso en estas investigaciones, para conocer las causas tendremos que tener paciencia hasta que Iván Velásquez revele los arcanos que esto encierra.

La corrupción  es antiquísima, pero a partir de la administración Uribe, jamás se había visto una de tal magnitud: se compraron votos de parlamentarios para asegurar la reforma constitucional que permitiera la reelección Presidencia (Yidispolítica); la ignominiosa ‘chuzadas del Das’; el fraude de los promotores del referendo reeleccionista; los asesinatos a sangre fría en los falsos positivos; el tráfico de influencias y expoliación de la Dirección Nacional de Estupefacientes a cargo de parlamentarios; el tráfico de influencias y expoliación de Cajanal a cargo de Abogados y parlamentarios; el fenomenal fraude Agro Ingreso Seguro; la desviación de los recursos de la Salud por parte de las EPS, especialmente de SaludCoop: la vergonzosa postulación y elección del Fiscal Montealegre; la insólita reelección del Procurador; las megapensiones de  Magistrados de Altas Cortes y Congresistas. Y es mejor no seguir, a fin de evitar el vómito.

“La pacificación previa de los espíritus”, como escribiera Mauricio García Villegas, es una parte del ingrediente para la paz, pero no es la panacea, más que esa calma en los “espíritus”, una vez firmados los acuerdos de la Habana, se requiere de unas reformas estructurales de fondo en la justicia y en la política, a la par con la agraria y las de seguridad social, que garantice la sostenibilidad y perduración de una verdadera paz, que erradique de raíz los mezquinos y delictuales hechos mencionados, de lo contrario la paz será una quimera efímera sobre el papel, por cuanto los generadores de violencia quedan intactos y su caldo de cultivo seguirá cocinándose a fuego lento hasta su hervor, y la historia se vuelve a repetir sin la menor duda, sin conocerse su nueva dimensión.

¿Será que los guerreristas quieren más plomo?

Manizales, junio 1 de 2013.