1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Estupidez disponible en HD

16 de junio de 2013

alvaro marinQuienes vimos la ya lejana aparición de extraordinarios adelantos como el primer trasplante de corazón o la llegada del hombre a la luna, o fuimos testigos de descubrimientos con la magnitud de la televisión –primero en blanco y negro y luego en color– y la fotocopiadora, del cinemascope y el tecnicolor, el estéreo, la media pantalón, la motoneta, el casete, la calculadora, el fax, el computador, el LP, el monopatín, la cámara de video, el atari, la fibra óptica, el reloj digital, el velcro, el microchip, el control remoto, el post-it y la señal FM, entre otros inventos sorprendentes, es posible, entonces, que aún nos sobrecojamos ante la apabullante producción de novedades que continúan invadiendo la rutina cotidiana.

El carácter mágico de tales avances –hoy aparentemente primitivos o arcaicos– nos hacía sentir en un mundo de ficción o frente a la ocurrencia de fenómenos paranormales, pues a la sazón constituían auténticos sucesos internacionales, dado su inmenso aporte a la civilización. Bueno, también es cierto que en aquella época todavía existía la capacidad de asombro, facultad que ahora se encuentra extraviada en el reino de las alucinaciones artifi-ciosas.   

En la actualidad, el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de la comunicación, junto con la informática, le ha cambiado la configuración al mundo, abierto fronteras y creado códigos digitales que superan las diferencias y las distancias geográficas, idiomáticas, sociales y raciales. El Internet y el Skype, por ejemplo, ofrecen una sensación virtual de cercanía que producen emociones fugaces, que, para decirlo en lenguaje coloquial, equivale a permitirles a las personas estar juntas, aun cuando permanezcan solas y distantes.

Pese a tanta eficiencia operativa, lo que resulta más sorprendente aún es la cantidad de novelerías y de artilugios inútiles –otros dirán suntuarios– que vienen de la mano de la innovación tecnológica, de la moda y de la industria del entretenimiento. Paradójicamente, este puñado de enguandas llega a engrosar la enciclopedia mundial de la insuperable e incorregible estupidez humana.

El ingrediente más reciente de esta pandemia ecuménica que produce ejemplares necios, imbéciles, inmaduros y presumidos es, ni más ni menos, la economía de mercado que trabaja bajo el mandato del consumismo y de la súbita obsolescencia de los productos. Este es el secreto de la llamada productividad contemporánea: crear dependencias a escala y necesidades en serie que jamás obtendrán una satisfacción plena. Ahí está la clave de la competitividad.

La creciente adicción a la tecnología es el mejor caldo de cultivo para hacer imperecedera la dictadura de lo efímero, la globalización de la incultura y la procacidad enciclopédicas, así como el establecimiento de una individualidad materialista que socava los valores sociales y los principios familiares.

Y como quiera que nos encontramos en la era de la imagen y de la inteligencia artificial –una especie de pirotecnia verbal que encubre la superficialidad y la ineptitud–, cae como anillo al dedo el escueto concepto de HD (high definition=alta definición), que suministra formatos más alargados, semejantes a los panorámicos cinematográficos, que también aumenta la calidad del audio. Si ya están disponibles los teléfonos inteligentes para personas ignorantes y, cuando prima la forma sobre el contenido, para la prórroga indefinida de la mediocridad mental, no debe extrañarnos que el frenesí de la HD venga a sumarse a la orgía de la estupidez que acaba de alienar con fuegos artificiales a los usuarios y consumidores ávidos, además,  de fama y riqueza fácil.

Por último, tengamos presente que uno de los rasgos predominantes del género hu-mano es su propia estupidez, transformada durante los últimos tiempos en una variedad de esquizofrenia, que, según analistas autorizados, sigue costando más vidas y bienes que todas las plagas y guerras juntas.