13 de agosto de 2022
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El cumpleaños de la Universidad de Caldas

16 de junio de 2013
16 de junio de 2013

albeiro valencia llano

El ambiente regional

Para el año 1920 Manizales era un pueblo grande con 45.000 habitantes, capital de un departamento (antiguo Caldas) con buen nivel económico garantizado por la cultura cafetera y  por el comercio. La construcción del sistema vial moderno (carreteras, navegación por los ríos Cauca y Magdalena, cables aéreos y el ferrocarril) ayudaron a crear mercado interno y a unir las regiones entre sí, con el país y con el comercio internacional. Todo esto contribuyó al fomento de escuelas y colegios y al surgimiento de la cultura: en 1916 funcionaban en la ciudad ocho imprentas que editaban libros y revistas y en 1923 circulaban cinco diarios, de diferentes sectores económicos, políticos, ideológicos y culturales.

Debido a los incendios de 1922, 1925 y 1926, que consumieron todo el centro histórico, Manizales se transformó y se empezó a levantar la ciudad más moderna del país, gracias al apoyo del gobierno nacional, al cultivo del café y a su comercio. Al mismo tiempo la caficultura estaba impulsando el desarrollo de las otras ciudades (Pereira, Armenia, Riosucio, Salamina, Calarcá y Manzanares) y se favoreció la creación de escuelas y colegios. En este ambiente los sectores dirigentes presionaron para crear una institución de educación superior. Así, el escritor Rodrigo Jiménez Mejía publicó en el diario La Patria (marzo de 1936) un artículo que fue recibido con mucho entusiasmo. Anotó que “necesitamos un gran Instituto Universitario con cuatro secciones: un colegio de humanidades, bellas artes y pedagogía, en Manizales; un gran instituto de artes y oficios, en Pereira; una facultad de comercio, en Armenia; y una facultad de Agronomía y Veterinaria, en Salamina”. Las discusiones que generó esta propuesta crearon el clima para pensar en la universidad.

Surgimiento  de la Universidad Popular

Como consecuencia de la crisis económica de 1930, y cuando se iniciaba el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera, los dirigentes afirmaban que el desarrollo industrial requería no sólo de ingenieros y técnicos, sino de obreros calificados que no podían ser formados en las escuelas tradicionales de artes y oficios. En esta dirección el gobierno liberal de Alfonso López Pumarejo (1934-1938) promovió la organización de escuelas industriales y comerciales y la formación de obreros especializados y técnicos de nivel medio, en mecánica, electricidad, fundición, soldadura, sastrería y ebanistería.

Siguiendo esta orientación afirmaba José Ramírez Parra, director de Educación de Caldas, que en lugar de seguir fabricando bachilleres y creando un vasto proletariado intelectual, debía impulsarse la creación de escuelas que orientaran a la juventud hacia la preparación técnica para que se formaran en lo que necesitaban las empresas de nuestros pueblos y ciudades. Y anotaba que “en nuestro país están saliendo anualmente diez mil bachilleres y solamente dos mil pueden ingresar a las universidades ¿Qué están haciendo los ocho mil restantes? Formando en el inmenso ejército de los fracasados”.

Parece que todos estos argumentos orientaron al gobernador de Caldas Guillermo Londoño Mejía, para promulgar la Ordenanza de Julio de 1937 que ordenaba crear el Instituto Politécnico de Caldas, integrado por los siguientes planteles: el Instituto Universitario, que sería el núcleo central, la Escuela Normal de Varones, la Escuela Normal de Señoritas, la Escuela Normal Rural, la Escuela de Artes y Oficios, la Escuela de Bellas Artes, una Escuela de Comercio, una Colonia de Vacaciones y una Granja-Escuela de Agronomía y Veterinaria. El Gobernador consideraba que el Instituto Politécnico evolucionaría hacia “un centro educativo que convertiría a Manizales en ciudad universitaria”; sin embargo hubo que esperar seis años más para ver surgir la institución de educación superior. Había un problema serio porque los líderes populares del Partido Liberal, como Efrén Lopera, venían impulsando la idea de una universidad técnica para las necesidades del departamento, mientras que la clase dirigente quería las facultades tradicionales de Medicina y Derecho, por el estatus social.

Este forcejeo lo ganaron los sectores populares, con la Ordenanza 006 del 24 de mayo de 1943 que creó la Universidad Popular, y se observa claramente en los objetivos: dar enseñanza secundaria y comercial, dar enseñanza técnica e industrial, formar peritos agrícolas y pecuarios, fomentar la enseñanza de las bellas artes, impulsar la cultura de la mujer caldense y lograr el mejoramiento de la cultura intelectual y la mayor capacitación de los obreros manuales.

De la Universidad Popular a la Universidad de Caldas

La sede de la Universidad era el famoso Instituto Universitario y desde aquí empezó a despachar el primer rector, Flaminio Lombana Villegas, sin embargo ya se habían iniciado los trámites para construir el Palacio de Bellas Artes como nuevo edificio para la institución. Luego, en mayo de 1946, los diputados Otto Morales Benítez y Ramón Marín Vargas, presentaron un proyecto de ordenanza para convertir la Universidad Popular en un establecimiento público con personería jurídica y con presupuesto propio, garantizado por el 5% de la renta departamental del tabaco.

Como era necesario conseguir un campus para la institución el gobierno departamental compró la finca Santana, propiedad de los hermanos Gómez Arrubla, en el sitio de Palogrande, y se comprometió con los gastos de construcción y compra de equipos para adecuar los edificios. Cuando cambió el régimen político, el nuevo presidente, el conservador Mariano Ospina Pérez, nombró al doctor José Jaramillo Montoya, gobernador del departamento. Desde ese momento se inició una nueva etapa para la universidad con el nombramiento del educador Juan Hurtado Henao, el 28 de septiembre de 1946, como rector y con el compromiso de convertirla en una verdadera institución de educación superior. Como respuesta el 19 de diciembre de 1949 se crearon las facultades de Agronomía y Medicina Veterinaria, el 10 de marzo de 1950 se organizó la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas y el 12 de diciembre del mismo año la Facultad de Medicina Humana. De este modo se crearon cuatro carreras profesionales, de prestigio, para satisfacer las exigencias de la clase dirigente. Estos programas se sumaron al de Bellas Artes, que venía funcionando sin interrupción pero con serios problemas económicos, desde su creación en 1931.

En 1955, en el programa general de festejos del Cincuentenario de Caldas, se inauguraron las siguientes obras: edificios de las facultades de Derecho e Ingeniería; restaurante universitario; el Departamento de Lenguas; clínica externa veterinaria; servicios médicos y odontológicos; Conservatorio de Música; Sala de Cultura Quimbaya “Francisco Jaramillo Montoya”; biblioteca y Sala de lectura en el Palacio de Bellas Artes y los tres primeros pisos del moderno Hospital Departamental. Todo esto ocurría durante el régimen militar, cuando se desempeñaba como gobernador el coronel Gustavo Sierra Ochoa.

Para esta época la universidad había perdido relación con el Instituto Universitario porque estaba en sede propia, estrenando edificio y sus programas académicos correspondían a una institución de Educación Superior; por estas razones se replanteó el nombre de Universidad Popular – Instituto Politécnico, que correspondía más a una entidad de formación secundaria, y el 6 de marzo de 1956, el Consejo Directivo oficializó el nombre de Universidad de Caldas.

Así transcurrieron los primeros años de esta institución que logró conquistar un importante espacio en el panorama nacional, de acuerdo con los siguientes logros: Acreditación en Alta Calidad, cinco sedes en Manizales, seis facultades, más de 13.000 estudiantes, 53 grupos de investigación escalafonados por Colciencias, 14 revistas indexadas y 100 convenios internacionales. Sin embargo el camino recorrido ha sido difícil y lleno de obstáculos.