1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Con arzobispo y Eucaristía celebró los 40 años el asilo San Antonio de Padua

3 de junio de 2013
3 de junio de 2013

Dolly Rodríguez de Rivera, el timón de la institución en varias décadas, que por naturaleza rechaza que le tomen fotografías, aceptó posar excepcionalmente al lado de monseñor Restrepo. Cuarenta años no se cumplen sino una sola vez, le recordaron. Allí estaba, en primera línea, su esposo, Alberto Rivera, quien también ha sido su aliado en la lucha por sostener tan nutrida familia.

Entre todos los miembros de la familia, sobresalía  Adela Morales Quintero, nacida el 31 de diciembre de 1912, al lado de sus compañeros, el menor de ellos de 72 años. Adelita, así la llaman sus “hermanitos”, sonrió para la foto y elevando un vaso repleto con jugo le deseó a la institución larga vida.

Sostener este “familión” no ha sido fácil. Las Damas de la Caridad de entonces, encabezadas por  doña Sara Muñoz de Rodríguez, con el apoyo del  cura párroco, Alejandro Restrepo, se echaron encima  la responsabilidad de 30 viejitos. Desde entonces, los neiranos también asumieron como una devoción dar el atadito de panela,  la libra de arroz, el chocolate, la sal, el maíz para las arepas y el aceite.

Instituciones como la Fundación “Roberto Tobón” hacen una contribución económica para su sostenimiento. El municipio de Neira paga hace varios años el servicio de energía. Es el único aporte que hace.

Dos empleadas, que son como las “madres” de los adultos mayores, pagadas con los aportes voluntarios, tienen sobre sus hombros la responsabilidad de los tres golpes diarios. Todos los días, muy temprano, están prendiendo los fogones para la cocción de los alimentos.  En esta rutina, que realizan con mucho cariño, llevan varios años.

En los 40 años del Asilo, el trofeo mayor, según muchos neiranos que han seguido de cerca la institución, se lo merece Dolly Rodríguez de Rivera, la persona que está al pie del cañón. Es la cabeza de un grupo de damas que viven pendientes del bienestar de una de las familias más numerosas que hay en Neira, el Asilo San Antonio de Padua.    

Tanto la administración municipal como la ciudadanía deberían comprometerse más con esta institución para que garantice su sostenibilidad. Se trata de una ayuda que debe ser YA. Cuando una entidad apenas se sostiene, es conveniente darle el empujón para que se consolide y pueda enfrentar hacia el futuro dificultades que son propias de  las instituciones sociales que carecen de ingresos fijos.   

La Alcaldía, sobre todo, es la llamada a contribuir en este tipo de causas. El Asilo San Antonio de Padua encaja perfectamente en la inversión social que no sólo recibe recursos nacionales sino que posee rubro propio en el presupuesto municipal.