25 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

«La radio es una realidad a un botón de distancia»: Alejandro Marín

23 de mayo de 2013
23 de mayo de 2013

alejandro marin

Imagen Caracol Play

Luego apareció en la “X” de Todelar. La estación capitalina acogió con beneplácito su forma de ser, su manera de expresarse y sus conocimientos musicales. La emisora también cambió, se renovó y comenzó a escalar posiciones en el difícil mundo del rating.

El manizaleño logró que la estación se respetara y cautivara un gran público. Sin embargo, todos le preguntaban por su paso por W Radio. Alejandro va contando sus historias. Le encantan sus recuerdos y desea perseverar en la radio, con sus voces y sonidos, con sus sentimientos y romanticismo.

–¿Recuerda sus primeros días en la radio?
–Como si fuera anoche que fui, a mis siete años, a recitarle poesía a Marco Aurelio Álvarez en la madrugada en el Edificio Don Pedro, donde estaba Caracol Radio Manizales. Como si fuera esta mañana que me paré, de chiquito, contra el ventanal de Veracruz Estéreo Manizales, y miré maravillado hacia adentro; con más emoción todavía cuando Mauricio Pérez me vio, hizo mi mismo gesto contra el ventanal, pero del otro lado, sonrió y me hizo con la mano: «entre». A mí jamás se me va a olvidar eso.

–¿Cómo fue su experiencia trabando con Julio Sánchez?
— Fue dura. Un bautismo de sangre y de fuego.

–¿Cuál fue la gran entrevista que usted tradujo para La W?

— Las que traduje y conseguí con Abdel Aziz Rantissi. (Cofundador, junto con el jeque Ahmed Yasín, de la organización islamista palestina Hamás).

–¿El momento inolvidable en el equipo de la W?
–Los premios Oscar de 2004 con Luis Sarmiento. Alquilamos un carro y no teníamos acreditación. Solo teníamos los pasajes, así que nos quedamos en la casa de don Armando Plata Camacho, trasmitiendo y a veces durmiendo.

Cuando llegamos, Ernesto McCausland se nos adelantó y entrevistó a Jamie Foxx y preciso al año siguiente Foxx se ganó el Oscar. Julio casi nos mata. Así que esa misma tarde nos dividimos; Lucho y yo nos fuimos juntos en un carro y Claudia Morales y Carol Guerrero se fueron a cubrir otras cosas. Claudia se fue para el Beverly Hilton Hotel y entrevistó a Alec Baldwin, quien aún no era tan grande porque no había firmado para hacer «30 Rock». Carol se fue a verse con Alexander Payne -quien ese año se ganó el Oscar por «Sideways», pudo haber sido el
año siguiente- y Lucho y yo nos miramos:

–«Guevón: ¿qué vamos a hacer?», le pregunté.

–«Tengo una idea», dijo Lucho.

Pisó el acelerador y en media hora estábamos sobre la Sunset Strip camino a un par de cuadras de Hollywood y Highland. Unas cuadras más
allá del antes conocido como el Kodak Theater, Lucho volteó a la izquierda e hizo una fila larguísima de solo limosinas. Nosotros íbamos en una Station Wagon, entonces era obvio que ni estábamos invitados al evento ni que íbamos a pasar inadvertidos.

–«¿En dónde estamos?», le pregunté.

–«Estamos en la entrada de Morton’s, el famoso restaurante donde se reúnen a comer todos los nominados.»

–«¿Y cómo vamos a entrar?»

–«Ya verás», me contestó Lucho confiado. La van en la que íbamos avanzó lenta y optimistamente cerca a la  entrada, donde iban recibiendo los carros finos y las limosinas. Por un instante, pensé que la íbamos a lograr. De repente, una oficial de policía y un acompañante de seguridad del restaurante fueron avanzando hacia donde estábamos nosotros parqueados. Ambos traían una lista. La señora se acercó, y Lucho se hizo el bobo con la ventana, hasta que ella con su esfero le pegó tres toquecitos para que bajara el vidrio.

«¿Yes, gentlemen?», preguntó cordial la señora gorda y mona.
«Sí», contestó Lucho en su inglés neoyorquino, muy bien puesto y educado, «Estamos buscando a Tom.» (Obviamente se refería a Tom Cruise. Yo no podía creer lo que estaba viendo.) La señora pidió el apellido de Luis, quien lo deletreó y todo. Después de ver que en efecto, Lucho la estaba tratando de timar, alzó la cabeza y con una mirada típica del gringo típico, le dijo en tono suave y sarcástico:
«Amor, TODOS estamos buscando a Tom. SEGURIDAD» Y nos echaron. No conseguimos la entrevista, pero Lucho me regaló unas medias negras. Fue muy divertido.

–¿Por qué se retito de la W? ¿Fue un error?
–Por presión. Julio ya no me quería ahí, había intereses grandes de sacarme de Caracol. Gente que estaba recién llegada a puestos desde donde podían manipular las cosas lo suficiente como para sacar a un peón más de Julio. Cometí muchos errores también; pero la verdad es que me los cobraron mucho más caro de lo que valían. No fue un error. No había ya mucho más qué hacer en La W. La W es Julio y el resto son peones.

–¿Cómo ha logrado mantener a La X a la vanguardia de la sintonía?
He ido aprendiendo. No sé si esté a la vanguardia de la sintonía, pero creo mucho en el trabajo que he hecho ahí. Yo conocí La X en 1999, después de salir por primera vez de Caracol Radio, y aunque lo que vi en un principio no me gustó, siempre supe que algún día iba a trabajar allá, sabe? Ni siquiera entiendo por qué tuve esa certeza, pero supongo que a eso se refieren las escrituras con respecto a la fe como un grano de mostaza. Nunca perseguí La X, nunca la codicié, pero siempre supe que algo iba a hacer allí. La labor en La X ha sido un conjunto de buenas cosas: una oportunidad
única de dirigir una emisora de música, mi sueño más anhelado en la vida, desde que tenía 9 años.

Ha sido también un aprendizaje increíble al lado de otro tipo de hombre de radio, Carlos Arturo Tobón Kaim: una persona excepcional, de un respeto asombroso por su personal administrativo y radial; accesible a pesar de su privilegiada posición como vicepresidente de una cadena de radio, educado en la economía doméstica de su papá para hacer radio, pero entrenado por los norteamericanos para entender de fórmulas, de sonido, de dinero, de relaciones humanas. Y sobre todo: un líder que no te grita y que no te maltrata, y que así, consigue lo que él quiere. Esa combinación de experiencias previas, de aprendizajes anteriores, de conocimiento de la industria mundial de la música, vinculado a una fórmula que ha sabido aplicarse al entorno
local de la radio en Bogotá en un momento en que la pelea de la radio es por la sintonías nacionales, ha servido para que podamos hacer la
radio que queremos, la que soñamos, el periodismo musical que tanto nos gustaría que la gente joven oiga.

–¿Jaime Sánchez fue un buen argumento para promocionar a La X?
–Fue el mejor argumento.

–¿Cronológicamente musicalmente cuál es su etapa?
–La del escepticismo (ajajajajajaj)

–¿Los rockeros colombianos si tienen futuro?

–Todos los músicos colombianos tienen futuro, sin importar el género.

–¿Cuál es el artista nacional que usted ve con más futuro?

–Yo no sé si el futuro pueda verse con tanta claridad desde mi perspectiva Ed, sabe? Porque siento que el futuro está compuesto de dos tipos de presentes: aquellos en los que ciertas cosas, ciertas canciones, ciertos artistas están «pasando» a nivel comercial, o a nivel de shows, o a nivel de toques, o de radio, o de canciones, están sucediendo, pero «no van a pasar» en el sentido de que quizá ese legado no esté verdaderamente atado a una sensibilidad duradera, que genere catálogo, clásicos y carreras. En ese sentido mucho de lo que pasa hoy en la radio es un espejismo creado por grandes negocios y dineros grandes también.

Y están aquellos artistas que NO ESTÁN SUCEDIENDO desde esa perspectiva «macro» de la radio, de los toques, de los grandes shows, pero que VAN A PASAR, porque están más conectados con nuevas audiencias, desarrollando propuestas convincentes así se vean pequeñas ahora, persuadiendo a audiencias y fidelizándolas para que los acompañen en nuevas aventuras; haciendo otro tipo de negocios, más preocupados por el desarrollo y la prolongación de catálogos previos, muy queridos por el público colombiano y muy ricos en sus posibilidades de expansión; gente dedicada.

Pero si usted me pregunta a mí por alguien que durante un buen rato ha estado al frente de una vanguardia y que viene sucediendo con juicio, con trabajo, con dedicación y con visión empresarial, tendría que decirle que es Andrés Shaq del Freaky Colectivo.

–Usted trabajo al lado de Yamid, Darío y Julio. ¿De esta trilogía quien tiene el mejor genio?
–Darío, sin lugar a dudas.

–¿Cuál es el mejor guitarrista?
–No sé cuál sea el mejor, pero mi favorito siempre será Jimi Hendrix.

–¿Su grupo favorito?
–Se me acabaron los grupos favoritos, Ed. Fui muy fan de U2 pero cuando leí en Los Angeles Times que The Edge estaba construyendo unas mansiones en una reserva ecológica, toda esa retórica de Greenpeace y de Amnesty International con la que me crié oyéndolos me decepcionó
profundamente. Recientemente puedo decirle que me gusta mucho lo que hace Skrillex, lo que hacen los Birdy Nam Nam en vivo, me encanta lo
de Marcelo D2, me gusta Gary Clark Jr, hace unas horas vi a Nas en concierto, y me hizo seguir amando el hip hop por sobre todos los géneros…

–¿Es usted un periodista musical o un disc jockey?
–Soy un disc jockey que se metió al periodismo para ser un buen disc jockey.

–¿Qué periodista le marco el norte de su vocación?
–Carl Bernstein.

–¿A qué comentarista musical escuchaba antes de llegar a la radio?

–A Shadoe Stevens. No me lo perdía ni porque no hubiera radio.

–¿Por qué no esta en las frecuencias musicales de RCN Y Caracol?

–En RCN porque allá se hace lo que manda Villalobos. Y en Caracol porque salvo en Radioactiva, en las musicales no hay soldados con quien hacer una buena batalla de radio. Mucho cacique y ningún indio. Todos son «estrellas.»

–¿La Blu es la alternativa de la radio nacional?
–Néstor Morales es una alternativa. Blu es una colcha de retazos de lo que ya hicieron Julio y Peláez.

–¿Qué emisora le gustaría dirigir?
–Ya no quiero dirigir más emisoras. Mi nueva meta está en otra parte de la radio ahora.

–¿Cuál es el tema de nuestro folclore que más le gusta?
–«Oropel» de Garzón y Collazos.

–¿Su generación escucha y le cree a Darío Arizmendi?
–No.

–¿Ha visto el Show de las estrellas?
–Sí señor.

–¿Recuerda alguna canción de Claudia de Colombia?

–Claro que sí. Su versión de «El Cóndor Pasa.»

–¿Tienen futuro las emisoras juveniles?
–Si el presente no cambia, no.

–¿El internet acabará con el estilo actual de hacer radio?
–Internet ha transformado muchos hábitos de consumo. Pero mientras la radio sea gratis para el consumidor y las cuñas sostengan el modelo
publicitario, el modelo de internet seguirá siendo una utopía construida con capitales ajenos, y la radio una realidad a un botón de
distancia.

 

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