25 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante la colocación del primer ladrillo del Centro de Convenciones de Pereira

30 de mayo de 2013
30 de mayo de 2013

Está mañana recibimos la gratísima noticia de París de que uno de los sueños que teníamos: entrar a esa organización a la cual solamente pertenecen los países con las mejores políticas públicas, las mejores prácticas de todo el mundo, esa organización nos había formalizado su invitación a pertenecer a la OCDE.

 

Eso me hace pensar en una serie de experiencias que he tenido en las últimas 24 horas. Ayer estaba en Ciénaga, departamento del Magdalena, inaugurando el puerto de carbón más eficiente de todo el mundo. El presidente de una compañía suiza muy importante, Glencore, me decía: nos fuimos por el mundo entero analizando los puertos más eficientes que hay hasta el momento; en Indonesia hay uno, en Australia hay otro, y nos copiamos los procedimientos más eficientes de cada puerto. Y juntamos las partes más eficientes de todos esos puertos, y eso fue lo que hicimos aquí en Colombia. Y por eso estamos hoy inaugurando, eso fue el día de ayer, el puerto más eficiente de todo el mundo en materia de exportación de carbón.

Realmente es una operación que uno queda muy impresionado, no se ve el carbón en ningún momento, hasta que llega al cargue. Tiene uno que estar en helicóptero para ver algo del carbón.

Luego nos trasladamos a un pueblito que se llama Cerro de San Antonio, que queda al lado del río Magdalena, frente a otro pueblo que se llama Suán, en el Atlántico. Nos fuimos a llevar el gas por primera vez a ese pueblo. Imagínense ustedes la felicidad de esas familias que, por primera vez, pueden abrir la llave de la estufa y aparece el gas, y no tienen que ir todos los días a cortar leña para poder cocinar, para poder tener algún tipo de energía.

Luego asistí al Congreso de Fedepalma. Ahí tuve también una experiencia muy interesante, porque escuché los pronunciamientos de ese importantísimo gremio, donde me decían que tal vez estábamos tratando de hacer demasiadas cosas, demasiadas cosas al mismo tiempo. Es una crítica o un comentario que he oído desde el comienzo del gobierno. Que estamos queriendo hacer demasiadas cosas, y que nos estamos poniendo objetivos demasiados ambiciosos.

Yo les respondía a nuestros queridos dirigentes del gremio palmicultor que no creía que eso era malo, que pensar en grande es importante para cualquier persona o para cualquier país. Y que quería que este país realmente pensara en grande, y que dejáramos atrás medio siglo o 200 años de estar pensando en chiquito, de tener miedo, de no tomar riesgos, de hablar en diminutivo. Y que por qué no podíamos pensar en grande y ponernos altos objetivos.

Les daba a los señores palmicultores unos ejemplos. En la política internacional, al comienzo del Gobierno, describimos una serie de objetivos que teníamos en mente: arreglar las relaciones con los vecinos Venezuela y Ecuador; hacernos elegir en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; presidir y jugar un papel relevante en la región a través de Unasur; presidir la Asociación de Estados del Caribe.

Hacer aprobar, después de muchos años, el tratado de libre comercio con Estados Unidos; hacer aprobar, después de muchos años, el tratado de libre comercio con Europa; abrir nuestro comercio con el Asia, con el Pacífico; establecer negociaciones con países como Corea, como Japón; crear el proceso de integración más importante en la historia de América Latina, con los países que están teniendo el mejor desempeño de toda la región, que son México, Chile y Perú, y entrar a ese gran club de países con buenas prácticas que es la OCDE.

Pues bien, en su momento me decían que eso era imposible, que todo eso no era posible lograrlo. Qué por qué no me concentraba en algunos de esos objetivos. Y les decía a los palmicultores: todo eso ya lo hemos logrado, falta la OCDE. Y hoy se logró. Eso solamente en la parte de las relaciones internacionales.

Por otro lado, me decían: usted está prometiendo un millón de viviendas, cuando lo máximo que cualquier gobierno ha logrado en la historia han sido 300 mil en cuatro años. Usted está prometiendo conectar a todos los municipios del país con fibra óptica y banda ancha. Eso en cuatro años es imposible. Usted está pretendiendo hacer inversiones en la infraestructura que multiplican por seis el promedio anual de esas inversiones. De tres billones de pesos pasa a 18 billones de pesos como promedio en los próximos años.

Usted pretende reducir la pobreza en esos porcentajes, y pretende además romper la tendencia que ha tenido el país de 30 años de aumento de la desigualdad, mientras la economía crece, pero no crece la equidad sino todo lo contrario. Y pretende hacer todo eso y, al mismo tiempo, tener la inflación más baja y tener equilibrio fiscal. ¿Cómo va a cuadrar ese círculo?, me decían hace dos años, dos años y medio. ¿Cómo va a cuadrar ese círculo? Eso es imposible de obtener.

Pues bien, todo lo hemos obtenido. Tenemos equilibrio fiscal, tenemos la inflación más baja en los últimos 60 años, estamos haciendo la inversión más alta en infraestructura en la historia. Ese promedio de 18 billones de pesos anuales ya es una realidad.

Ayer mismo, en las Autopistas de la Prosperidad, que es el proyecto más grande del mundo en ese ámbito, que es una inversión de 15 billones de pesos, se presentaron 19 consorcios. Ayer. ¿Compuestos por quiénes, que es el mundo ideal para nosotros? Por las empresas más grandes del mundo, asociadas con las mejores empresas colombianas. Creíamos o se esperaban tres o cuatro o cinco. Aparecieron 19.

En materia de vivienda, hice las cuentas: llevábamos 500 mil viviendas, más las cien mil gratis, más las cien mil del ingreso de los colombianos de uno a dos salarios mínimos, más lo que lanzamos en el PIPE para los colombianos de clase media, a quienes les bajamos los intereses de 12,5 por ciento a 6 seis por ciento, entre 6 y 7 por ciento. Eso va a generar otras 50 mil. Y así sucesivamente. Ahí llegamos al millón.

Y que en la locomotora minero-energética, el millón de barriles de exportación lo sobrepasamos ya. O sea que sí podemos si pensamos en grande. Y sí podemos lograr grandes cosas.

Y ahora con esta entrada a la OCDE, ya no queremos –es un poco pretencioso, pero así hay que pensar–, ya no queremos compararnos con la región. Decir, por ejemplo, que somos el país que más empleo ha creado en toda América Latina en los últimos dos años. Hemos creado igual número de empleos que Brasil, pero Brasil tiene cuatro veces más la población nuestra.

Y hemos sido el país que más ha bajado la pobreza junto con Perú. Y con Ecuador hemos sido los países que hemos bajado más la desigualdad. Por primera vez en Colombia, desde que se llevan las cifras de desigualdad, rompimos una tendencia que para mí es uno de los resultados más importantes, porque si queremos tener un país viable y sostenible en el largo plazo, tenemos tener un país mucho más justo, más equitativo. Y ya no somos, como prometimos en la campaña, el segundo país más desigual de toda América Latina, después de Haití. Ya orgullosamente estamos en el octavo o noveno lugar.

Pero en lugar de compararnos con la región, comparémonos con el resto del mundo. Comparémonos con los países realmente exitosos. Y eso es lo que el ingreso de hoy a la OECD nos va a permitir.

Y vamos a cambiar de lista. Ahora en lugar de estar en la cabeza de la región, vamos a estar supuestamente en los últimos lugares, sino en el último, de ese otro club. ¿Pero eso a qué nos va a obligar? A ser cada vez mejores. A buscar cada vez más excelencia en nuestras políticas públicas. A que nuestra educación sea cada vez mejor. Y nos va a garantizar hacia el futuro un sello de calidad de la forma cómo debemos aplicar nuestras políticas públicas.

Esta organización no nos va a decir qué tenemos que hacer, eso lo decidimos nosotros. Pero nos va a decir cómo hacerlo mejor. Y eso es un gran logro. En esa organización no están sino los mejores, y qué bueno que a partir de hoy estamos entre los mejores.

Para eso tenemos que continuar haciendo inversiones de todo tipo, haciendo esfuerzos de todo tipo, porque esta es una carrera sin fin. Y además nos falta también mucho camino por recorrer. Si hemos bajado la pobreza en cuatro y medio o en seis y medio por ciento, depende del indicador, en los últimos dos años, todavía tenemos demasiados pobres en Colombia.

Si hemos reducido el desempleo, mes tras mes, durante 33 meses seguidos, todavía tenemos más de dos millones 300 mil desempleados en Colombia. Pereira es una ciudad que sufre especialmente el desempleo.

Si estamos invirtiendo y construyendo solamente en doble calzadas este año 300 kilómetros de doble calzadas, el año pasado fueron 200, el año antepasado fueron 100… 300 kilómetros de doble calzadas es un número equivalente a lo que construyó España en doble calzadas en su mejor momento. Y España ha sido señalada como un país moderno en materia de creación de infraestructura. Pero todavía nos queda muchísima infraestructura por construir.

Entonces tenemos que seguir pensando en grande. Y poniéndonos muchos retos, porque las necesidades de Colombia son muchísimas. Y no contentarnos simplemente con dos o tres objetivos, porque podemos y tenemos la capacidad para trabajar en múltiples frentes y lograr múltiples objetivos.

¿Por qué tenemos la capacidad? Porque tenemos los recursos, porque tenemos el capital humano, y si nos unimos todos como país, seguiremos logrando grandes objetivos.

No podemos quedarnos cruzados de brazos. Nos volvimos los productores del mejor café del mundo, pero no podemos decir que vamos a seguir que vamos a seguir viviendo del mejor café del mundo, tenemos que buscar otras alternativas. Porque si no, ahí sí como dice el refrán: camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

Por eso tenemos que trabajar cada vez más coordinados con las gobernaciones, con las alcaldías, ayudándonos mutuamente. Esa es la forma de ir obteniendo cada vez más resultados.

Por eso cómo me complace estar aquí hoy para eventos que para Pereira son muy importantes. Esta inauguración, este primer ladrillo, una gran iniciativa este Centro de Convenciones que va a tener una expansión importantísima, que va a convertir a Pereira en un centro de atracción de lo que llaman ‘turismo dirigido’, muy importante. Y como complemento y como lo decía Mauricio, la inversión que vamos a hacer en el aeropuerto: el Gobierno va a poner 50 mil millones de pesos, una inversión muy importante.

Pero eso no puede quedarse ahí. Eso se chulea y seguimos, seguimos pensando. Por eso a mí me complace mucho, el gobernador le da pena a veces, me dice: yo siempre pidiendo. No, pida siempre, gobernador. Siempre hay que pedir, pero también hay que hacer. Hay que pedir y hacer.

En eso tenga la seguridad de que usted tendrá en mí un gran socio permanentemente. Usted conoce muy bien el tema de la salud. Ahí estamos tratando en el Congreso de la República. Ese proyecto es muy importante para darle una base a esta reforma de la salud, aunque en la salud hemos logrado también muchas cosas.

A pesar de todo este desastre, por así decirlo, que hemos podido percatar, sin embargo se han logrado todavía muchas cosas. Nuestro sistema de salud no es tan deficiente ni tan malo como se quiere hacer creer, sobre todo cuando lo comparamos con otros países. Pero, por supuesto, hay que hacer ahí inmensos esfuerzos.

De manera que ahí hay un desafío y una filosofía que quisiera poder compartir con mis compatriotas y poder internalizar como país: dejemos el miedo, dejemos el miedo a pensar en grande, dejemos el miedo a tomar riesgos.

Diálogos de paz

Esa forma de pensar fue lo que me llevó a mí a tomar la decisión de establecer ese diálogo con las Farc, porque en cierta forma ese miedo también tiene que ver mucho con el conflicto. Llevamos 50 años o más de conflicto, en donde la gente físicamente tenía miedo. Miedo a salir a las carreteras, miedo a invertir, miedo a tomar iniciativa. Y si hemos logrado lo que hemos logrado en medio del conflicto, la reflexión de fondo es: cómo nos iría sin el conflicto.

Es que nos hemos acostumbrado al conflicto: que mataron a no sé cuántos policías, que mataron a no sé cuántos soldados. Y como si fuera una cosa normal. Y que atacaron tal población y que hicieron tal atentado terrorista. Bueno, seguimos tranquilos. Nos acostumbramos a vivir en medio del conflicto.

Pues no. Vamos a terminar ese conflicto. ¿Y cómo lo vamos a terminar? Como se terminan todas las guerras. Las guerras se terminan a lo último a través de un diálogo, ¿en donde estamos entregando qué? Nada.

Estamos entregando una serie de reglas de juego para que esta gente cambie las balas por los votos, pero no estamos poniendo en peligro nuestro Estado de Derecho, nuestro concepto de propiedad privada, nuestra Constitución, nuestras leyes, nuestro modelo de desarrollo. Nada de eso está en peligro. Nada de eso está ni siquiera en la mesa de negociación.

Lo único que pusimos fue el sector rural. ¿Por qué lo pusimos? Porque lo que queríamos hacer nosotros en el campo era algo inclusive más audaz de lo que las Farc ha venido pidiendo hace 20, 30 ó 40 años.

Porque sabemos que en el campo colombiano está concentrada la pobreza, porque sabemos que tenemos una deuda infinita con el campo si queremos cerrar esa brecha entre lo urbano y lo rural, porque sabemos que tenemos que hacer unas inversiones cuantiosísimas si queremos realmente explotar el campo como debemos, en un mundo muy apropiado, porque estamos comenzando a vivir la crisis de alimentos, y Colombia es uno de los pocos países que tiene la capacidad de aumentar en forma sustancial el área y la producción de alimentos.

Pero tenemos que hacer unas grandes inversiones. Entonces las vamos a hacer, y lo dijimos desde un principio, con o sin Farc. Yo prefiero con, porque nos quitamos de encima esa mula muerta que tenemos, ese obstáculo a nuestro desarrollo, que es el conflicto.

Ayer me decían: ‘Sí, pero es que estamos legitimando a las Farc y, en cierta forma, por qué vamos a entregarles eso a estos individuos que lo único que han hecho es daño a Colombia’.

Y decía: ‘No les estamos entregando nada, porque esto lo vamos a hacer con o sin ellos’. Ellos más bien se están montando en el tren, y en un tren donde esperamos poder terminar el conflicto. Porque, ¿cuál es la alternativa? La alternativa es: yo no me siento a dialogar. ¿Entonces otros 50 años de conflicto, otros 50 años de guerra? Porque Colombia sí que es un país ideal para una guerra prolongada.

Hemos logrado reducir, y en qué forma, el número de miembros de la guerrilla, tanto de las Farc como del Eln, a su número más bajo en la historia, desde que se llevan las cuentas sobre cuántos miembros hay, lo que llaman encuadrillados, armados. Pero todavía son cerca de 8 mil.

¿Y qué pretenden los que dicen que no se sientan a dialogar? ¿Que los exterminemos uno por uno? Vamos a durar otros 50 años. ¿Entonces no es lo sensato decir: vengan a ver si arreglamos este conflicto, cuando ellos saben que no tienen futuro y que vamos a ser generosos en el sentido de decirles: vengan se desmovilizan, entregan sus armas y les damos espacio en nuestra democracia para que continúen su lucha y su revolución, pero sin armas? Es lo mejor que nos puede pasar.

Pero eso también es pensar en grande. Sé que es difícil. Desde el primer momento, sabía que era complicado y que a esto le iban a salir muchos enemigos, mucha gente que por diferentes razones iba a decir: no nos gusta, no lo consideramos apropiado, no es lo que más conviene. Sabía que poniendo condiciones, como la de que no va a haber cese al fuego sino hasta que todo esté acordado, iba a generar dificultades, porque iba a generar contradicciones.

¿Cómo así?, se preguntan muchos, azuzados por otros. ¿Cómo así que este señor Santos está hablando con estos bandidos en La Habana y, al mismo tiempo, esta gente nos está matando a nuestros policías y nuestros soldados? Es una contradicción, aparentemente. Pero no lo es cuando uno lo analiza. No hay cese al fuego y no hemos aceptado un cese al fuego, y miren cómo ha cambiado la situación. Hace diez años, los que pedían cese al fuego era el Gobierno. Y ahora lo que dicen no al cese al fuego es el Gobierno.

¿Por qué? Porque hay un cambio fundamental en la correlación de fuerzas, porque sabemos que si hay cese al fuego ellos se van a aprovechar del cese al fuego para fortalecerse, y eso lo que haría es prolongar el conflicto.

O que por qué acordamos que apliquemos la norma de que ‘nada está acordado hasta que todo esté acordado’, que por qué no explicamos en detalle lo que se va acordando por etapas. Porque eso también genera incertidumbre, porque genera confusión. Porque si acordamos un punto y cerramos ese punto, cualquier enemigo del proceso, y hay muchos interesados en envenenar el proceso, va a tomar ese punto y lo va a citar fuera de contexto.

Yo utilizo el símil del pintor, que está pintando su cuadro. Él no quiere que el comprador entre al estudio y vea el cuadro por la mitad o por una cuarta parte. Él quiere venderle el cuadro al comprador, pero quiere mostrárselo cuando esté completo, y no por partes. Porque por partes no se lo compran. Lo mismo va a suceder con este proceso. Esperemos a que esté el cuadro completo. Y el pueblo colombiano decidirá, porque vamos a someterlo a un tipo de refrendación popular, si les gusta o no les gusta.

Y estoy seguro de que les va a gustar. Porque, como les digo, en el fondo no estamos entregando mayor cosa, frente a la perspectiva de que por primera vez –la mayoría de nosotros no ha visto un solo día de paz–, por primera vez tengamos la perspectiva de vivir en paz en este país.

Y que podamos seguir pensando más en grande y dediquemos todos nuestros recursos no a combatir el terrorismo sino a combatir la pobreza, el subdesarrollo, a generar más empleo, a generar más prosperidad. Eso es lo que quiero con mi país: quitar el miedo y pensar en grande. Y de eso se trata. Muchas gracias”.