25 de octubre de 2021
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Maniqueos, controversias y costos que arrastra la Paz.

3 de mayo de 2013
3 de mayo de 2013

maro aurelio uribeUna cosa es una cosa y otra muy distinta es otra cosa. O se quiere la guerra o se prefiere la paz. Y la paz se logra ganando la guerra a plomo ‘ventiao’, en el caso nuestro situación bastante difícil, y menos con estrategias erróneas y macabras como las impuestas en el pasado gobierno  o con la concertación de las partes en la terminación del conflicto en diálogos sinceros y con voluntad política, lo que conlleva a realizar una serie de transacciones difíciles de sortear y que son necesarias para el logro de su fin, y las cuales deberán plasmarse en normas jurídicas, a través de un mecanismo de aprobación idóneo.

Estas normas jurídicas se conocen universalmente como justicia transicional y son un “conjunto de medidas  judiciales y políticas que diversos países han utilizado como reparación por las violaciones masivas de derechos humanos, Entre ellas figuran las acciones penales, las comisiones de la verdad, los programas de reparación y diversas reformas institucionales”. Medidas estas “sine que non” para una protocolización legal de todos los puntos de acuerdo y su cabal desarrollo y cumplimiento para dar comienzo así a una nueva civilidad, sin ningún obstáculo pendiente por punibilidad, por reparación a víctimas y, por sobre todo, tener el conocimiento de la verdad.

Es difícil calcular los costos y dimensionar los beneficios para procurar establece una relación hipotética sobre el costo-beneficio que dispensa la Paz, ya que en este caso concreto lo que está en juego como prioritario es el beneficio de la convivencia armónica y pacifica de todo un pueblo, lo cual se vuelve inconmensurable. Los demás costos que demande la reinserción, y que son muchos, en múltiples áreas son calculables y determinables, siendo asumidos por el Estado como inversión en infraestructura, educación, vivienda, salud y algunos subsidios transitorios.

Cuando se dio el proceso de paz con el M-19 en el gobierno Barco, se entregó el armamento real y se dio una transición sin tantos sobresaltos y con una entrada a la vida política sin aspavientos ni exacerbación del ánimo, sólo con una que otra voz de protesta aislada, sin incurrir en ofensas e injurias personales  como lo estamos viviendo hoy con los diálogos de paz que se adelantan y, mucho menos, buscando torpedearlos a través de la calumnia para confundir a la opinión pública con hechos que no corresponden a la realidad, y con el objetivo de cazar dividendos electorales tomándose por asalto la vocería de las víctimas y de una parte de los actores del conflicto.

En el pasado gobierno se dio con gran parafernalia el “proceso de paz” con las Autodefensas Unidas de Colombia (paramilitares), situación bastante paradójica porque nunca supimos con certeza quienes estaban en un bando y quienes en el otro, pero bueno, al fin de cuentas el ‘siquiatra’ lo presentó como un hecho cumplido. La montada parodia que se inició en Santafé de Ralito (Córdoba) terminó con la entrega de armas ‘hechizas’ y desmovilización a medias, y se tramitó y aprobó la mal llamada “Ley de Justicia y Paz”, un maquillado obelisco para la impunidad que desató una serie de enfrentamientos entre el gobierno y las altas cortes por su interpretación y aplicación, por fortuna se impuso la hermenéutica y el Estado de Derecho.

No obstante ser la mencionada ley ser un exabrupto jurídico, el “inepto vulgo” aceptó y vitoreo al Presidente de turno, ya sea por un temor reverencial o el culto a su persona o el repugnante arribismo; las críticas fueron pocas y muy timoratas; Luis Carlos Restrepo con euforia extravagante vendía al mundo esta hazaña reservada a Odiseo bajo la pluma de Homero; también, se dio un bazar de compraventa de ‘pases’ o salvoconductos entre narcotraficantes y delincuentes comunes para buscar status y acomodo en los beneficios de la ley de transición; se cometieron peculados y falsedades a granel con una mayoría de desmovilizados ficticios, conformados por habitantes de la calle y algunos enfermos mentales y sin capacidad cognoscitiva, que lograron escapar de los falsos positivos.

Todos los que redactaron y otros que aprobaron y otros más que cohonestaron con esta ley, los tenemos hoy en primera fila, en primeras páginas y como protagonistas de la noticia radial, haciendo el ridículo papel de maniqueos y descalificando a los defensores del nuevo dialogo y como hienas hambrientas y rabiosas bregando a ‘despresar’ el proceso de paz que se adelanta, sólo por el prurito de la envidia, de congraciarse y seguir de incondicionales postrados a su líder compulsivo y gravemente enfermo por la viudez del poder.

La Ley de Justicia y Paz descansa sobre tres elementos esenciales: justicia, verdad y reparación. No se conoció, ni se conoce aún, los ‘intríngulis’ que se trataron y superaron en los diálogos que se dieron entre el gobierno y las autodefensas para lograr el acuerdo de paz y la parcial desmovilización y, tampoco, si se previó la extradición de la cúpula paramilitar, que de paso dejó en pelota la mencionada ley, por cuanto se dio al traste con la justicia, la verdad y la reparación; sólo la historia nos develará públicamente lo que todos sabemos  sobre el gran arcano del Presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, para su intempestiva  determinación de extraditar a las cabezas visibles del ‘paramilitarismo’, esta actitud del presidente no es ni audaz ni valerosa, pero sí bastante polémica, veleidosa y dudosa, que deja mucho que desear, y un amargo sabor y  una gran consternación.

Humberto de La Calle Lombana, jefe de la Comisión Negociadora del Gobierno, anunció con bombos y platillos que los acuerdos  serán dados a conocer a la opinión para su pronunciamiento con antelación a su protocolización, o sea, que queda descartado que se vayan a hacer a espaldas del pueblo, como ocurrió con los que manejó Uribe y su ‘siquiatra’. Sin embargo, para los voceros del Puro Centro Democrático este gobierno entregará a los farianos, de manera gratuita, grandes extensiones de tierra para gobernar, amnistías e indultos por doquier, curules sin votos y legalización de sus fortunas. Se desconoce la fuente de esta información con visos de temeraria.   

Antes de que se me olvide: a raíz de unas vallas que mandó a colocar el tal Pachito, con un mensaje torpe e inane, como todas sus jugarretas, me puse en la tarea de hacer una reflexión: quienes han sido más sanguinarios las farianos o los paramilitares. Las farianos a sus víctimas las torturan sicológicamente y les enciman un tiro de gracia. Los paramilitares los torturan con las motosierras descuatizándolos por partes, o sea, antes de morir padecen agonía y pavor. Deduzcan. Siento profunda fobia y desprecio por esas dos ‘instituciones’, he sido víctima de ambas.

No voté por Uribe ni por Santos, ni votaría jamás. Y no pierdan el tiempo buscando acomodo a mi ideología, ya superé esas calenturas.

Manizales, abril 27 de 2013.