7 de marzo de 2021
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La reconstrucción del suicidio de Rendón

21 de mayo de 2013

El trágico episodio está próximo a cumplir 82 años y todavía se desconocen las razones que llevaron al consumado artista del lápiz y el pincel a tomar la fatal determinación, cuando apenas contaba 37 años,  aquella lejana tarde del 28 de octubre de 1931, en un conocido establecimiento público del centro de la Bogotá antañona.

La víspera de su muerte tomó  aguardiente, escuchó música y bromeó con el cantinero y llegó por última vez a su residencia de la calle 18 un poco antes de la media noche.   

Las últimas horas del maestro

Así las pintó el consumado novelista: “Rendón salió vestido como siempre de luto completo. Se paró unos instantes en la esquina de la carrera Séptima  y luego entró en La Gran Vía.  Rendón pide una cerveza Germania; la recibe en un charol; enciende un cigarrillo. Piensa en Clarisa, la jovencita de la que se había enamorado en Medellín, tantos años atrás, revive el disgusto y la protesta de los padres de la joven. Piensa en Clarisa y en su terquedad heroica, en su embarazo, su enclaustramiento forzoso, su enfermedad y su muerte”.

El momento del disparo fatal

“Rendón termina su cerveza, saca su lápiz y hace el último dibujo (un diagrama de líneas rectas que calculaba el recorrido de una bala al penetrar el cráneo), y escribe en la bandeja estas siete palabras: “Suplico que no me lleven a casa”, y luego se lleva a la sien derecha el cañón de la pistola Colt 25… La cabeza que cae pesada sobre la mesa y hace saltar la bandeja con un estrépito  metálico, los labios que se revientan con el golpe y el daño que sufre un diente,  la sangre que empieza a derramarse… El médico Manuel Vicente Peña redactó en su clínica el informe el suicidio. La hora de la muerte fue la de las seis y veinte de la tarde”.

Rendón visto por un Obregón paisa

El escritor, traductor y caricaturista antioqueño Elkin Obregón  retrató así a su paisano, en una edición de Credencial de 1990:

“Respetado, admirado y temido en los círculos políticos, amigo y contertulio de una generación que anhelaba el poder, puso su pica en Flandes con singular eficacia para contribuir a ese propósito. Muy poco después del comienzo de la República Liberal (a cuya crítica también aplicó su lápiz), el 28 de octubre de 1931 se pegó un balazo en uno de sus sitios de tertulia favoritos, la cigarrería La Gran Vía. Nadie ha podido dar cabal explicación de su muerte.

La importancia de Rendón como comentarista político de su época es innegable. Si fue casi un ídolo popular en su tiempo, tan dado a la efervescencia partidaria y al panfleto, el paso de los años ha consolidado su lugar en la historia del arte y del periodismo colombianos. Fue un detector constante y agudo de lacras y ambiciones, un desnudador implacable de la feroz zarzuela política de aquel momento de nuestra historia. Pero la lucidez de sus apuntes, el vigor de sus síntesis gráfica y conceptual, hacen que hoy, a la distancia de seis décadas, podamos mirar y estudiar su obra como una contribución fundamental (por todo cuanto el humor más riguroso aporta a la visión del mundo) a la comprensión de un largo período del acontecer político de Colombia. Tampoco su calidad artística ha sufrido menoscabo, y gracias a su dominio no superado de la caricatura como una forma (acaso la mejor) del retrato, conservamos una iconografía quizá definitiva de personajes tan nuestros y disímiles como Tomás Carrasquilla, Luis Tejada, “Ñito” Restrepo, Fidel Cano, Guillermo Valencia o Alfonso López Pumarejo. Lista que podría prolongarse con muchos nombres e imágenes memorables”.

Un hombre discreto, reservado y silencioso

Prosigue Obregón: Como hombre, fue secreto y silencioso, y pasó por incontables noches de cafetín en medio del aprecio y el desconocimiento de los hombres. Los testimonios póstumos de gentes que le fueron próximas, o creyeron serlo (Edmundo Rico, César Uribe Piedrahíta, José Mar, Jaime Barrera Parra), demuestran con patética elocuencia cuán lejana y hermética fue su vida, y cuán inexplicable, a pesar de muchas conjeturas y teorías, fue y seguirá siendo su muerte.

Rendón visto por Alberto Lleras

En un artículo publicado en 1976 dijo sobre él el dos veces presidente Alberto Lleras:

“…Yo tuve una amistad estrecha con Rendón y tal vez de los miembros de mi generación pocos estuvieron tan cerca de ese espíritu enigmático y callado que, por razón de nuestro oficio, tenía que estar en contacto conmigo, cuando emergía de su misterio. Jamás pretendí, y estoy seguro de no haberlo intentado, aproximarme a su secreto, a su personalidad íntima, a su vida, como lo hubiera hecho y lo hice con todos mis compañeros. Le respeté su reserva infranqueable, y jamás le pregunté a él, o a alguien, a dónde iba este ser que se desvanecía en la oscuridad hacia un sitio desconocido, del cual emergía con su trabajo completo, sin rastros de haberlo rehecho o corregido, uno o dos días después. No supe con quién ni cómo vivió, y hoy, pasado tanto tiempo, me maravillo de no haberlo sabido. Sé quiénes fueron sus amigos, pero ninguno debió saber de Rendón más de lo que yo supe. Y el disparo que sonó en la mañana brumosa de La Gran Vía me produjo tanto dolor como sorpresa infinita”.

Tolón Tilín

Todo suicidio crea un hálito de leyenda y contribuye al mito. En el caso de Rendón, su vida, su figura, su misterio y el contraste que todo ello hacía con su humor despiadado y clamoroso, acrecientan esa forma un poco enfermiza de inmortalidad. Pero la obra de Rendón vale por sí sola, y es ella, y también la feroz independencia y honestidad vital que le dio aliento, la que hace parte de nuestra historia. (Colofón de la precitada Revista Credencial).