10 de agosto de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La epidemia del desempleo

17 de mayo de 2013
17 de mayo de 2013

albeiro valencia llano España, Grecia, Italia y Portugal, fueron los principales escenarios de multitudinarias marchas. Hubo reclamos desesperados y críticas descarnadas contra la “Troika”, conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. En España los sindicatos pidieron al gobierno que convoquen a un gran pacto en el que participen los partidos políticos y las fuerzas sociales, para redactar una hoja de ruta que permita salir de la crisis. Por su parte la Confederación Europea de sindicatos hizo un llamado a celebrar el Día Internacional del Trabajo como una jornada de movilización, en contra de la austeridad y a favor del crecimiento, el empleo y el progreso social.

El momento es muy grave. Como consecuencia de la crisis económica de la Eurozona millones de personas perdieron sus puestos de trabajo en lo corrido del año; pero la situación más difícil la viene afrontando España, con seis  millones de desempleados, lo que significa un porcentaje de 26%. El record es de Grecia, que alcanzó el 27% de parados; pero en los 17 países hay 19 millones de personas desocupadas.

Y si tenemos en cuenta a los 27 estados de la Unión Europea el drama cobija a 26 millones; los jóvenes llevan la peor parte porque el desempleo entre personas menores de 25 años ya alcanzó el 24%, en la Eurozona. Esta tragedia es el resultado de la política de austeridad aplicada por los gobiernos contra los ciudadanos.

La situación es gravísima en la periferia (Irlanda, Portugal, Italia, España y Grecia), donde la salud de los bancos sigue mal pues tienen problemas para financiarse y los gobiernos y la Troika,  siguen apretando al pueblo  y a las capas medias para que salven al insaciable capital financiero, culpable de esta enorme catástrofe económica.

La postración de Europa

La tragedia económica de Europa lleva cinco años y todo por los excesos de la deuda privada y pública que llevó a que los países pidieran rescate o ayuda financiera a las autoridades monetarias europeas o al FMI. El problema radica en que los rescates han dejado desempleo y miseria, acabaron con el estado de bienestar y desataron una gigantesca nube de desesperanza  y frustración: el pueblo sufre por los recortes en gastos de salud, educación y seguridad social y todavía ve lejano el fin de la crisis. La inversión sigue en caída, las exportaciones en picada y toda la economía está postrada, como consecuencia de la interconexión de los mercados, del dominio absoluto de las transnacionales y de la globalización. Y el todopoderoso capital financiero quiere pasar de agache.

Cuando estalló la crisis los economistas aconsejaron apretarse el cinturón y una ola de austeridad cubrió todo el continente; pero esto llevó a la depresión: los recortes en gastos sociales y el aumento de los impuestos dispararon la deuda; por ello es necesario que los gobiernos se dediquen a aumentar la inversión, el crecimiento económico, para elevar la demanda.

Hoy dos países grandes están sumergidos en arenas movedizas: Francia, gobernada por el socialista Fançois Hollande, no ha podido cumplir los compromisos con la Unión Europea; la deuda pública llegó al 90,2% y no ha conseguido reducir el gasto público, que se trepó al 56% del Producto Interno Bruto. El poderoso Reino Unido marcha por un camino lleno de dificultades pues la política de austeridad no ha logrado aumentar el crecimiento; otro problema es que los bancos se están encogiendo y un débil sistema bancario no puede aumentar los préstamos. Si esto pasa en las economías más fuertes ¿Qué sucede en sus vecinos pobres?

En síntesis no ha funcionado el ajuste del cinturón y el pueblo pide más reformas y menos austeridad; el continente debe replantear su rumbo. Al respecto le piden a los políticos liberarse de las teorías económicas difuntas, como el neoliberalismo, y agregan que “la economía es demasiado importante como para dejarla en manos de los economistas”.

Alemania en la mira de Europa

La opinión pública de Europa piensa que la poderosa Alemania es la culpable de todas las desgracias, y se mira a la canciller Ángela Merkel como una política sin escrúpulos, porque impone la excesiva austeridad para salvar el sistema financiero, colapsado por los malos manejos de los ejecutivos, refinados estafadores de cuello blanco. En numerosos diarios  y revistas de Europa los caricaturistas dibujan a la canciller alemana con uniforme de la SS nazi, con bigote hitleriano y con un brazalete donde aparece el símbolo del euro. Al mismo tiempo muchos editorialistas escriben sobre el “nuevo imperio”, las “intenciones hegemónicas”, la “venganza alemana”, y acerca de los “fascistas financieros”.

Pero ¿por qué no hay crisis en Alemania? Este país salió destrozado de la Segunda Guerra Mundial, su territorio fue dividido y recibió el odio de todo el mundo. El nuevo gobierno de la postguerra organizó la República Federal Alemana, se incorporó al Plan Marshall impulsado por Estados Unidos, gigantesco programa para invertir en la reconstrucción de Europa y, lentamente, resurgió la gran nación; años más tarde se produjo la reunificación con la República Democrática Alemana, que le aportó nuevo territorio, recursos naturales y mano de obra disciplinada, calificada y barata. De este modo se siguió construyendo la nación en un pacto social entre trabajadores, empleadores y el estado; pero, además, siempre ha existido entre ellos el profundo nacionalismo, la cultura del ahorro, el temor a endeudarse y la convicción de vivir con lo que se tiene, sin caer en el fetichismo de la mercancía, tan común en Estados Unidos.

Por estas razones Alemania se convirtió en el tercer exportador mundial y sus productos son reconocidos por la calidad; en los últimos años logró atraer un millón de trabajadores calificados y tiene una tasa de desempleo del 7%.  De acuerdo con este cuadro los alemanes no desean pagar el derroche y el despilfarro que se desató en los países vecinos, ni responder por la burbuja inmobiliaria, ni por poblaciones que gastan más de lo que ganan, o que no son suficientemente productivas.

Ante la agudización de la crisis la Troika, que maneja la economía mundial, está replanteando las medidas de austeridad que vienen afectando directamente a los pobres y a las capas medias y que amenazan con prolongar la recesión en Europa. A esto se le suma que las principales economías están languideciendo: China avanza hacia una desaceleración, América Latina está mostrando un punto débil, por las señales de estancamiento que se observan en Brasil, México y Argentina; y una desaceleración global golpearía seriamente a Estados Unidos. Hoy numerosos países  marchan hacia el desempleo. ¡Hay más de 300 millones de desocupados en todo el mundo y los más afectados son los jóvenes!