19 de octubre de 2021
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El aburguesamiento del corazón

13 de mayo de 2013

La dedicación incansable de la madre Lupita a los pobres y a los enfermos es, según el Papa, la muestra concreta de la grandeza que tiene a los ojos de Dios la vocación de servicio  para atender el clamor desesperado de quienes necesitan atención, solidaridad y ayuda

La labor de la monja Laura Montoya y Upegui “como maestra y como madre espiritual de los indígenas”, añadió el pontífice, es la más valiente muestra de evangelización.

Ambas vidas fueron expuestas por el papa Francisco como ejemplos de tenacidad, voluntad y sacrificio, que vencen la indiferencia y derrotan el individualismo.

Según el Papa, la vivencia del verdadero cristiano exige «no encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, compresión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios”.

De una manera más directa que sus antecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI , Francisco alertó contra la vida cómoda, fuente de tanto dolor que agobia al mundo.

Exhortando a realizar “gestos concretos de delicadeza y de afecto sincero», el Papa dijo que la dedicación sin quejas de la madre Laura y de la madre Lupita muestran en la práctica cómo ganar el reino de Dios.

También resaltó el pontífice y llamó a emular la acción de amar y respetar a los débiles y marginados, como hizo la madre Laura con los indígenas, «a los que infundió esperanza, acogiéndolos con ese amor aprendido de Dios, y llevándolos a Él con una eficaz pedagogía que respetaba su cultura y no se contraponía a ella, como era usual en la época”, lo que la convierte en “una especie de vanguardia de la Iglesia”.

Ojalá este mensaje cale hondo, conmueva y llegue al corazón de los cristianos y que el fervor hacia la madre Laura trascienda la certeza de algún milagro, de sólo pedir, esperando recibir el beneficio de un poder sagrado.

Dice Jesús Martín Barbero que ante el desencanto de la vida moderna, la gente busca en la religión la manera de recuperar el misterio, los mitos y los ritos, y de eso se aprovechan, para atraer adeptos los pastores de los cultos seudocristianos, que exigen diezmos y ofrendas en dinero a cambio de “milagros”.

El papa Francisco nos ha dado un mensaje de sincera fe, nos ha mostrado el camino auténtico que lleva a Dios, nos ha dicho que ser cristiano no es rezar, ofrendar y cumplir reglas con la esperanza de recibir milagros de abundancia de bienes materiales y de prosperidad para tener una vida cómoda pero insensible, sino dedicar nuestra capacidad a contribuir al mejoramiento de la situación de los pobres y los abandonados.

Tiene razón el papa cuando proclama con toda la fuerza de su voz: “»¡Cuanto daño hace el aburguesamiento del corazón!»

El Universal/Editorial