30 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Ciudades de Dios

24 de mayo de 2013
24 de mayo de 2013

gustavo paez La entidad, situada a un kilómetro del casco urbano, nació en un terreno baldío sobre el que fueron surgiendo, de manera prodigiosa, el bello templo de piedra y la maciza edificación donde se cumplen diversas funciones humanitarias. En los alrededores se levantan otras construcciones. Todo el conjunto conforma un área armónica desde el punto de vista arquitectónico, y eficiente dentro de la finalidad social que se propuso su fundador. El recinto está adornado con una gruta de la Virgen y una fuente de agua en mitad de la plazoleta. Y recibió el nombre preciso: Ciudad de Dios.

Quienes conocimos la obra en sus comienzos, hoy nos asombramos ante el ánimo   emprendedor de quien ha hecho posible semejante realización. Todo arrancó de la nada. Al preguntarle a fray Arcesio quién sostiene los onerosos gastos, responde sin titubeos: San José. En efecto, considera al santo (que él mismo lleva en su nombre y en su alma) como el gran protector de los necesitados, y dice que nunca le ha fallado cuando le pide ayuda urgente para no paralizar algún trabajo.

En los momentos cruciales, siempre aparece el benefactor caído del cielo que le proporciona los recursos necesarios para seguir adelante. Y agrega: “No nos llega menos, y tampoco más, sino la cifra exacta que necesitamos en ese instante. Luego vendrá el afán del día siguiente, y así avanzamos por el camino del Señor”.     

Este sencillo y dinámico carmelita descalzo se rebusca cuanto medio le es dable explotar con provecho económico, como rifas, bingos y otras actividades, además de la venta de comestibles y artesanías en una mesa instalada cerca del convento. Con él colaboran otros dos compañeros de la orden. Y todo se lo entregan a los pobres.

No obstante, al padre Arcesio le queda tiempo para cumplir su misión como formador y maestro de novicios de su comunidad. El 11 de cada mes realiza una solemne ceremonia de sanación interior a la que acuden numerosos peregrinos que viajan a Villa de Leyva desde lugares próximos y lejanos.      

Dentro de la Ciudad de Dios se encuentra la Posada de San José, en la cual están alojadas doce personas de edad avanzada (símbolo de los doce apóstoles), a quienes se dispensa una vida digna y se prestan todos los cuidados que exige su condición de abandono. Además, se albergan y educan en la Fundación más de 130 niños pobres, en edades que van de los tres meses hasta los cinco años. En esta labor coadyuvan varias hermanas del Carmelo Apostólico, venidas desde Nantes (Francia).

Este líder silencioso llegó a Boyacá desde su Antioquia ancestral, y en Villa de Leyva acometió la denodada labor de construir su obra grandiosa, que ya desbordó los límites que se había trazado. Hoy el milagro creador de fray Arcesio –manejado por alguna gracia sobrenatural– se extiende a nueve sitios más: Sonsón (Antioquia), Barbacoas (Nariño), Bogotá, Tunía (Cauca), Norcasia (Caldas), Guateque (Boyacá), Girardota (Antioquia), Envigado (Antioquia) y Tadó (Chocó). En cada uno de estos lugares se busca atender las necesidades más apremiantes de la comunidad. Diez Ciudades de Dios con las cuales se conmemoran los diez años de la Fundación.

El primer milagro ocurrió en Villa de Leyva. Por tratarse de un terreno árido y que no contaba con una gota de agua, el problema para construir era enorme. Varios días  transcurrieron en tamaña incertidumbre, hasta que a la postre se decidió perforar la tierra. De repente, y de manera inexplicable, brotó un pozo de agua abundante que desde entonces no ha disminuido su caudal.

En el mismo predio se inició, años después, la construcción de la Casa del Buen Samaritano, compuesta por diez cómodos aparta-estudios destinados a hospedar a gente pobre que al salir del hospital no tiene sitio para recuperarse. Pero al fallar los recursos, el proyecto estuvo a punto de detenerse. La situación era angustiosa. Mientras tanto, en la ciudad se desarrollaba un curso de liderazgo y calidad empresarial al que asistían destacados ejecutivos nacionales. Una de las tareas del curso consistía en identificar las necesidades de alguna obra social y buscar luego los medios para remediarlas por conducto de las empresas, o de los familiares y amigos.

Un grupo de ejecutivos descubrió la obra en apuros del padre Arcesio. Y lo interrogó sobre los elementos que requería para concluir la construcción. La lista fue tan minuciosa, que nada se quedó por fuera. Tal vez el propio discípulo de San José no llegó a suponer que luego de aquella entrevista quedaría solucionado su problema. Al regresar más tarde a la Ciudad de Dios, se encontró con una hilera de volquetas que descargaban los artículos que él había indicado: bultos de cemento, tableta, gravilla, materiales eléctricos, plafones, hierro, enseres de cocina y comedor, 10.000 ladrillos… En fin, el ciento por ciento de lo anotado en la lista, como es la fórmula milagrosa de su patrono celestial.

Ejemplo en verdad edificante el de esta obra portentosa que abandera la lucha por la pobreza y el abandono, en un país de tantos desequilibrios sociales. Y tan ausente de Dios. Dice fray Arcesio en el precioso libro que acaba de publicar en el décimo aniversario de su benemérita institución: “Los protagonistas de las Ciudades de Dios son los menos valorados en la sociedad”.

Bogotá,17-V-2013.

[email protected].