17 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Atentados a la prensa libre

3 de mayo de 2013

La gravedad de los hechos que rodean el atentado es inocultable y es una demostración de la cruda realidad de decenas de periodistas colombianos que a diario se juegan la vida en cumplimiento de su ejercicio profesional.

Celebramos la prontitud con que el Gobierno y las autoridades asumieron el caso Calderón. La razonable preocupación por el atentado al periodista de Semana debe extenderse a las investigaciones abiertas por las amenazas, intimidaciones y hechos de violencia contra otros colegas en todas las regiones del país.

De los 90 periodistas que están bajo protección del Estado, según cifras oficiales, la mayoría no realiza su trabajo en Bogotá y, menos, recibe la atención necesaria de las autoridades frente al riesgo de enfrentar toda clase de amenazas. Desde las que imponen las bandas criminales y los narcotraficantes, la guerrilla y la delincuencia organizada, hasta los propios agentes del Estado. Esa es una verdad de a puño.

Aunque no es posible relacionar, automáticamente, el atentado contra Calderón con las investigaciones que estaba adelantando por los escándalos de algunos militares en la cárcel de Tolemaida, hay coincidencias circunstanciales, como la de estar precisamente desarrollando trabajo de campo sobre este inquietante asunto.

Sin embargo, Calderón, un periodista riguroso, ha hecho otras denuncias de suma gravedad y muchos son los enemigos que podría tener por su valiente trabajo de investigación.

Colombia no puede volver a épocas aciagas para la prensa libre, cuando estábamos en el primer lugar entre las naciones más peligrosas para ejercer el periodismo.

Hoy 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, debe ser una inmejorable oportunidad para defender el derecho a informar y ser informado como precepto de nuestra democracia. Colombia debe marcar distancia del dramático mapa regional sobre las amenazas a la libertad de expresión.

De paso, ser solidarios con la penosa situación de violencia contra los periodistas en México, Cuba, Venezuela, Honduras, Paraguay y Argentina, donde se vienen cometiendo los mayores atropellos contra el periodismo libre e independiente.

Como no sucedía desde 1989, hoy América Latina llena de rojo el lamentable mapa de abusos contra la libertad de expresión, con estos seis países como principales violadores de ejercicio periodístico.

Los 13 comunicadores asesinados en el último año en la región se suman a casi el medio centenar de colegas que enfrentan demandas judiciales y censuras por parte de algunos gobiernos totalitarios en el Hemisferio.

De ahí que sea tan grave un atentado criminal contra un periodista como que se pretenda con la represión por vía judicial, la intimidación laboral o la presión con pauta publicitaria, coartar la libertad de expresión y minar el papel del periodismo como «guardián».

La impunidad en las investigaciones por la muerte de periodistas, que en América Latina está por encima del 90 por ciento, es otra forma de violación a la libertad de los medios.

El retroceso en las libertades democráticas que afrontan muchos de nuestros vecinos, infortunadamente coincide con las amenazas a los medios de comunicación independientes y la persecución a los periodistas que denuncian actos de corrupción estatal y privada.

Casos como los de Ricardo Calderón y de otros 90 periodistas demuestran que la prensa libre está amenazada, pero las intimidaciones, antes que silenciarla la deben fortalecer para defender la verdad y las libertadas democráticas.

El Colombiano/Editorial