4 de marzo de 2021
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Alma sana: cuerpo vigoroso

21 de mayo de 2013
21 de mayo de 2013

catellanos jorge El planeta y la gente que mora en el, está lamentándose todos los días, por las enfermedades y quebrantos de salud que los afrenta, irremediablemente.

Las cifras preocupan, ciertamente. La mayoría de las enfermedades físicas tienen una relación directa con problemas emocionales. El 90% de las enfermedades son producto de situaciones emocionales que todavía no se ha dilucidado. Existen emociones en el interior del ser humano que están guardadas. Rabietas, enojos y broncas agrupadas han originado ambientes negativos que derivan enfermedades.
Cualquier emoción negativa que deje de exteriorizarse enferma  el cuerpo. Los expertos precisan que las emociones represadas afectan la vida. Tienen que sanarse las emociones para liberar enfermedades del cuerpo. Estadísticas revelan en una compañía que de 200 empleados que aparentemente estaban sanos, se reportó que el 43,5% padecía de trastornos generales, 37,5% dolores de estómago, 26,5% ansiedad, 22% faringitis recurrente, 17,5% mareos, 17,5% insomnio, 15% diarrea, 15% dolor de cabeza, 6% reumatismo. Las presiones laborales son ejemplo de afectación del cuerpo.

¿Porqué la enfermedad nos ataca?. ¿En nuestro interior hay situaciones sin resolver?. Castest, un experto en el tema de la sanidad interior sostiene que siete zambullidas permiten lograr sanidad interior que se refleja en bienestar exterior.

7 INMERSIONES.

Naamán, general Sirio de la antigüedad, nos revela 7 cosas para renunciar  y ser sanos. El antiguo testamento registra que era un hombre importante que  tenia la incurable lepra. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y refleja nuestro interior. Si estamos enfermos muchos síntomas se manifiestan en la piel, por ejemplo: problemas en el hígado ponen la piel amarilla. La piel se afecta cuando la gente en su niñez no recibe amor y cariño, abrazos y caricias. La piel padece por la falta de esas personas que nos tenían que haber amado y abrazado.  Naamán tenía esas carencias. Siete situaciones lo enfermaban. En cada inmersión cada una sanaba.

«El orgullo»

Dice el libro de libros sobre Naamán que era hombre orgulloso. Las personas que son orgullosas se enferman, se sienten superiores y quieren demostrarlo todo el tiempo; es gente que se afirma en sus logros, en su propia fuerza para demostrar que son alguien. Necesitan preservar apariencias que suelen enfermándolos. Es necesario renunciar al orgullo porque enferma. Este hombre hasta el día que conoció a la niña que le sugirió ir al profeta, siguió enfermo, él se estimaba como una persona importante, estaba orgulloso de mantenerse al lado del Rey. Quitar el orgullo hace que el poder sanador divino actué.

«Mala conexión con el dinero»

Cuando Naaman se enteró que alguien lo podía sanar de una manera sobrenatural, llevó ¡340 kilos de plata 60 kilos de oro y 10 mudas de vestido. Tomó el capital y se presentó delante del hombre que lo sanaría. Creía que podía comprar su sanidad con el dinero. No se necesita dinero para sanar. La sanidad no se compra, el amor de Dios no se compra, Sinó quienes tienen dinero serían siempre sanos. El problema de Naamán era la pésima conexión con el dinero, como una persona que cree que porque tiene dinero es más que los demás. El dinero es una bendición. Las escrituras revelan que «raíz de todos los males es el amor al dinero» lo malo no es tener dinero sino adorar al dinero, en vez de adorar al Ser Supremo quien, finalmente, da el dinero. Hay que sanar la conexión con el dinero. «Desde que Jesús vino a la tierra todas las bendiciones que recibimos son por gracia, antes de conocer a Jesús nosotros merecíamos la enfermedad, porque no habíamos recibido la gracia de Él», puntualiza el experto, además de agregar otros interesantes aspectos sobre la temática.

«Actitudes de Sabelotodo»

¡Él creía que sabía todo! Las personas que creen que saben más que todos, cuando les explicas algo, ellos ya lo sabían. Hay que levantarse todos los días con una mentalidad renovada, reinventada, casi de aprendiz. Este hombre creía que sabía todo, cuando la niña le dice: «En Israel hay un profeta» no le dijo que fuera a ver al Rey, sino al p-r-o-f-e-t-a. Pero este hombre en vez de ir a ver al profeta quiso ir a ver al rey. A veces por creer que sabemos todo, recurrimos a la gente equivocada. Cada día hay algo nuevo por aprender.

«Demostraciones exageradas de poder»

Cuando Naamán llega a casa del profeta, éste estaba adentro. Llega a la puerta de Eliseo en un carro de guerra y rodeado de soldados a caballo, intentó meterle presión al profeta, demostrar quién era. Nadie puede impresionar a nadie, menos a Dios, con lo que tiene para obtener sanidad. Este hombre llega con todo su ejército y Eliseo en vez de salir a la puerta y atenderlo, le manda un empleado diciéndole que tenía que: «irse a bañar». Esto nos enseña que no podemos intimidar con lo que tenemos a Dios. Dios actúa por gracia, no por presión. Dios busca corazones humildes y sinceros para poder bendecirlos. Un Naamán moderno llegaría a la puerta de nuestros templos, en una limusina, con diez vehículos de alta gama, alardeando, tratando de impresionar y poniendo presión. Diciendo, «soy importante, sáname».

«El Enojo»

Reafirma el sagrado libro que Naamán se fue enojado. Estadísticamente la gente que se enoja frecuentemente vive menos. Quien se enoja más acarrea problemas cardiacos, hepáticos y gastrointestinales. No vale enojarse más, hay que tomar la vida con calma. El enojo enferma y aparta la sanidad. Hay maneras negativas de enojarse expresando el enojo con otra persona: insultando, se llega al punto de golpearnos. Hay gente que expresa su enojo en forma interna, se traga la bronca, en vez de decir todo. Cuando esa bronca se guarda, se transforma en problema interno. Las personas con sobrepeso pueden tener problemas guardados, enojos escondidos porque acumulan problemas en vez de resolverlos. También hay otras personas que tapan el enojo con la droga o con el alcohol. Al enojo hay que extraerlo. Encerrándose en una habitación, no expresarlo en palabras a una persona, si no hablarlo solo, gritarle a la nada, y sacar la bronca. Otra manera es hacer ejercicio físico y gastar esa energía negativa de forma sana. Descargar todo lo que se acumula es la tarea. «Todo se hace como digo yo»

Naamán quería enseñarle a Dios como hacer el milagro. El creía que se tenían que hacer las cosas conforme a su criterio. Era una persona con posturas rígidas que no deseaba cambiar aunque sabía que tenía que hacerlo. La rigidez de pensamiento se refleja en enfermedades en las articulaciones, artritis y artrosis. «Hay que abrir la mente a lo divino, puede ser que te sanes de manera sobrenatural y sientas un fuego dentro», sostiene el erudito Castest.

«Las Comparaciones»

Naamán decía «¿cómo me voy a meter y sanar en estos ríos, si en Siria en la ciudad de Damasco son mejores que los que hay acá?». La última de las cosas que tenia era que vivía de las comparaciones, las cuales llevan a la envidia y la envidia  enferma. La enseñanza consiste en no competir ni compararse con nadie, solo con uno mismo para superarse cada día. 7 cosas albergaba este militar que fueron obstáculos para su sanidad. Dios lo fue sanando en horas. Primero, le puso a una niña esclava que le dijo lo que tenía que hacer. Después fue a ver a un Rey que lo sacó corriendo. Luego le puso a un profeta que no tuvo interés, por otro lado lo atendió un sirviente que le dijo «anda a bañarte». Dios le fue rompiendo todos los esquemas mentales negativos para sanarlo. Si rompemos los obstáculos que están en nuestro interior Dios puede sanarnos. A veces Dios nos sana rápidamente mediante un proceso que rompe esquemas alcanzando sanidad. (2 de Reyes 5: 1- 14) Vs. 14: «El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio».

«El creador eterno sana tales obstáculos para garantizarnos plena sanidad. Renunciemos a ellos. Todo esto no lo merecíamos, si no que Dios a través de su misericordia y por medio de su hijo Jesucristo nos regaló la vida eterna, por gracia, gracia es un regalo que no merecemos. La biblia nos enseña que Jesús nos da vida abundante. En lo físico, en lo espiritual, en lo emocional, en lo material, Dios no solamente piensa en el «más allá» si no también en el «más acá», concluye el doctor Cesar castest.

Solo se experimenta plena vigorosidad en el cuerpo, cuando se sana totalmente su interior.

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