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Venezuela: a recuperar la democracia

14 de abril de 2013

 

jose miguel alzateSobre todo cuando se llegó a pensar que Maduro le daría largas al asunto para garantizar la permanencia del chavismo en el poder. Afortunadamente, se dio cuenta de que era impresentable ante la comunidad internacional mantener la interinidad en el manejo del gobierno.

La convocatoria a elecciones por parte del gobierno interino de Venezuela es una oportunidad que tiene ese país para enderezar su camino. Así lo deberían entender los venezolanos. La crisis económica que Hugo Chávez dejó como legado, es motivo para que los ciudadanos voten por un cambio en el manejo del Estado. El país no puede seguir regalando su riqueza petrolera. Ni puede darse el lujo de seguir ahuyentando la inversión extranjera. Ni seguir permitiendo tanta corrupción en los círculos gobiernistas. El asistencialismo del gobierno chavista no es una política social producente. Todo porque llegará un momento en que el pago de subsidios a la población rebose la capacidad del Estado para asumir esta responsabilidad.

Venezuela debe volver al sendero correcto de la democracia. Y son los ciudadanos venezolanos con derecho al voto quienes tienen en sus manos la posibilidad de que las cosas cambien. Recuperar la institucionalidad debe ser su objetivo. Con Chávez el país dejó de ser una democracia para convertirse en una segunda Cuba. No en vano, el mandatario fallecido tuvo como su aliado principal a Fidel Castro. Y copió para su país las políticas antidemocráticas que hicieron de Cuba una dictadura. La persecución política fue, en este sentido, la más notoria. Quien se atreviera a hablar contra Chávez sufría las consecuencias. La oposición perdió espacios deliberativos porque el dictador cerró los medios de comunicación independientes, aquellos que no comulgaban con sus ideas socialistas.

El socialismo del siglo XXI dejó a Venezuela dividida. Por un lado, están los áulicos de Chávez, esos mandos medios que quieren perpetuar su memoria para no perder sus privilegios. También quienes se han visto beneficiados con una chequera abultada, que regala subsidios sin medir las consecuencias económicas posteriores. Por el otro lado, están quienes son conscientes de que Chávez dejó un país en bancarrota, con una deuda pública inmensa y una delincuencia que ya  tiene a Caracas como la ciudad con mayor tasa de homicidios de América Latina. Los primeros quieren mantenerse en el poder para seguir saqueando la riqueza venezolana y vivir a expensas de los recursos públicos. Los segundos buscan corregir el camino, diseñando políticas que permitan la recuperación económica.

Hugo Chávez disfrutó de mayorías electorales, es cierto. Pero las utilizó para socavar los cimientos de la democracia, dando paso a un autoritarismo que le hizo mucho daño a Venezuela. Sobre todo por los poderes que como presidente acumuló. Y que lo llevaron a tener un Tribunal Supremo de Justicia complaciente, un Consejo Nacional Electoral incondicional y una Asamblea Nacional sometida. Esto convirtió a Chávez en un autócrata. Sus palabras eran órdenes. La mayoría chavista en esos organismos le permitieron excesos dictatoriales. Como hacer encarcelar a una juez porque falló a favor de un enemigo de su gobierno. O como la condena que la juez Marjory Calderón impuso a los comisarios comprometidos en el frustrado Golpe de Estado del 11 de abril de 2002.

En las elecciones de este 14 de abril Venezuela definirá su nuevo rumbo. Chávez fue un populista. Sus provocaciones atizaban la confrontación pública. Polarizó el país con su discurso incendiario. Además, no supo administrar la riqueza petrolera. Los suyos fueron gobiernos excluyentes. Porque convocaba a las masas a cerrarles el paso a quienes se atrevían a disentir. Los venezolanos deben despertar de su letargo. El caudillismo permitió que se desmoronara lo poquito que allí quedaba de democracia. Ahora los electores deben darle la oportunidad a un candidato que garantice la estabilidad económica. Y elegir un presidente con peso académico, con formación intelectual, con conocimiento económico, que brinde estabilidad jurídica para que la inversión extranjera regrese. Elegir a Nicolás Maduro es seguir por la misma senda populista.