21 de mayo de 2022
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Un día como hoy, hace 65 años

9 de abril de 2013

Los episodios que trataremos de resumir en el breve espacio de este Campanario se dieron entre 1938 y 1948 y demuestran que mienten aquellos mandos que se esfuerzan por presentar como un caso aislado los vejámenes sufridos en el pasado por 30 soldados del Batallón Patriotas, de Honda, Tolima, que precipitaron la caída del entonces Comandante del Ejército, general Reynaldo Castellanos, e hicieron que por fin desatara palabra ante la opinión nacional el silencioso Ministro de Defensa, Camilo Ospina.

Decíamos en esta columna el 6 de mayo de 2005 que el periodista antioqueño Eudoro Galarza Ossa –el primer mártir que tuvo el periodismo colombiano en el siglo XX por cuenta de la intolerancia— jamás imaginó que moriría en su propia oficina del centro de Manizales, a sus 43 años de edad, a manos de un oficial del Ejército, institución a la cual sirvió en la flor de la juventud.

Transcurridos diez años del cruento suceso, en sonada audiencia, en Bogotá, el notable penalista Jorge Eliécer Gaitán – en la que sería la última defensa de su vida, en los estrados judiciales- obtuvo la libertad para el verdugo de Galarza, (el teniente Jesús María Cortés Poveda), justo a las dos de la madrugada del mismo 9 de abril de 1948, cuando se produjo, once horas después, el magnicidio del caudillo liberal que desencadenó el dantesco «Bogotazo» que partió en dos la historia del país.

La gigantesca asonada gaitanista que transformó a la capital en un infierno dio al traste con una ofensiva editorial que contra la decisión judicial preparaba el diarismo nacional. Las más acatadas plumas coincidieron en que el veredicto –proferido como resultado de una defensa que tuvo más oratoria que argumentos, según el historiador Arturo Alape- era una afrenta a la memoria de don Eudoro. Curiosamente, la muerte de Gaitán opacó la noticia de la absolución del homicida.

Galarza Ossa nació en Caramanta, municipio del suroeste antioqueño, en 1895. Su familia se radicó en Manizales en 1911, cuando él contaba 16 años. Encontrado apto para la milicia, en un sorteo ordinario, se fue a pagar el servicio militar obligatorio. A su regreso se dedicó a hacer sus primeras armas en el periodismo caldense. Tenía una facilidad innata para la escritura. Actuó como redactor de los diarios El Eco y Renacimiento. Fue corresponsal en Caldas de El Espectador y El Tiempo. También le atraía la política. Llegó a ser concejal de la ciudad por el Conservatismo.

Don Eudoro murió violentamente, en Manizales, el 12 de octubre de 1938, a las 3 de la tarde, en su despacho de director del diario La Voz de Caldas, que –según Helí, su único hijo varón— funcionaba en la planta inferior de una vieja casona situada donde hoy se erige el edificio del Banco Agrario, en la carrera 23 entre calles 20 y 21.

En la edición de esa trágica jornada el cotidiano con nombre de emisora publicó una nota elaborada por su jefe de redacción, Gonzalo Jaramillo Jaramillo, (futuro director de La Patria y gobernador de Caldas), en la que se denunciaba el mal trato que daba a la tropa el teniente Cortés Poveda, quien había abofeteado en público al joven Roberto Restrepo, un soldado del Batallón Ayacucho. La denuncia la habían hecho los propios padres del recluta agredido porel irascible oficial.

El militar acudió a la sede del diario, lleno de indignación, y exigió que se rectificara la versión, porque la hallaba injuriosa e infamante, pero el director, sin saber que tomaba una fatal determinación, apoyó al subalterno autor del escrito, basándose en la seriedad inobjetable de sus fuentes. El teniente Cortés Poveda desenfundó su revólver de dotación y le propinó dos disparos en el cuello. Galarza quedó bañado en sangre, con su rostro metido en el teclado de su máquina de escribir, y el agresor abandonó precipitadamente la sede del cotidiano conservador. Fue llevado de urgencia a la Clínica Restrepo, (aledaña al periódico), pero resultaron inútiles los esfuerzos de los médicos por salvarle la vida, debido al carácter mortal de los impactos. El episodio causó conmoción en Manizales y el país. Se trataba del primer asesinato de un periodista en Colombia.

La apostilla: Así como se requirieron diez años para que la justicia, perversamente influenciada por el centralismo bogotano, profiriera un fallo absolutorio para el militar que segó, en estado de indefensión, la vida de un periodista ejemplar, que para el ejercicio de su profesión siempre tuvo como única arma la verdad y nada más que la verdad, fueron necesarios 67 años para que Colombia entera supiera que las torturas a los soldados indefensos han sido pan de cada día en nuestras guarniciones militares, en las que siempre ha imperado la disciplina para perros.