19 de octubre de 2021
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Evelio Giraldo Ospina

Sí, a 3 Caínes, pero sin mojigatería, sin ficción, sin silencio y sin mentiras.

20 de abril de 2013

maro aurelio uribeTodos tenemos el derecho inalienable, pleno y efectivo a conocer la verdad sobre los delitos cometidos, máxime si éstos han alterado la vida cotidiana de un país, como ocurrió con el paramilitarismo, y que siguen alterándola con su prolongación a través de las ‘bacrim’. El mejor homenaje y reconocimiento a las víctimas en el seriado de “los 3 caínes” es mostrarlos como tales, con todo el respeto en su dolor por su condición y propender por su justa reparación, develar  los hechos y sus causas originarias, sin mojigatería y sin ficción, sin tapujos y sin mentiras, ni apología para  con los victimarios, y que se conozca a los cómplices y/o patrocinadores, sacándolos de los anaqueles de la Fiscalía y la Corte, en donde duermen el sueño de la impunidad. Aquí se empezaría la sanción más efectiva y dolorosa: LA SOCIAL.

No se trata de lamentos de plañidera, ni de amenazas con que “no la vuelvo a ver, porque insulta mi talento”( http://www.semana.com//opinion/articulo/no-vuelvo-ver/337660-3), ni de mandarle carticas suplicantes al propietario del canal de televisión que transmite el seriado de los “Los tres caínes”, porque ni estas misivas las lee, ni este tema baladí le interesa en lo más mínimo, tampoco de ejercer presiones ridículas a las empresas que tienen pautas publicitarias para que las retiren, porque resulta que estos desentonados clamores lo que hacen es ratificar o confirmar  el alto rating de dicha producción, factor más que atractivo desde el punto de vista comercial.

Andrés Sánchez y Adriana Gómez, como blogueros de  El Tiempo se repartieron el tema de “los 3 caínes” para su análisis y lo cercenaron de acuerdo a su conocimiento, el primero, se encargará de la serie y de Gustavito (feo ese diminutivo), la otra, como experta en publicidad, según lo manifiesta, hablará de la iniciativa como forma de presión a través de las redes sociales para que los anunciantes dejen de pautar en el programa de marras. Los dos análisis fueron escritos con conocimiento de causa y con exquisita profundidad, pero dirigidos inequívocamente a una parte reducida de lectores que si tienen intelecto, quedando por fuera el grueso del lumpen que, sin lugar a dudas, no lo entendieron. Análisis que, como este escrito, tampoco serán leídos por el dueño del medio televisivo. (http://www.eltiempo.com/blogs/canal_b/2013/03/por-que-no-en-3-caines.php – http://www.eltiempo.com/blogs/todas_las_almas/2013/03/uno-dos-tres-mil-caines.php)

Comparto plenamente con don Andrés la percepción del maniqueísmo que se manejará en la serie, el cual, para mí, es arribista, grotesco y mentiroso, procurando justificar o atenuar los desafueros criminales del paramilitarismo y presentarlos como unos héroes y salvadores de una despiadada guerrilla, y en otros capítulos, busca justificar la rebelión guerrillera por desigualdades y discriminación, vaya semejante galimatías; también nos colma de una ficción en la ostentación de una vida libidinosa y opulenta que no correspondió a la realidad vivida, salvo en las referencias a Escobar y su combo. Al acucioso libretista le faltó más investigación de campo y haber contactado a un León Valencia, Claudia López, Ariel Avila o a María Jimena Duzán, que son viejos conocedores e investigadores de este fenómeno.

Trata con hábil sutileza de exculpar en gran parte a paramilitares y guerrilleros de la violencia, estando errado de cabo a rabo en su enfoque para la presentación de la responsabilidad, la cual descarga sobre la clase política. En el caso concreto que nos ocupa respecto del paramilitarismo, en principio los de menos responsabilidad fueron los de la clase política, se empieza con el apoyo económico de los narcotraficantes netos (Escobar, los Ochoa y Rodríguez Gacha), posteriormente, hay divorcio con estos ‘gestores’ y se empiezan a organizar las autodefensas en el Magdalena Medio, Urabá y Córdoba, recibiendo apoyo económico de ganaderos y empresarios, y terminan con la connivencia y el apoyo de inteligencia y logística de militares, policía,  organismos de seguridad y autoridades civiles y eclesiásticas en todos los niveles, y por último entra la clase política propiamente dicha, y comienza la perfecta simbiosis, dándose en forma la infiltración a todo el establecimiento estatal.

Es imposible tapar el sol con una mano, la violencia que ha vivido y vive Colombia es notoria y conocida ampliamente, siendo cierto que la buena o mala imagen del país no está supeditada a esta clase de documentales o producciones, ni a escritos de libretos de fábula, pero los dueños del oligopolio de las comunicaciones (televisión) en un gesto patrio y ético deberían hacer pública la intención de esta clase de programas: si es para la memoria histórica o es una fábula que coincide con la realidad vivida y en donde prima las jugosas utilidades, proscribiendo de plano la historia, situación que no creo que se dé en la cabeza del dueño de la Organización Ardila Lule, ni que tampoco tenga interés en tergiversarla y, mucho menos, en ocultación alguna.

La palabra censura produce urticaria, pero, sin incurrir en ella, es necesario que estos programas requieran de una regulación en su producción y presentación, por cuanto trata de una parte de la historia de un país que debe ajustarse a la estricta verdad, sin incurrir en falencias fantasiosas, máxime si este tiene la finalidad de ser comercializada en el exterior.
Esta producción cinematográfica o televisiva debería de contar con todo el apoyo del Estado para el conocimiento total del la verdad, y en la misma tónica deberían de proceder los empresarios  de la televisión y escoger muy bien a sus libretistas y directores para evitar cambios bruscos y arbitrarios de la historia, porque una cosa son los escribidores de-                  historietas de comics y otra muy distinta los escritores de historia.

El canal de televisión RCN., es privado, de propiedad de la organización Ardila Lule, es una industria que genera jugosas utilidades y, también, gran poder en el sentido amplio de la palabra, el Estado como dueño del espectro electro- magnético y adjudicador de estas frecuencias a particulares, tiene el control para su buen uso, evitando cualquier alteración en el orden público, la moral o las buenas costumbres o el ejerció de un poder dominante,  es por ello que establece ciertas limitaciones en su transmisión respecto de contenido y horarios.

El programa en comento no debe de ser objeto de censura ni de críticas infundadas que se están haciendo a nombre de los familiares de las víctimas, pero sí, tanto el Estado como sus productores, deben velar porque este ceñida estrictamente a la realidad vivida en tratándose de una historia y no de una obra de ficción, y es en este punto donde la autoridad juega un papel importante al igual que el dueño del canal de RCN, desprendiéndose de cualquier mojigatería, y no coadyuvando a la distorsión de la memoria histórica.

Manizales, abril 13 de 2013.