27 de octubre de 2021
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Se afianza la mesa en La Habana

13 de abril de 2013

Hubo durante la semana hechos claramente favorables para que termine este proceso en un Acuerdo Final, como lo son la marcha del martes donde una población significativa de Colombia encabezada por el presidente Juan Manuel Santos volvió a demostrar el hastío hacia la violencia, y el sorpresivo reforzamiento del equipo negociador insurgente.

Mientras, surgieron elementos polémicos que tensionan el ambiente como la posición del procurador Alejandro Ordóñez, quien anunció desde Washington una campaña internacional de denuncia al gobierno de Colombia si el acuerdo para el desarme implica impunidad.

El fiscal Eduardo Montealegre, el expresidente Belisario Betancur, gobernadores y alcaldes, y los partidos Conservador y de la U se sumaron a quienes apoyan la salida política, lo cual ya había hecho la jerarquía católica en sus sermones de Semana Santa.

Entre tanto, el expresidente Álvaro Uribe radicalizó su posición hasta llegar a difundir por twitter las coordenadas geográficas en las cuales fue embarcada por la Cruz Roja Internacional la delegación guerrillera que se sumó a los negociadores en La Habana. Santos calificó de irresponsable el gesto de su antiguo jefe y ahora gran opositor. Hubo revuelo, repudio, y el asunto tiende a concentrarse en los oficiales que filtraron la información mientras que el expresidente fue denunciado ante la Fiscalía.

Por otra parte, las Naciones Unidas y la Universidad Nacional iniciaron la preparación del foro sobre participación política para los días 28,29 30 de abril con el cual se inicia la negociación del segundo punto de la agenda de seis.
Con estos hechos resumidos las negociaciones inician un nuevo ciclo del que se espera se formalicen los acuerdos sobre desarrollo agrario. Hay esta expectativa aun cuando la presencia de nuevos negociadores supone alguna espera.
Las negociaciones han demostrado ya su complejidad. Al igual que en los anteriores procesos de paz, en este se observan sectores lanzándole peñascos para sabotearlo, a pesar de que es el que más cerca luce de poder concretarse en un acuerdo de armisticio.

La diferencia es que en esta ocasión los enemigos de los diálogos actúan de manera más desembozada, sin reatos de ningún tipo. Se trata de una extrema derecha que asegura querer la paz, pero cree que los beneficios a la guerrilla para la reintegración de sus miembros a la vida civil amenaza con derivar en impunidad. En ese contexto de disparidad de enfoques, se evidenciaron con mayor nitidez en esta semana las diferencias entre el Fiscal y el Procurador, pues mientras el primero no ha dudado en unirse a la búsqueda de la paz, inclusive participó en el desfile de Bogotá acompañado de sus colaboradores, el segundo insiste en que si los guerrilleros de las Farc quieren llegar al Congreso antes tienen que hacer una escala en La Picota.

No queda duda de que la marcha del martes incorporó un importante componente participativo a las negociaciones, que siguen siendo secretas, y se hizo con el pretexto de la conmemoración del magnicidio del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, que, a los 65 años de cumplirse, se le recordó asociando su memoria con la necesidad de hacer posible en Colombia, en el siglo XXI, la paz que ha sido esquiva por la persistencia de nuestro conflicto armado.
Y todo lo visto invita a una pregunta: ¿es imposible que quienes representan el establecimiento democrático, encabezados por quienes han desempeñado la Presidencia, puedan alcanzar una posición de consenso o mayoría para enfrentar en la mesa a una guerrilla que, según su manifestación de esta semana, está unida y respetará lo pactado?

El Universal/Cartagena