27 de octubre de 2021
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Renovación de San José de Manizales, ficción o realidad

19 de abril de 2013

octavio cardonaEl modelo de renovación de San José, tal como fue concebido, no puede advertirse per se como perverso, siniestro, dañino o perjudicial, pues tales calificativos no pueden caber en frente de una propuesta que buscaba brindar soluciones de vivienda a una población que en un 62% de los ocupantes no eran, ni son,  propietarios de las viviendas o casa lotes allí existentes, con lo cual su traslado implicaba que el Estado les diera acceso de manera real a una vivienda digna, la cual ocuparían no como siempre lo habían hecho en condición de arrendatarios, sino que ahora lo harían en condición de propietarios.

Tampoco puede darse un mal calificativo a un proyecto que implicaba y aún lo hace, la reubicación de un número bastante importante de familias que vivían en zonas de ladera que tradicionalmente habían sido calificadas como zonas de alto riesgo, donde además de poner muertos y heridos, impedían que sus habitantes vivieran en condiciones de dignidad, y donde los servicios públicos aparecían como una ilusión.
No podía tampoco darse una oposición seria al hecho de plantear la construcción de una avenida que diera continuidad a la hace muchos años iniciada avenida Colón, la que según diseños y trazados modernos desembotellaría de manera total el tráfico proveniente de la avenida Kevin Ángel, y de paso disminuiría carga vehicular a la avenida del centro, lo que sin lugar a dudas es asunto que hace mucho tiempo vienen reclamando la gran mayoría de los manizaleños.

Ni que decir de la proyectada construcción allí de la ciudadela de la justicia, el comando de policía Caldas, la dirección territorial de salud de Caldas, un megacolegio, un centro integrado de servicios comunitarios CISCO  y los parques didácticos y recreodeportivos que también se habían propuesto en la iniciativa.

Se propuso entonces que se desarrollara un macro proyecto que estaba proyectado y presupuestado en la suma de quinientos veinte mil millones de pesos a valor del año de 2009, buscando ser desarrollado en un plazo inicial de diez años, lo cual en principio parecía bastante razonable, y aunque hoy se hable de veinte años, creemos que ello sigue siendo entendible.

No obstante lo dicho y el reconocer que la iniciativa estaba incluida en un programa de gobierno, luego en el plan de desarrollo y finalmente en el modelo de gobierno del entonces alcalde, habrá que decir también que el inicio y el desarrollo del modelo de renovación conocido como macro proyecto, no ha sido ni de lejos lo ofertado, ni de cerca lo esperado.
Debemos reconocer que la improvisación ha sido aliada permanente de este macro proyecto, que siempre adoleció de un problema bien simple, falta de planeación y falta de adecuada comunicación, pues si bien es cierto que el proyecto fue objeto de cálculos en materia de costos y de plazos, no es menos cierto que no se diseñaron de manera adecuada los pasos a desarrollar, por lo que una propuesta en principio bastante favorable, se fue convirtiendo con el pasar de los días en una torre de babel donde la administración, la comunidad y los gremios hablaban idiomas tan diferentes que entre ellos no había ninguna posibilidad de entendimiento.

Es aquí entonces donde tenemos el deber de reconocer también que uno de los grandes problemas del proceso fue precisamente que los ciudadanos allí asentados alegaron no conocer lo que se pretendía realizar, por más que ellos fueran protagonistas de primer orden en dicha renovación, lo que de manera habitual fue conocido como la falta de socialización.
Otro gran problema que debió enfrentarse, el cual sin lugar a dudas fue y sigue siendo el mayor punto de discordia, fue la reclamación constante y permanente de los habitantes en el sentido que los predios no estaban siendo adecuadamente valorados, lo que en aras de la verdad resultó siendo cierto en muchísimos casos, tanto así que las mismas entidades que hicieron los avalúos debieron modificar con incrementos que en muchos casos superaron en más del doble el valor inicialmente ofertado.

Otra queja que también resultó del todo valida y que por tanto fue igualmente un error de los responsables del proyecto, es que en muchos casos los procesos de concertación para la compra de las casas, más que procesos de concertación se convirtieron en procesos de sometimiento, donde el más pobre se sentía humillado y atemorizado por la forma inadecuada en que le abordaban algunos de los encargados de adelantar el proceso de compra, donde muchas de las reuniones estaban prevalidas de una amenaza según la cual si no vendían simplemente los sacaban.
Otro asunto que no pasó inadvertido y que igualmente puede tenerse como una equivocación por parte de los administradores del macro proyecto, fue el hecho que algunas casas fueron intervenidas y derrumbadas por los contratistas sin que mediara proceso de concertación, compra y pago, con lo cual una persona que tenía una casa en proceso de negociación, se encontraba que al pasar a visitar su predio ya no tenía una casa sino un lote, lo que hacía que la propiedad valiera mucho menos.

Ni que decir del problema gigante que significó el que dichas casas fueran ofertadas, compradas y lamentablemente no pagadas, donde la gente debía esperar meses y meses para el pago de su vivienda, sin que mediara una respuesta seria desde la administración lo cual fue minando la confianza colectiva, pues muchas personas entregaron su vivienda y realizaron procesos de oferta por otras con las cuales esperaban sustituir la que habían vendido a la administración, sin que pudieran finiquitar esas compras, pues al revisar el negocio realizado ya no tenían casa para vivir, pero tampoco tenían plata para comprar, es decir que muchos pasaron de manera involuntaria de propietarios a arrendatarios.

Otro asunto que se empezó a visualizar de manera permanente fue que se tumbaron muchas de las casas dejando los lotes sin cerramiento alguno por lo que muchos de estos se convirtieron en guaridas de manilargos y como focos de infecciones, baños públicos, corredores de paso a casas vecinas para apropiarse de los bienes de los que aún no habían vendido y finalmente como  centros y espacios de consumo de drogas.

Aunque el panorama no es el mejor, ello no puede entonces animarnos a pedir que el tema se quede ahí, como si el paisaje de gran parte del sector fuera un paisaje lunar o de guerra medio oriental, no señores, por el contrario, lo que creemos es que el macro proyecto debe continuar, debe seguir, debe organizarse, deben corregirse los errores y terminar lo iniciado, lo cual necesita la voluntad decidida de la administración por corregir los yerros que aun persistan. De igual manera se necesita que la comunidad sea más propositiva y haga planteamientos razonables, lógicos y sensatos para que ellos, principales protagonistas de este modelo, resulten mínimamente afectados y extremadamente beneficiados.  

No acabar con lo iniciado es dejar al garete varios miles de millones allí invertidos, es tirar al cesto de la basura el presupuesto municipal, es incurrir de manera directa no solo en un marcado detrimento fiscal, sino en claras prohibiciones de tipo disciplinario e incluso penal, y por ello es que no podemos dejar que esta iniciativa se convierta en un elefante blanco. La ciudad, la administración y la comunidad necesitan que las obras se ejecuten.