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«La emoción no tiene por qué expresarse con alaridos»: Andres Salcedo

8 de abril de 2013
8 de abril de 2013

andres salcedo
Eran narraciones magistrales. Era diferente a las que estábamos acostumbrados a escuchar, lejos de la gritería, de trilladas y malogradas frases como “mucho toque toque y de aquello nada” o de “hoy no me esperen en la casa”.

Andrés Salcedo infundía respeto, hacía pausas, leía el libreto como si fuera una partitura deportiva, lanzaba apuntes enriquecedores y expresaba con literatura los pases, las gambetas y las anotaciones. Nunca “infló” la red ni “paró” el tiempo en los 45.

Impuso un estilo. Lo escuchamos desde Alemania y lo encontramos en Caracol cuando buscó un refugio tropical. Pasó por Todelar y luego se fue a su costa natal. Hoy la brisa del mar lo acompaña y lo deleita.

Apasionado por el deporte. Sintonizado en el deporte. Investigador. Pausado al hablar. Níveo en sus juzgamientos. Excelso en sus entrevistas. Recursivo en sus producciones y amante de la buena música.

–A pocas personas se les nota la pasión por el fútbol como a usted, ¿cómo nació en su corazón ese sentimiento?

–El fútbol fue un descubrimiento tardío. En mi niñez el deporte que me gustaba era el béisbol. Me enamoré del fútbol en Bogotá, cuando fui la voz comercial de Carlos Arturo Rueda en Todelar.

–¿Fue Cruyff  su ídolo en el fútbol? ¿Por qué lo admira tanto?

–Porque el fútbol de Cruiff es la simbiosis perfecta del fútbol europeo y el latino. O, dicho de otro modo, él ha sido el más latino de los futbolistas europeos.

–¿Su paso por la televisión alemana fue lo mejor en su vida profesionalmente?

Sin duda. Esa experiencia le dio otra dimensión a mi oficio, le aportó rigor y profundidad. Y me dejó grandes enseñanzas. Allí aprendí a dominar el trabajo delante y detrás de cámaras, perfeccioné mi escritura, me convertí en traductor y alcancé altos índices de popularidad en todos los países de América Latina. ¿Qué más se puede pedir?

–¿En cuántos mundiales estuvo y cuál fue el más importante para su vida?

–Como en el amor, el primero es definitivo porque te marca, aunque después vengan otros mejores. En mi caso fue el de Alemania 74. Allí compartí micrófono con Sergio Silva Acuña, el mítico narrador chileno, mi amigo y maestro. A partir de ahí fui a todos los mundiales, exceptuando el de Corea-Japón de 2002 y el último de Suráfrica en 2010. Fueron en total ocho mundiales, cuatro copas de Europa y cuatro suramericanas.

–¿Se arrepiente de haber vuelto a Colombia y de dejar a Alemania?

–Ni un solo día. Soy tan feliz aquí como lo fui en Alemania. Y si mañana me voy a Paraguay, a Bosnia o a las Islas Célebes estoy seguro de que sabré descubrir el encanto que sin duda tienen esos lugares. Y ojalá donde vaya tenga cerca un micrófono.

–¿Qué añora de la radio que usted hizo?

–Que la hice con la emoción, la espontaneidad y la pureza con que un niño descubre sus primero juguetes, sin pensar en la plata que me pagaban por hacer algo que me gustaba tanto que, de haber podido, habría pagado yo para que me dejaran hacerlo.

–¿La gente ha sido ingrata con usted?

–La ingratitud es de las cosas más humanas que existen y más en este oficio. Aunque sí he sentido la ingratitud de alguna gente, he sido premiado con el cariño y la lealtad de muchísimas más personas.

–¿Al igual que muchos de sus colegas también le baja el volumen el televisor para ver el fútbol?

–Ya no hay necesidad de eso. Últimamente han surgido buenos narradores en la televisión colombiana, especialmente los de WinSport. Eso sí, cuando puedo huir de Vinasco Che y del Cantante del Gol, lo hago con gusto. Simplemente, me refugio en un canal internacional donde estén transmitiendo el mismo partido.

–¿Cómo da el salto de Alemania a Todelar?

–Cuando regresé de Alemania presenté el Noticiero Nacional y estuve en Caracol 6 A.M-9 A.M, primero con Yamid y después con Arismendi. Pero cometí el gravísimo error de dejarme seducir por una oferta de Todelar para dirigir el noticiero y renuncié a Caracol. La vanidad me jugó una mala pasada. Todavía hoy me arrepiento de aquel mal paso.

–¿Qué le ha entristecido en la vida?

–Así como he tenido éxito en mi profesión, mi vida privada ha estado llena de despedidas. Mujeres que amé y me amaron, hijos que no pude ver crecer. Todos esos fracasos me han causado mucha tristeza. La mayoría de las veces, aunque no siempre, fue mi inestabilidad emocional la culpable.

–¿A qué se dedica ahora?

–Vivo frente al mar, en las afueras de Barranquilla y me paso la mayor parte del tiempo leyendo y escribiendo. Gracias a Dios aún tengo buena demanda, tanto de medios escritos, como de la radio y la televisión, pero, como decimos en la costa, ahora la cojo con su avena y su pitillo.

–Estuvo en cine, televisión, radio, prensa, ¿tiene página web o blog?

–No. Para eso me faltan vanidad, tiempo y destreza tecnológica.

–¿Colombia está jugando para ir a un mundial o es una ilusión?

Colombia está jugando un fútbol que enamora. Exceptuando, claro, el partido ante Venezuela. Debe ir al mundial.

–¿Qué le recomendaría a las nuevas generaciones de narradores de futbol por televisión?

–Que se alejen definitivamente del estilo radial de Vinasco Che y del Cantante del gol. Que la emoción no tiene por qué expresarse con alaridos.

–¿Qué noticia le causó impacto cuando fue lector de noticias?

Sin duda la muerte del cura Camilo Torres una tarde en que leía un boletín en la Radio Continental de Bogotá.

–¿La gente educada, decente, instruida como usted, se está acabando en los medios de comunicación?

–Esa es la gran paradoja de nuestro tiempo, Edgard. Ahora los comunicadores salen de las universidades pero nunca se había escuchado en los medios, tanta vulgaridad.

–¿Se puede saber cuántos premios ha recibido y cuáles le llenan de orgullo?

–Aunque los premios no sean indicativos de la calidad de un profesional, sí me enorgullezco del que me otorgó en 1968 el Ministerio de Transportes de España por la mejor crónica periodística y del Ondas que me dieron en 1973 por mi trabajo en los Olímpicos de Munich del 72. Nunca hubo un premio más merecido que ese. Durante mes y medio estuve cubriendo, comentando, narrando y traduciendo todo cuanto ocurría en la olimpiada. Dormía un promedio de hora y media diaria. Cuando terminaron los juegos caí en una depresión tan terrible que tuve que acudir a un psiquiatra para salir del hueco.

–¿Le escriben de Alemania?

–Dejé grandes amistades. Allá viven todavía tres ex mujeres, dos hijos y como doce compadres.

–¿Cómo le fue con la publicación  y venta del libro “El día que el fútbol murió”?

–En la Feria del Libro de Bogotá del año pasado fue el segundo libro más vendido de la editorial donde lo publiqué. Y, en general, en un país que no lee y por lo tanto no compra libros, las ventas no han estado nada mal.

–¿Cómo prepara sus entrevistas?

–Soy obsesivo con mis investigaciones sobre el personaje que voy a entrevistar. Muchas veces sorprendo a mi interlocutor mencionando momentos de su vida que ya se le habían olvidado.

–¿Cómo se cuidaba la voz, tenía algún remedio?

–Todavía hoy practico con ejercicios de solfeo como los cantantes de ópera y, por supuesto, le echo a la garganta buena miel de abejas.

–¿Cuál ha sido el gran deportista colombiano?

–Édgar Rentería. Por lo que fue dentro y fuera de los estadios. Un deportista integral y un ser humano excepcional que le mezcló al talento mucha disciplina y nunca, ni en sus momentos más gloriosos, perdió la humildad y la grandeza humana.

–¿Su mejor entrevista fue la que le hiciera a Lucho Herrera?

–Esa y la que le hice a Franz Beckenbauer al borde de una piscina, mientras los jugadores de la selección alemana nadaban. Pero hay más méritos en la de Lucho por tratarse de un personaje tan parco y limitado en palabras. Creo que el secreto estuvo en hacerlo reír y sacarle al muchacho pueblerino que lleva dentro.

–¿Por qué rebuscaba tantas palabras para sus narraciones deportivas?

–Es  que yo hablo así también en mi vida privada. Simplemente me gusta tratar bien al idioma. Y porque descubrí que eso le gusta a mucha gente que no sólo se interesa por los goles de un partido sino por el clima interior que crean las palabras del narrador.

–¿A quién le debe su expresión idiomática?

–A miles de horas de buenas lecturas.

–Algunos se casan una vez, dos veces, pero usted, logró cinco matrimonios. ¿Esa era su meta?

–Ahí te corchaste, Edgard. La actual es mi séptima esposa. Bueno, yo las llamo compañeras. Por supuesto que no era mi meta, pero, como dice el tango, que me quiten lo bailao. A propósito, esa frase, tomada de un tango argentino, es la más filosófica del idioma español. Yo necesité como cincuenta palabras para traducírsela a un amigo alemán, que, por cierto, era profesor de filosofía en la Universidad de Colonia.

–¿Cuándo aparecerá el libro de las historias de Andrés Salcedo?

–Aunque todos los seres humanos llevamos dentro un biógrafo que se muere por contar todo lo que nos ha pasado, por el momento mi meta sigue siendo escribir libros de ficción.

–¿Qué partido volvería a narrar?

–El Colombia-Alemania del mundial de Italia.

–¿Qué gol lo dejó sin respiración?

–El de Freddy Rincón en ese partido.

–La canción “Valledupar” es un himno, hermoso tema…

–La compuse en Bogotá en 1963. Acababa de venirme de Valledupar, donde pasé un año inolvidable y quería retribuir con una canción tanto cariño que recibí en esa ciudad, que entonces era un pequeño pueblo del departamento del Magdalena. La primera grabación de ese tema la hizo la orquesta de Lucho Bermúdez y luego la hizo El Súper Combo los Tropicales.

–¿Cómo hizo para conquistar a tantas mujeres?

–Eso mismo me pregunto yo, que soy feo, chiquito, gago y aburrido. Creo que mi lado infantil ha sido mi gran arma. En contra de lo que se cree, a las mujeres las seduce más un hombre con alma de niño que uno de esos machos perdonavidas con más músculos que corazón.

–¿Qué recuerda de su paso por Telecaribe?

–El cariño de los empleados. Mientras más humilde el trabajo que cumplían, más cariño me dieron.

–¿En dónde ganó más canas?

–Ahí en Telecaribe me salieron muchísimas, te lo aseguro, sobre todo por la arrogancia de los políticos. No te olvides que ese es un canal del Estado y ahí mandan los gobernadores de los siete departamentos costeños.

–¿Por qué se dejó crecer la barba?

–Porque el hombre de barba que veo en el espejo me transmite más seguridad y confianza que el otro.

–¿Cuánto tiempo se demoró aprendiendo alemán?

–Uf, todavía lo estoy aprendiendo. Ese idioma es como el piano: nunca se termina de aprender.

–¿Sigue escribiendo todos los días?

–Religiosamente. Por fortuna hoy puedes escribir literatura incluso desde tu celular, si te apetece.

–¿A quién admiró siempre?

–Toda la vida me la he pasado admirando a mucha gente. He admirado a amas de casa, escritores, periodistas, locutores, deportistas y mucha gente del común. La lista es tan larga que me llevaría horas hacerla tan completa como me gustaría.

–¿Qué voz de la canción le pareció tremenda?

–Mi gran ídolo se llama Benny Moré. No ha habido ni creo que habrá ningún cantante que se le aproxime siquiera como expresión del sentimiento musical latinoamericano.

–¿A la hora de escuchar música, qué saca de su discoteca?

–Como consumidor de música soy ecléctico. Hay momentos en que la mente, el espíritu y hasta el cuerpo me piden música clásica. Fui, como tú, un amante del rock, sobre todo del que se hizo en Inglaterra en los setenta. Me encanta el afrocubano, la salsa, el porro (que es el jazz de Colombia), el vallenato, el tango, el bolero, el flamenco, el jazz y la música de Brasil. Bueno, también depende de con qué persona esté. Si estoy contigo, sacaría todos los discos de Pink Floyd.

–¿Si hará Colombia un buen papel en el mundial?

–Esa pregunta es la más difícil de todas las que me has hecho. La experiencia me dice que no debo respondértela. Lo que nos pasó en el 90 y en el 94 es motivo suficiente para mantenernos con los pies sobre la tierra y más bien dejarnos sorprender.

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