27 de octubre de 2021
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No lo autorizo

14 de abril de 2013
14 de abril de 2013

Voté para que nos sacara del atolladero en que andamos hace dos veces cien años, pero según como van las cosas, al parecer, vamos a terminar pior.

Quiero significar que le endosé al presidente Santos responsabilidades de Estado y no para que me interprete, por ejemplo, en materia religiosa o confesional.

Por eso estoy disgustado  porque ahora le dio por viajar a Roma a ponerse de hinojos junto con Tutina y los niños ante el papa Francisco dizque en mi nombre.

Él puede ir donde le venga en gana pero no decir como lo afirmó que:” Es muy importante que nos reciba su santidad, a quien le llevaré un saludo muy especial, no personal sino a nombre de los 47 millones de colombianos”

No doctor Santos, no le confiero poder especial para que salude en mi nombre al papa porque como lo tengo entendido y hasta el momento no ha habido orden en contrario soy colombiano, pero quiero advertirle que no me gusta mandar saludes a desconocidos porque además es una faltad de urbanidad, según el ilustre doctor Carreño.

Qué le podrá importar a su santidad mi saludo si anda ahora muy ocupado buscando a los responsables  de la pederastia en su iglesia y en especial rastreando  la mano negra del Banco Vaticano, esa molicie que se inventaron  para lavar plata delictuosa y cometer crímenes de toda laya. Recuerde que hace poco alguien le advirtió el declinante Benedicto que lo iban a “quebrar”, pero entiéndase  esta palabreja no como quitarle el dinero sino otra cosa que aquí sabemos interpretar muy bien.

El pobre Benedicto no aguantó pero sobre todo se escapó de aparecer colgado debajo de un puente en Londres como aquel alcabalero del Banco Ambrosiano que tan bien retrató David Yallup en su libro  En Nombre de Dios. Te salvaste Ratzinger. En esto ayudó el diabólico Cardenal Castrillón, a salvarlo, por supuesto, que no se crea lo contrario y menos por aquí donde tanto conocemos al tenebroso purpurado sanador de la Posada Alemana y recipiendario de los óbolos del benemérito Carlos Ledher.

El doctor Santos quien  hace parte de la cofradía católico-imperial  bogotana, dueña de especial cuidado en  mantener unas relaciones muy estrechas con todo lo divino y estratosférico, no tiene mi mandato para depositar en las sagradas manos de don  Jorge Bergoglio mi saludo. Qué le podrá importar al hombre más ‘poderoso de la tierra’ que yo imbécil y cretino periodista paria le mande a decir que lo saluda.

El doctor presidente, miembro de número del santoral de la parroquia, asistirá como lo afirma la agenda palaciega a la canonización de la madre Laura y de paso llegará de rodillas ante el poderoso imán de la religiosidad católica universal, cosa que debe halagar al sacratísimo beato Jhon Jaramillo, quien aunque fue expulsado de la iglesia católica en Armenia hace uso de su destierro para recitar jaculatorias en nombre de la Virgen de la Soledad, a la cual cuidó durante 40 años y cual pago a su rendición incondicional el dieron una patada, donde sabemos, en sus generosas almohadas traseras.

Que la Colombia de santos y beatos y curas y monjas tenga otra santa es un hecho de relevancia para la muy amortajada grey católico-romana pero no para  todos los 47 millones de colombianos, como lo afirma el otro Santos, el terrenal. Aquí  hay de todo como en botica, musulmanes, ateos, judíos, gnósticos, bandoleros farianos, carranzeros, bacrineros, en fin una pléyade de impíos que seguramente no estarán de acuerdo con la vocería del jefe de estado en materias culto-religiosas y menos ante la arrogante soberbia vaticana.

En mi caso le pido a Santos que me represente en defensa de los pobres, que solucione el problema de los viejos, los desterrados, que no maten más mujeres ni niños, que acabe de una vez por todas con el latrocinio en  la salud, que se apiade de las minorías, que pare la guerra, aunque le entiendo, tenga  necesidades irrefrenables de conceder al altísimo sus ofrendas por medio de su representante legal en la tierra, pero que lo haga en nombre propio y que a mi que no me meta en sus vainas.

A sabiendas de que  el presidente ya está en el santoral seguramente no le sobrará uno que otro arrepentimiento y de paso en lugar de mi saludo al pontífice si le pido que le diga a pachito  que le de vida eterna a su intimo amigo Víctor Carranza, ese criminal que la semana pasada quedó en manos de dios,  y que seguramente está en el cielo por las dispensas que los obispos colombianos le dieron antes de morir en gratitud a los favoreces recibidos. Bendita sea la santa madre iglesia.